Capítulo 14 - El apellido de Isaac

2022 Words
Ella negaba ante mi pregunta y con la mejilla sonrojada seguía reacia en aceptar mas ayuda. —Insisto, van a pagarme mucho por solo ser su asistente. —Exacto, ahora tenemos siete empresas, imagínate las que me llegarán en tres días. Además, no tenías a dónde ir, yo necesitaba sentirme útil para salir de la depresión que ya te conté. Diana era una mujer muy linda, de cabello castaño, se lo había cortado hasta los hombros y fue un cambio que notó Miguel, por más que él diga que ella no le interesa de esa manera, sus actitudes lo delatan, tiene los ojos cafés, era más baja que yo, de buen cuerpo. —De todas maneras, es mucho mi sueldo. —Deja de insistir. —Señora, otro tema es que desde mañana comienzo a buscar un apartamento que quede cerca de su casa, para que no tenga que desplazarme desde tan lejos. —¿Por qué quieres irte? Piensa en el niño, exponerlo a cambios de clima, incomodarlo de un lugar a otro, no me parece conveniente, piénsalo. Fuimos interrumpidas por Simón y Miguel miraba a Diana esperando una respuesta a mi comentario, su mirada daba a entender lo molesto que estaba por lo dicho de Diana al querer alejarse. —Ya es tiempo suficiente, no quiero seguir molestando. Ella siempre le baja la mirada a Cebolla, él la intimida, aunque creo que hay algo más. —Diana. —habló Simón porque Miguel quería asesinar a mi asistente—. Tenemos varios motivos para pedirte que te quedes, tomo la vocería por todos y la principal es por esa manera tan fácil con la que te integraste a nuestra familia, ninguno comparte sangre, solo afecto y decisión de sernos leales. —miré a Diana y ella lloraba en silencio. —Nunca… La verdad es… Se levantó y corrió a abrazar a Simón y aunque el rostro de Miguel era inexpresivo, sus puños apretados dentro de los bolsillos de su pantalón lo delataron, ¿acaso son celos? » Nunca había tenido una familia. —Ahora puedo decirte los motivos menores para que comprendas que eres importante, adoramos a tu hijo, le haces bien a la señora Verónica, le regalaste un nuevo nieto a Inés, entre otras cosas. ¿Para qué irte si aquí no estorbas? —No quiero ser una carga. —¿Quién dijo que lo eras? —intervino de manera grosera Cebolla—. Todos vivimos y trabajamos aquí. —Se quedaron mirando. —Bien, ya todo está aclarado, ¿ustedes venían a? —pregunté. —El domingo es el bautizo del niño y no se ha registrado. —comentó Simón. —Por eso estamos aquí, para llevarlo a registrar. —habló Miguel. —Ya me arreglo, no creo que sea problema, lo registraré como madre soltera, llevará mis apellidos. —comentó inocente Diana. —¡De ninguna manera! Simón se detuvo al escuchar a Cebolla, había llegado hasta el escritorio, le hice señas de que significaba, y él me respondió con un movimiento de labios «que esperara». —A qué te refieres con «¿de ninguna manera?» Mi asistente encaró al hombre que mantenía las manos en los bolsillos, ella al lado de él se ve pequeña. —Vine a decirte que voy a llevar a Isaac a registrarlo como mi hijo. Abrí mi boca y la volví a cerrar, Simón se mantuvo en silencio mirando la escena frente a nosotros, mientras la madre del niño en discusión estaba roja, trataba de hablar y no podía. —¡No es tu hijo! —dijo al final. —Piensa en él, es mejor que tenga el apellido diferente a los tuyos. —¿Sabes lo que eso significa? —El hombre se encogió de hombros y la mujer emitió un gruñido de frustración—. Legalmente, tendrás la obligación con él y aunque sé que eso no lo voy a permitir, el día que tú te cases y tengas tus hijos, tu esposa te pondrá problemas porque tienes un hijo registrado y que no es tuyo. —Diana, me vale lo que vaya a pasar en un futuro, sé lo que conlleva el dar mi apellido y créeme que tengo la intención, el dinero y la disposición de velar por ese niño, no lo hago porque tú me agrades, no eres mi tipo, eres una niña después de todo, no creas que te estoy comprando, obligando o no sé qué esté pasado por tu prodigiosa cabeza. Vine a llevarme al niño para la registraduría. —Acabas de cagarla grandísima gonorrea. —susurró Simón. —¡Eres un imbécil! Salió corriendo del despacho. Cebolla nos miró o bueno, se dirigió a mí. —Si querías ganar puntos con ella, acabas de cagartela. —dijo Simón. —Tú cállate, ya me voy con Inés. Nos dejó solos en el despacho. Señalé en dirección al lugar donde había ocurrido ese enfrentamiento. —¿Crees que ahí hay algo? —No tengo idea señora, Cebolla venía feliz y contento a pedirle a Diana que le dejara dar su apellido, no me imaginé que fuera a exigirlo. —Voy a hablar con mi asistente. —Será difícil ser celestino con ellos. —Simón, donde Dios dispuso que habrá amor, lo habrá a si se tenga una tempestad en medio. —Mi amigo no es una tempestad señora, esa cabeza hueca es un huracán. —sonreí. —Al menos Miguel ya se está inmiscuyendo en esas aguas turbulentas, ¿cuándo llegará tu huracán? El brillo en los ojos de Simón me llamó la atención. Y él al notarlo cambió de expresión. —Yo no… —sonrió—. Yo ando muy animado buscando a una pelinegra escurridiza. —¿De qué hablas? —Pronto lo sabrá mi señora. Por ahora trate de saber que piensa Diana de todo esto. —¿La reunión de la noche sigue en pie? —Lo vi afirmar. —Debemos estar preparados para la lectura del testamento. Efectivamente, Miguel se había llevado a Isaac en compañía de Inés para la registraduría, no sé cómo tomar ese gesto, admirable por adquirir esa responsabilidad, le dejó en claro a Diana, no de la mejor manera lo dispuesto que está por asumir todas las consecuencias legales que conlleve el tener un hijo registrado. Por otro lado, me parece atrevido el pasar por la decisión de la madre y peor aún restregarle en la cara que no era una mujer de su agrado, eso lo hizo ver como si le tuviera lástima, aunque las manos empuñadas en su pantalón me dicen que la reacción de mi querido amigo fue por los celos. Toqué en la puerta del cuarto de Diana, ingresé cuando me dio el permiso para hacerlo. Miraba por la ventana, tenía los ojos rojos. —No sé cómo hacer la pregunta para no quedar como una tonta. Espero me entiendas. —No se preocupe, a estas alturas de mi vida he tenido toda clase de situaciones. No me enoja que él quiera darle su apellido a mi hijo, he visto que es un buen hombre y se le nota su adoración desde el día que nació. ¡Pero es un bruto! —Me senté al borde de la cama, veo que ahí hay sentimiento. » Sé que soy una mujer sucia, mi cuerpo tiene tantas manos encima y me da ira que mis sueños se hayan truncado porque hace más de un año me secuestraron y me obligaron a hacer abominaciones. » Créame señora Verónica, yo soñaba con llegar virgen a mi matrimonio, que solo fuera de un hombre, tal vez mis sueños eran estúpidos en este tiempo, siempre me imagine como una princesa cuál cuento infantil, que llegara un príncipe azul a salvarme, ¡pero no!, lo que me llegó fue una Bestia. —También me gusta mucho la Bella y la Bestia. —comenté riendo y eso la relajó un poco. Suspiró de manera triste. —Sí, pero… Bella era pura, como lo fui yo, pero ahora… Lo único que tenía para ofrecerle al hombre que hiciera que mi estómago se llenara de orangutanes, la vida me lo arrebató una vez más. Ahora no tengo nada para ofrecerle, ni siquiera sumando tres veces los dedos de mis manos y los pies alcanzarían para decir cuántos hombres entraron en mi cuerpo. » Y sé que mi hijo no tiene la culpa y lo amo, no cometeré con él los errores que mi madre cometió conmigo, Isaac no sufrirá lo que yo sufrí, aunque sea el resultado de esos meses que quiero olvidar. » He tenido pesadillas, pero desde que estoy en esta casa, me tranquilizo rápido porque al amanecer puedo verlo y abrazarlo, siento que nada malo podrá pasarme. Le parecerá estúpido, hasta hace unos minutos habría jurado que yo le interesaba a Miguel, veo que solo es lástima y no lo culpo. —No deberías de referirte de esa manera sobre ti. —Inés me contó su historia antes de que usted me contara una parte. Usted llegó virgen a su marido. Piense como se sentiría si le hubiera pasado lo que me pasó a mí. Tenía menos de diecisiete años cuando me secuestraron. —Diana… —Me levanté y llegué hasta la ventana—. Eres una mujer bellísima a la que le pasaron situaciones desafortunadas. El día que decidas entregarle tu cuerpo a un hombre ese día será tu primera vez, porque tú lo decidiste, ya que será concertado, no obligado. ¿Te gusta Miguel García? —¿Ese será el apellido de mi hijo? —afirmé—. Me intimida… supongo, si debe agradarme algo, sentí feo al escuchar su comentario, el que dijera que yo no le gusto, que soy una niña. —¿Sientes las mariposas en el estómago? —Creo que le dije que eran orangutanes —sonreí y la abracé. —Dale tiempo al tiempo, créeme, tú eres la medicina para Miguel, pero él debe pelear contra sus demonios. —No se preocupe. Aunque usted me diga lo contrario, yo no soy digna de él, estoy demasiado sucia para ofrecer algo. —Sabes a lo que se dedica él, ¿verdad? —Escucho conversaciones. —Bueno, varios de los integrantes de esta familia tenemos pecados. Le mostré mis muñecas, debo pensar en algo para ocultar las feas cicatrices que me quedaron, más marcas a mi cuerpo, no estamos limpios. » Pero la pureza no está en el cuerpo Diana, esa pureza la encuentras en tu interior y déjame decirte que eres la mujer más noble que he conocido. Con ese gesto de amar a tu hijo sobre todas las cosas, aun sabiendo cómo fue concebido, no todas las mujeres hubiesen actuado como lo hiciste, la mayoría lo habría dado en adopción. » Pero tú lo llenas de mimos, besos, abrazos, caricias, te desvives por ese pequeño príncipe. Tienes más pureza que cualquier otra persona. No te desanimes, si quieres un consejo, ignora lo que te dijo Miguel, él actuó por celos. —¿Celos? —afirmé. —Dejo de llamarme Verónica Vásquez y su reacción fue porque no le gustó verte abrazar a Simón. —suspiré—. Y tenle un poco de paciencia, ambos deben darse tiempo a que sus heridas sanen, cada uno está magullado. Deja a Dios obrar su milagro. —Con ustedes es que volví a la iglesia, se sintió bien, el padre Gabriel es increíble. —Sí, es un digno emisario de la palabra de Dios. Y recuerda ese refrán, «lo que es para perro no se lo come el gato». —llegó Cebolla. —Al parecer ya mi hijo tiene un padre. —Será un buen padre, no se lo impusieron, él lo eligió. —Gracias por sus palabras, hoy confirmó lo dicho por los empleados, usted es un ángel. —Tonterías y un consejo más. Tanto a Roland, Simón y Miguel son hombres que no le gustan las mujeres fáciles. No está de más que te hagas la indiferente. —Trataré, aunque soy de pensamiento más simple, pero el que me haya llamado niña le saldrá carro.
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