Capítulo 12 - Una verdad

1854 Words
Estar en los brazos de mi amigo me reconfortaba. Como quería a este flaco. —Ahora eres tú el ingrato. —No dejó de abrazarme. —Júrame Vero que en tu vida vuelves a hacer esa estupidez de intentar matarte. —Lo juro. —Me bajé de su costado, había quedado colgada cuál coala. Miré a mis escoltas —. ¿Nos quedamos aquí o vamos a algún lugar? —Te invito a devorarnos una caja de helados. —afirmé—. Rata me llamó y me dijo que debes estar con dos guardaespaldas pegados como chicle y estoy de acuerdo con él, no voy a soltarte la mano, que todo el mundo crea, que eres mi novia, y te las canto, si tienes ganas de ir al baño me meto contigo. —Le torcí los ojos. » Tú te lo ganaste y mira. —Me mostró unas esposas—. Desde ahora hasta que me sienta otra vez confiado te amarraré a mí cada vez que vas al baño. Vamos a ir a un centro comercial, quien quita que se te dé por tirarte. Hizo el comentario cuando ingresábamos al auto. Churrusco se fue en una de las motos y Gustavo se fue de copiloto. —Ni te atrevas Raúl a ponerme eso, sé que eres muy capaz, pero por tu vida ni se te ocurra. —Es bueno tenerte amenazada. Le saqué la lengua y mi gesto les sacó unas carcajadas a los hombres que me acompañaban. —¿A dónde señora? —miré a Cereza. —Cualquier centro comercial, nos vamos a embutir de helado. —respondió Raúl. Nos sentamos a comer el helado más grande que pudimos pedir, mis acompañantes se sentaron a nuestro alrededor en dos mesas, nos dejaron algo de privacidad. Era mucho lo que debíamos hablar. —Ahora si ingrato, tú te peleaste con tu novio, no conmigo. —hizo un gesto con la cara. —Vero, no sé ni porque me enojo cuando él siempre fue claro conmigo, es cierto que hice una pataleta inmadura, pero yo si me enamoré de él, yo quería enamorarlo, por eso fingí que éramos felices, analiza si alguna vez lo viste zalamero conmigo, solo era atento. Creo haberte dicho una vez que por sus ocupaciones no nos veíamos y era la verdad. —¿Puedo saber lo que pasó? —Lo que derramó su paciencia fue un comentario mío, él siempre me dijo que era bisexual, aunque es un tanto raro. —Me miró fijamente—. ¿No te escandalizas si subo el tono de la conversación? Me puse roja, acepto su condición y lo adoro, pero nunca hemos hablado de manera explícita, el problema es que quiero ayudar a Miguel y para hacerlo debo conocer un poco un lado de la versión de Raúl. —Omite el apodo y el nombre, él ha sido muy reservado en eso y quiero que la gente que lo rodee lo respete. —Ese fue el problema. Yo quería decirle a todo el mundo algo que no éramos y él siempre me decía que olvidara lo ocurrido, que lo dejara tranquilo, no hice caso, por eso se enojó muy feo. Con decirte que le confesó a su jefe su «condición» —hizo comillas—. Porque sabía que tú ya lo sabías y no quería perder la confianza ganada, por eso se adelantó. Pero fui yo quien lo orilló a decirlo, lo forcé a decir algo que él no es. —Eso es respetable Flaco, pero sigo sin entender. Introduje una enorme cucharada de helado, los guardaespaldas tomaban capuchino. —Nunca habló de sus demonios, solo en dos ocasiones comentó que los tenía. Jamás permitió que yo lo penetrara, tocara, o se lo mamara. Por más que tenía la boca fría por el helado, sentí cómo cambiaba de color y un calor se apoderó de mi rostro hasta el cuello, de solo imaginarme esa situación hasta el pulso se me aceleró de la vergüenza. Mi celular sonó al instante y era Simón. —Hola. —¿Se encuentra bien? —entró otra llamada y al mirar era Cebolla—. Solo hablo con Raúl y por varias cosas el pulso se alteró, Miguel está llamando, nos vemos en la noche Simón. La otra llamada cesó, vi que Gustavo hablaba y me miraba, me encogí de hombros, al segundo de colgar sonó el celular otra vez. —Estoy bien, no llamen cada vez que el pulso se me altere. —Entiéndanos. Suspiré, quisiera gritarles, pero si me pongo en sus zapatos, yo estuviera igual, intenté matarme dos veces. —Eso hago, ahora seguiré en mi charla. —Raúl sonreía, tocó mis anillos y yo afirmé, colgué la llamada—. Continúa, por más que me ponga como un arcoíris, desahógate. —Nunca me besó ni dejó que lo tocara, tampoco permitió que yo lo tocara. —hizo un gesto y el color rojo volvió a mi rostro—. Sabes a lo que me refiero, solo era penetración por parte de él y con demasiada fuerza, con mucha rabia, me hizo daño, luego se encerró un buen rato en el baño y luego se fue, después de eso quedé muy mal físicamente. » Sé que mientras intentó tener algo conmigo también tenía a sus mujeres y frecuenta a varias. Un par de veces lo vi besándose con ellas e ingresando a las casas de dichas viejas. —arrugué mi frente—. Lo seguí. —Yo imaginaba que tenían una buena relación. —negó varias veces—. Lo siento Flaco. —No lo sientas, es cierto que no lo quiero ver, pero no es porque termináramos lo que nunca fuimos, si no por lo fuerte que fueron sus palabras, a él le da rabia que la gente se enamore de él. Creo que tiene un problema con recibir afecto, a excepción de Roland y Rata, para él ellos son sus hermanos, Inés su madre, también les tiene cariño a más compañeros de ellos y a ti te admira como si fueras una santa amiga. —No digas tonterías. —No lo son, tú das luz corazón, eres esa parte buena de las personas que te rodean, hasta un ángel se le apareció a Roland por ti, eres especial. El que ellos se acercaran a la iglesia ha generado una insatisfacción mayor en él y lo ha puesto a pensar, si te soy sincero, mucho antes de la boda de ustedes no habíamos tenido intimidad, aunque yo nunca la he tenido, solo fui el receptor de su pene en mi culo unas dos veces, la tercera vez no se le paró, más bien le dio asco. —El pulso volvió a acelerarse. » Ahora que lo pienso, ni siguiera esa vez que nos emborrachamos con Roland, permitió que lo tocara, a él no le gustan los hombres, debe tener algún trauma que florece y desgarra culos mija, porque el mío me lo dejó floreado de la peor manera, no pude sentarme en días y para cagar fue traumático. —No seas tan explícito. Por favor. Mi amigo soltó una carcajada, al ver mi cara, recibió una llamada y era un tal Camilo. —Amiga, esta semana me salió un gran trabajo, entraré a un periodo de prueba por un par de meses y si lo paso, estaré viajado por el mundo. —Me alegro por ti. —Ahora, soy todo oídos, dime ¿qué se te pasó por esa cabeza y como sobrellevas la ausencia? Por más que traté de ser fuerte fue imposible, mi ánimo cayó, las lágrimas, volvieron a salir y al mirar a Raúl, esa mirada incondicional, esa que una vez más confirma que fui una estúpida por atentar contra mi vida olvidándome de esas personas para quien les soy importante. Lo más duro será perdonarme a mí misma, tengo a tantas personas que me adoran y yo solo pensaba en mi dolor. Las horas pasaron y él solo me escuchaba, limpiaba las lágrimas, el pulso subió en varias ocasiones. Cuando ya terminamos de hablar me sentí tan bien. Creo que es parte de mi auto terapia, aceptar el que ya no me abrace, ni me bese porque no está a mi lado. Nos dirigíamos de regreso al parqueadero cuando vi que venía Simón y Miguel al verlos corrí como una niña y me lancé para abrazarlos a los dos al mismo tiempo, quedando suspendida en medo de ellos, cuál niña de cinco años. —Ustedes fueron parte del amor de mi vida, los quiero, gracias por mantenerse a mi lado. Le di un beso a cada uno en la mejilla, fui consciente de que Cebolla tragó saliva de manera fuerte y Simón cambiaba un poco de color. —Todo ha estado tranquilo jefe. Habló Arnold, creo que Cebolla los hizo sentir que no hicieron bien su trabajo. —Lo sé, es solo que el pulso era intermitente y decidí venir, en el parqueadero me encontré a Cebolla. Simón le dio la mano a Raúl y luego lo hizo Miguel. Este par de hombres se han convertido en una especie de pilar para mí, no siento atracción por ellos, no era eso, era como si el dolor que pasamos creo una lealtad entre nosotros, puedo vivir lejos de mi padre y mi hermano, pero de este par de caballeros no podría, no por ahora, era lo único que me acerca de manera tangible a lo que fue mi marido, a su recuerdo. —Bueno, me despido de ustedes. —dijo Raúl—. Me regreso solo, además mañana comienzo a trabajar. —¿Cuándo me visitas? —Ahora solo puedo los fines de semana. —afirmé—. Espero que pronto nos podamos pegar una bailadita —sonreí. —No por ahora. —Vero, el n***o solo déjalo cariño para un vestido sexi y la rumba. —Lo acribillé con la mirada—. El luto va en el alma. —Pues mi alma está negra. Besó mi frente varias veces. Era la única mujer entre tantos hombres gigantes, el único bajito era Cereza, luego mi amigo, el resto son hombres altos y dos gigantes. —Sabes que te seguiré llamando, todos los días, tres veces al día. —¡Qué karma! —suspiré—. Mañana también comienzo a trabajar desde la casa, me pondré al frente de las empresas que dejó mi marido. Afirmó, un último beso en la frente y se alejó. Vi cómo se marchaba, miré a los dos caballeros que tenía a cada lado. Cebolla le entregó las llaves de su carro a Arnold, era evidente que se iría con nosotros en el auto de Simón. —Antes de irnos, quiero comprarle unas cosas a Isaac, el próximo domingo es su bautizo. —miré a Miguel—. Somos los padrinos —y esa chispa de alegría en los ojos no solo la percibí yo, al mirar a Simón él también la vio. Mis escoltas se fueron y nos quedamos los tres, con ellos no es necesario un escuadrón, ellos dos son la caballería completa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD