Capítulo 16 - Testamento

1942 Words
No podía evitar un poco de nervios, siento que hay algo pendiente y se me pasa, la mujer al lado del abogado era misteriosa. Él inició a hablar. Yo Roland Sandoval Manjarrez identificado como dice al pie de mi firma, con domicilio en la ciudad de Bogotá y bajo pleno uso de mis facultades mentales y con mi puño y legra declaro que todos mis bienes a los que el abogado acreditado les hará entrega la lista de empresas, inversiones, terrenos y cuentas bancarias que seguirán funcionando de la misma manera con la variación que el cincuenta por ciento de todo será para mi esposa Verónica Vásquez Benítez, el veinte por ciento serán para cada uno de mis amigos Simón Moreno Arteaga y Miguel García Uribe, y el Diez por ciento para Inés Gutiérrez Lara. Deseo que permanezcan juntos. También se les dará a conocer las propiedades que cada uno tiene de manera individual. —¿Eso es un testamento? La señora fue la que habló, me he dado cuenta de que la asistente la mira con más detenimiento, y tiene una manía con sus gafas. » Parece más bien un mandato. ¿En esas empresas están las fundaciones? —No señora, esas estaban a nombre suyo, junto con la mayoría de las propiedades del señor Roland, unos días antes de fallecer él me llamó y distribuyó de algunas propiedades y se las dejó a sus amigos, obviamente usted es la que más tiene. —A mí me tiene sin cuidado las propiedades y… ¡Dios!, es que aun estando muerto, sigue haciendo de las suyas. La señora se cruzó de brazos con los ojos húmedos, mientras que yo pensada, qué coincidencia… justo unos días de su muerte distribuye sus propiedades. —Nada de lo que esté directamente a nombre de cada uno de ustedes entrará en distribución. Esas ya le pertenece a cada uno, lo único que se repartirá en esas proporciones son las ganancias dado que las empresas seguirán como hasta el momento. Seguía callado, ¿Roland me estaba dando el veinte por ciento de ese mundo de plata que maneja todo su emporio? » ¿Están de acuerdo? Si no hay objeción, deben proceder a firmar. —Yo no sé nada de eso. —dijo Inés—. De todas maneras, no es mucho lo que gasto, vivo con ellos y moriré al lado de ellos. —sonreímos al escuchar sus palabras carentes de avaricia. —Eso es cierto. —dijo Cebolla—. Eres la abuela de mi hijo. —¿Hijo? —interrumpió la asistente y al percatarse que habló en voz alta se sonrojó—. Disculpen, es solo que es usted muy atractivo, pensé que no tenía compromisos. Si no fuera por el rostro colorado que tenía la joven podría jurar que era muy lanzada la vieja, Cebolla me miró y con un gesto sutil enarcó una ceja. —Eso es mucho dinero, yo no puedo aceptarlo y de ser así, deberían cambiar los porcentajes, por jerarquía Simón es más antiguo. —No digas barrabasadas. —dije. —Perdón. —comentó el abogado—. Cuando me reuní con don Roland para hacer los cambios a su testamento hice la misma objeción y la respuesta es que su decisión no se puede modificar. —todo esto era extraño. —Quiero hacerle una pregunta doctor, ¿En qué momento se reunió con él? —tenía que salir de la duda. —En Coveñas, antes de su boda. —miré a la señora. —Yo nunca estuve en esas reuniones, pero él si salió en diferentes ocasiones. —Doctor, usted dice que tenemos propiedades, solo tengo una cabaña que me gané por una apuesta y una casa. —Según la lista que tenemos en nuestro poder, usted tiene treinta propiedades y predios. El señor Miguel posee veinte y la señora Inés tiene diez casas, veinte propiedades serán entregadas a Gustavo Vargas Cerón, Arnold Delgado Gómez, Aníbal Grueso Pineda y Daniel Bermúdez Gil, las cuales serán distribuidas por la nueva sociedad. Todas están arrendadas y dicho arriendo a partir del mes entrante pasará a ser consignado a la cuenta de cada uno. —dijo el abogado mirando a una Inés con los ojos desorbitados. —No quiero imaginar el número de propiedades que el exagerado de mi marido me dejó. —Suficiente para que su vida sea placentera, no solo tiene propiedades en el país, también en cada uno de los países donde la constructora ha participado. Incluyendo un lujoso condómino en Dubái. Si a Inés se le salieron los ojos a la señora Verónica, por poco se le desprende la mandíbula y las lágrimas comenzaron a salir. —Nada de eso importa, él no estará conmigo para disfrutarlo, la palabra placentera sobra. —Lo estipuló de esa manera porque ustedes no trabajarán más en las otras áreas, deseaba que vivieran sin tener que hacer los trabajos que demandaba el trabajar para él de manera exclusiva. —Nos miró a través de sus gafas—. No entendí, me imagino que ustedes sí. Las empresas funcionan y los señores Simón o Miguel están al tanto del funcionamiento, supongo que ustedes se pondrán al frente de todo. —¿Me voy a ganar un mundo de dinero sin hacer nada? —Vi la mirada de la señora Verónica. —¿Está inconforme por lo estipulado por su esposo? —Le preguntó la asistente. —Yo no diría inconforme. —respondió—. Es solo que… Perdón si les parezco loca, pero siento todo esto cómo una farsa y no es por el tema del dinero, ni siquiera me imagino la absurda cantidad que representa el cincuenta y esas propiedades, es solo que… no me hagan caso. —Se tapó el rostro con las manos para tratar de mitigar el llanto, Inés la abrazó. —Diga lo que desee decir. —insistió la asistente y la miré ¿qué era lo que desea escuchar ella? —Siento que mi esposo no ha muerto, lo que acaban de leer es una nueva sociedad en la que él sigue a la cabeza, pero representado por mí. ¡Él sabía cuánto odio que me den dinero! —A nosotros nos dio la sensación de que quería compensar y agradecer. Pero eso no se podrá aclarar dado que está muerto. Por favor, firmen. —dijo el abogado. Cada uno se levantó y pasó a firmar él sin número de papeles, fui el último en hacerlo y al entregar los documentos a la asistente el olor a vainilla me recordó a la pelinegra del aeropuerto. Al repararla ella lo notó, era muy diferente a la chica que vi, pero también sé que era buena con los disfraces. —Disculpe, señor Simón, pero su manera de mirar me incomoda, ¿puedo solicitarle que no lo haga? —No quise incomodarla. Discúlpeme. Aunque se acaba de contradecir, hace unos minutos dejo en evidencia que Miguel le llamó la atención. —volvió a sonrojarse. —Lo disculpo y ¿hay algún problema con mi interés por Miguel? —negué. La joven continuó con su trabajo y guardó los documentos. Se fueron, nos quedamos en silencio por unos largos minutos. Caminé por el despacho, acordamos otra reunión para firmar los traspasos de propiedades y para que los muchachos reciban las suyas, ¡¿en qué momento hizo toda esta mierda?! Supo engañarme la gran gonorrea. —¿Es mucha plata eso de los arriendos y del diez por ciento? Por el rostro de ustedes me da la impresión de que sí. —Vieja. —hablé—. Un ejemplo, si las ganancias del mes dan cien millones a ti te corresponde diez millones. —Los ojos de Inés se abrieron. —Pero con la diferencia que las ganancias que recibía el patrón son más de diez veces los cien millones, como dijo Rata. Es mucha plata vieja. Sin mencionar los arriendos de las casas que él construía. —¿Yo que voy a hacer con ese dinero si no gasto nada?, ustedes pagan todo y mi sueldo es bastante generoso. —Bueno, ahora puedes ayudar más a tus hermanas en el Chocó. —dijo la señora, se agarró la cabeza—. No me imagino la absurda cantidad de dinero. —Nos miró—. Espero que el día haya sido productivo para ustedes. —Me siento desubicado. —reconocí—. Ayer era un sicario porque para eso me pagaban. —Me puse en la ventana, miraba al jardín interno de la casa—. Ahora, dejé de estar en mafia, soy accionista del veinte por ciento del emporio de Roland, tengo propiedades de las que no tenía conocimiento, no sé cómo sentirme. —Estoy peor que tu Rata. —Se rascó la cabeza Cebolla—. En mi caso súmale que desde hace dos días tengo un hijo. —Roland les ha dado un nuevo camino a seguir. —La voz de la señora era opaca. —Seguimos con el mismo misterio, no es tan fácil, señora. En nueve días veremos cómo se desata el infierno en Colombia para los que no acaten la orden del testamento. Tendremos que salir del país por un tiempo. —No me iré de Colombia a menos que sea estrictamente necesario. Mi hermano se casa, mi cuñada va a tener un hijo, Diana comenzará a estudiar, tengo unas fundaciones en las que trabajo a gusto, no es mi profesión, pero ayudar siempre me ha llenado de felicidad. Además, ahora tengo como protegida a Diana, su vida ha sido demasiado complicada y me nace darle cariño y ofrecerle una familia, no la desampararé. —Ella a donde vayamos irá con nosotros. —intervino Cebolla—. No decidí hacerme padre para no vivir cerca de mi hijo. —La señora le sonrió con agradecimiento ante esas palabras. —De todas formas. —dije—. Sigue faltando algo, es mi instinto, algo pasamos por alto. —Solo falta que mi marido esté entre nosotros. —comentó la señora con los ojos a punto de soltar las lágrimas de nuevo—. Fue suficiente para mí por el día de hoy. Dicho esto salió del despacho, Inés también lo hizo para supervisar la cena. Suspiré. —¿Y ahora qué hacemos? —Llegar hasta lo último, saber en dónde falló el plan de Roland y quien lo está ayudando. ¿Cuándo viajo a Blanco, Texas? —El miércoles, mañana es el bautizo de Isaac y tenemos el asado en la finca, no demoran en llegar la familia de la señora, don Fausto me llamó para informar que habían salido, en un par de horas los tendremos en la casa. —Cebolla, por más que Roland dejó un ultimátum seguimos en la mira, ellos van a esperar hasta el día nueve y determinando las decisiones van a actuar. Por favor, incrementa la seguridad, estaré por fuera del país unos tres días, quiero mirar y hablar con el ingeniero de la casa que mandó a construir en esa ciudad, dame los datos que tengas del celular desconocido. Algo debo encontrar. —Cuenta con eso, también tengo datos de la mujer mayor que estaba en la clínica, toda la información la tendrás en tu correo. Se recostó en el espaldar del mueble, sonrió a los segundos. —Cuenta el chiste. —Es solo que recordé la cara de los jefes, Roland los jodió a todos, por un momento sentí que él estaba entre nosotros. Como siempre tan teatral y matando todas las cabezas, tenía una mente increíble. —¿Viste la cara de Sapillo y Medrano?
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