Capítulo 8 - Aceptando

1742 Words
El rostro de mi segundo al mando era de asombro. —No puedo. —Se notaba lo débil que estaba la chica. —Un esfuerzo más. ¡Simón! ¿A qué hora llega la ambulancia? Estaba frío, las manos me temblaban, no creo resistir una vez más ver eso, ya estoy en mi límite, la joven comenzó a pujar… todo fue tan rápido, yo registraba el acontecimiento en mi mente, sé que el segundo bebé nació y una cosa roja salió posteriormente, era un gran coágulo de sangre, eso me revolvió más las entrañas y la hasta las piernas me temblaron. —¿Se desmayó? Fue lo último que registré en mi cerebro, el comentario lo hizo Cebolla y no sé si lo dijo a la mujer parida o a esa vaga imagen alcancé a registrar antes de caerme, él empezó a prestarle los primeros auxilios a la mujer, la señora hacia lo mismo con el segundo bebé, la chica morena cargaba a la otra criatura y la rubia corrió a mi lado, a lo lejos escuché unas sirenas y todo se volvió n***o. Desperté en la cama de un hospital, Cebolla ingresaba en ese momento y al mirarme no pudo contener la risa, la señora estaba dormida en un mueble. —Tenía que verlo con mis propios ojos para comprobarlo. Rata, uno de los hombres más fríos y peligrosos de Colombia, se desmayó al ver parir a una mujer. —Cállate gonorrea, si me jodes con este tema te pongo una bala en el culo. —Vaya vocabulario. Intervino la señora, delante de ella he tratado de contenerme. Los dos se rieron en mi cara. —Nunca había visto… no creo que pueda… jamás me imaginé que… ¿Cómo terminó todo? Un bebé vivo, la niña no lo logró, ella fue la que recibió los golpes, la madre tiene muchas contusiones, las están tratando, se debe quedar una semana en observación igual que el niño, solo permite que Miguel o yo nos le acerquemos, aparte del cuerpo médico. —Es entendible, ¿y el resto? —Ya están en la finca, Arnold vino por las dos muchachas que llegaron con nosotros a la clínica, Rasca… Gustavo ya está fuera de peligro y tiene incapacidad. —comentó la señora. —Yo me quedo. —alcé la ceja ante el comentario de Cebolla—. Si la señora no va a estar Diana se complicará más. No rechaza a su hijo, pero está llorando a la hija que perdió. —Bueno, hablamos mañana. Había pasado una semana, Diana desde ayer está en la casa, su historia era otra novela, vivía sola, su madre radica en Calarcá, no se hablaba con ella desde hace dos años, parece que no se la llevaban bien. Tenía un trabajo, pero a raíz de su secuestro y posteriormente trabajo s****l obligado del que se libró gracias a que había quedado embarazada, la señora ahora la acogió bajo su tutela, no podemos negar que el tener un bebé en la casa nos ha traído una especie de encanto. Y el más cambiado era Cebolla, algo le pasa a esa gonorrea. Lo bueno de todo era que tenemos una semana de trabajo enfocado en la recopilación de información, aún no entendemos las carpetas que nos llegaron con esa extraña mujer, lo cierto era que descubrimos que ella parece ser que era la misma que vi en la sala de espera, ¿Por qué nos trajo las carpetas con la información del cartel y enfocado en cada uno de los jefes?, era información confidencial. No sabemos dónde vive, los registros y la foto de ella no salen en ningún aeropuerto o terminal del país, parece un fantasma. Me atrae el misterio, esa mujer ronda en mi cabeza, pero lo que no sabe la susodicha era que soy el padre de los fantasmas, me tardaré un poco más, pero sabré quien carajo era esa vieja. —Rata, los Contreras están alborotados por lo que les pasó, quieren hacer una reunión extraoficial. —Sí, algo vi en los correos. —Mataron a Peralta, Valledupar se quedó sin jefe y no solo eso, la policía desmanteló su organización, empiezan a decir que nos están cazando. Los Contreras piensan que alguien está detrás de todo esto. —Cebolla. —Le mostré las carpetas—. Están todas las carpetas menos la de nosotros, la información del patrón no aparece. Y mirando el panorama, están desmantelando la organización, empezaron con los más pequeños. —Empezaron por la cabeza. —refutó. —Vuelvo a decirlo, si no lo hubiera visto muerto, te juro que este sería el plan perfecto de Roland. Tiene su firma puesta, algo no me cuadra y te juro que esa mujer misteriosa me está rebanando los sesos. —Ya faltan dos semanas para la lectura del testamento. —Sí, los dos, tanto el de capo como el personal. —dije. —Terminé de analizar la información de los celulares y están limpios, las conversaciones no dicen nada que nos arrojé una pista de su muerte, lo único que nos deja era la foto de las dos mujeres que estaban en la sala de espera y que desaparecieron hace dieciocho años. —Gracias, Cebolla, por otro lado, nos demoraremos más con la búsqueda de ella, sueño con esos labios, será más complicado hacer un comparativo de escáner, pero ya puse a correr el programa, nos tardará más, pero la encontraremos. —Eso puede tardar meses. —Debo viajar mañana. Iré a esa reunión, quedas a cargo de la casa, ya que no quieres alejarte mucho de Diana. No he hablado del tema con él, pero he visto lo encariñado que está mi amigo con el bebé y noto ese deseo de su parte para cuidarla, era lo mismo que vi en Roland cuando apareció la señora Verónica en su vida, y lo que está demostrando Gustavo con Gladis. —No empieces. —¿Te gusta? —Me miró con cara de puñal. —¡No me jodas! —¡¿Qué?!, terminaste con Raúl. Por cierto, no ha regresado a la casa, eso sí, llama a la señora todos los días. —En mi vida privada no te metas. —Hay niño en casa, cuidado con el vocabulario. Llegó Inés con Isaac, lo ha acogido como si fuera su nieto, le ha demostrado el mismo cariño que a los hijos de Cereza, todos le hemos tomado cariño y la joven madre poco a poco se recupera. » Simón, ya tienes tu equipaje de viaje listo. —Gracias. Salgo a primera hora. ……***…… Un día más… Besé el anillo de matrimonio de Roland, debo salir de la cama, volver a ponerme la máscara de estar bien, era cierto, no tengo justificación para la burralidad que hice, yo Verónica Vásquez, amante de la vida, si quería tener un lastre en mi vida que dañara mi historia ya lo tenía, en mis muñecas tengo las secuelas de la estupidez más grande nunca antes cometida y esa no era la solución, nunca lo era. Sé que hice mal y no tengo justificación, sé que hay personas que me aman, mi padre, hermano, amigos y ahora la gente que me rodea, porque si, ahora ellos son mi nueva familia. No me quise ir con mi padre y hermano, si lo hago, me alejo más de mi Roland, al menos al ver a Simón, a Inés y a Miguel y al resto de los muchachos era como estar con su familia; su madre y hermanos. De alguna manera era lo que él hubiera querido, permitirles a ellos cuidarme. —Me pongo en posición fetal aferrando su almohada para emitir un grito en silencio—. Como duele no tenerte amor, como me hubiera gustado haber quedado embarazada de ti, al menos me habrías dejado con un pedacito tuyo en mi vientre. Ahora que tenemos a Isaac entre nosotros se me vino a la cabeza la estúpida idea de anhelar ser la madre de tus hijos, así no los desearas. Volví a llorar, me permito hacerlo en soledad en la cama en la que dormías y en la que compartimos bellos momentos. «¡ROLAND!» grité en mi cabeza. Amor… ¿Por qué me dejaste? Por favor, por lo que más desees, ven por mí —aferro mi collar donde tengo la argolla de mi esposo y vuelvo a besarla al igual que la mía—. «Te amo» —susurré. Salí de la cama una hora después de haber llorado, hoy era la misa que realiza el padre Gabriel por el alma de mi marido, no tengo ganas de ir, pero ya no puedo excusarme más, debo enfrentar mi pelea con el mezquino de arriba, y por qué en el fondo extraño la iglesia. Aun no entiendo y no quiero entender, estoy cansada de las tontas frases célebres que he escuchado desde el día de mi boda. «Por algo pasan las cosas», «solo Dios sabe los designios de la vida», «ahora no lo entiendes y lo ves todo n***o, pero Dios sabe por qué nos pone a pasar dichas pruebas», «debes resignarte, el tiempo lo cura todo». Tontas palabras que en este momento no me sirven de nada. Debía recordar que en un futuro si debía dar pésame o aconsejar a alguien mientras pasa por algún duelo, lo recomendable era no decir tanta verborrea, lo único que se hace era callarlo. No sirve de nada, solo puedo abonar el deseo por tratar de hacerlo sentir bien a uno, pero lo mejor en esos casos que se queden callados. Ingresé al baño, me quité la camiseta de Roland con la que duermo, Inés guardó el resto de su ropa, yo rescaté algunas para dormir, cada que las lavan, yo busco su perfume y se los aplico para que huelan a mi marido, sé que era una estupidez, pero así lo siento cerca desde que estoy en su casa ha sido más llevadera su muerte. Porque todo me recuerda y simplemente lo imagino en alguno de sus viajes, no digo esto porque vuelven a doparme, ya no quiero más medicamento, me ponen idiota. El agua comienza a hacer su efecto, me relaja y como todos los días, recuerdo el día de la boda, imágenes de él haciéndome el amor. —Siempre voy a amarte, aunque estés en otra dimensión y te hayas llevado mi alma. Ojalá pudieras traérmela tú. Te amo Roland.
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