Melina cerró los ojos, parecía muy avergonzada. —Me hice un "tratamiento" en los Emiratos Árabes, y no resultó nada bien como podrás imaginar. Pero no es contagioso, eso dijo mi dermatólogo —se cruzó de brazos—, quizás deba volver a vestirme... La tomé por las manos. —Cariño, de ninguna manera. Deseo verte completamente, eres demasiado preciosa para que eso arruine algo, agápi mú —susurré, tomándola por la cintura. Sonrió, y asintió. Seguimos jugando un rato, hasta que ambos quedamos en ropa interior. Y ambos estábamos solo un poquito, ligeramente… tomados. Estar piel contra piel, besar cada parte de su cuerpo, lamer su dulce y aromática sedocidad volvía locos mis sentidos. Disfrutaba muchísimo tenerla entre mis brazos como nunca lo había hecho con nadie... Yo si recordaba vagamente

