Inclinense.
El emperador Karlo Terrant Shalie I no fue un hombre incapaz, era diligente y serio como el prototipo de Emperador modelo que mantenia su dignidad por lo alto frente a los ojos de sus súbitos. Subió al trono cómo único heredero después de la muerte de sus padres en un ataque al Palacio y gobernó tranquilamente al lado de Ivonne Seraphine Lailo de Shalie, la emperatriz, una mujer que crecio mano a mano con el Emperador desde que se comprometieron a la edad de 2 años, compartieron cartas mutuamente hasta que llegó su mayoria de edad donde se enamoraron a primera vista. Si había algo que Karlo amó fue a Yvonne, la amó de una manera desgarradora, pero ese amor jamás se pudó comparar a lo que sintió cuando observó a Ariadne por primera vez.
Era perfecta.
Tenía su sangre, formaba parte de él, a la vez que poseía las características mas hermosas de Yvonne su amada Yvonne, pero Ariadne era mas frágil y pequeña, su belleza era algo que podia hacer caer continentes, él que perdió a su Emperatriz, dedicó su corazón a su hija y se rindió a sus pies de forma sincera. No era un hombre por naturaleza obsesivo, no, era sumiso y protector con ella, hasta el punto en que se podia decir que si esa niña mandaba a matar a un clan noble sin justificación alguna, Karlo le pondria pecados a su nombre y cortaría su cabeza.
—Papá...
Cuando Ariadne le miraba podía sentir su pecho enternecer, muchas personas podian afirmar que los ojos de Karlo brillaban y se derretian con sólo tener contacto con ella, aunque las pocas personas que pudieron ver a la princesa en persona dijeran eso, todos se estremecian al ver su débil cuerpo hablar, era un hada que caminaba como un ser que no debiese de haber existido.
—¿Me dejarias por favor...?
Ella conocía muy bien las limitaciones que suponía ser una princesa tan sobreprotegida. Se aferró a las piernas de su padre con su suave suspiro que endulzo los oidos de quien la escuchara.
—Uhm... claro, sí...
Las palabras fluyeron sin muchas restricciones aunque la garganta le ardió por permitir aquello. Pensaba que si ella salia y era tocada por la horrible sociedad, se rompería, porque su hija era débil y fue rodeada sólo de cosas suaves que no podían provocarle nada. Una pequeña princesa criada para sólo ser feliz.
—¡Gracias, papá!
La repentina felicidad que vislumbró apaciguó su corazón afligido que no podia contener sus pensamientos.
—Papá me ama así que sólo me enviará con em comandante. ¿No? Los caballeros imperiales son muchos y van a asustar a las damas.
La niña poseía un habla suspicaz y manejaba bien a su padre para que se no se excediera..
—Este bien, cariño, haré lo que pidas...
Suspiró pesadamente, se sentía mucho más inquieto consigo mismo pero era mejor ceder a probar ir contra su propio deseo de complacer a Ariadne. La princesa sonrió brillantemente besando a su papá y huyendo como si hubiese hecho alguna travesura. Sentado en su escritorio pasó una mano por su rostro. El Emperador apenas iba a cumplir sus 31 años pero se veía joven y guapo, lo suficiente como para pensar que era el tipo ideal para esposo, pero en esos momentos la imagen que daba era de un hombre cansado. Levantó su mano con una campana que dió un sonido agudo y algo peculiar, al instante guardias aparecieron por la puerta al ser llamados.
—Una vez que la princesa pise afuera del palacio imperial principal, siganla, tienen libertad de amonestar e intimidar a todo aquél que la moleste de algún modo.
La orden secreta del Emperador asintió y se dirigió con rapidez a preparar todo.
》Después de todo, nunca dijo que no podia enviarle a la orden secreta.《
Karlo también podia jugar sucio si era por protegerla.
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Papá me hostigaba constantemente pero sabia que seria facil de convencer una vez que demostrara algo de ternura. Era un asunto de extrema urgencia el ser conocida en la sociedad, en ganar cuantos aliados se pueda, inclusive si sólo me sentaba en reuniones adultas a jugar con los niños, pero esos mismos infantes serían grandes exponentes y los pilares de la sociedad en el Imperio en el futuro, lo mejor era ganarmelos. Me dirigí con rapidez a la habitación donde me esperaba Astrid. Él aun era un niño pequeño e inocente, por lo que entrometerlo en mis planes solo dificultaria su desarrollo.
—El príncipe a veces es aterrador.
Detuve mis pasos cuando escuche los ominosos susurros de las doncellas. Habia una desconocida de apariencia joven e inexperta, mientras que la que hablaba era una mujer a la cual tuve oportunidad de ver innumerables veces.
—¿De que hablas...? Vi al príncipe una vez y es adorable como un pequeño bebé, y su rostro es tan hermoso...
Sonaba extrañada escuchar lo que la otra decía. No recordaba el nombre de la anterior, sólo que era alguien quien poseía una sonrisa de negocios muy evidente y sin mas sentimiento que el de trabajo, me gustó por eso, era tan transparente que seria facil identificar cualquier pensamiento por mas que mostrara otro tipo de sensacion exteriormente.
—Eso sólo es cuando esta con Su Majestad o la princesa, luego parece un muñeco inmóvil... es un niño muy raro. Circulan rumores igual de retorcidos. ¿Te imaginas cuando crezca con esa extraña obsesion con nuestra princesa? Por ahora es sólo perturbador pero en el futuro...
Increíblemente asqueada por todo lo que escuché me retorci en furia. ¿Cómo se atrevia a hablar así de mi hermano? Mi niño.
—¿Quién tiene el suficiente poder para injuriar sobre el primer príncipe?
Mi tono fue sombrío y serio, estaba segura que cada minimo rastro de inocencia infantil habia abandonado por completo mi pequeño rostro. Si hablaban tan libremente en un pasillo concurrido, sólo podia pensar en las veces que hubiesen murmurado cerca de mi Astrid.
—Princesa...
Parecio algo nerviosa al verme delante de ella en unos segundos. En la historia original personajes insignificantes pero maliciosos como estos eran algo que abundaban, pero ella en especifico era una molestia muy particular que golpeaba personalmente a mi carácter.
—De rodillas.
Ordené. A diferencia de las doncellas que deberian de originalmente servirme, padre contrato a doncellas sin credibilidad o valor, quienes sólo sirven para un único propósito, y que incluso si las hago lamer el suelo, eran incapaces de replicar, ya que la sociedad no las escucharia y sus cabezas rodarian antes de siquiera abrir su boca. No era normal el contratar entre la nobleza personas de tan bajo estatus ya que le darías la oportunidad a un simple plebeyo a tener la vida de un noble con el salario que tenían al ser sirvientas de la princesa, pero para Karlo era más significativo que fuesen lo más sumisas y desechables.
—¿Prin-princesa...?
Ella no me tomó en serio incluso con la orden clara que le propine. Aprete mis labios insatisfecha.
—Cortare tu cabeza si no me obedeces.
La voz que salió de mi pecho fue tan seria que opaco la esencia infantil de ella. Y la mirada que antes dudaba de la autoridad de una niña, se vio carcomida por el poder de la sangre Imperial hasta el punto de pegar sus rodillas al suelo con pudor y resentimiento.
—Llama a los guardias imperiales.
Ordene hacia la nueva doncella que corrió despavorida sin siquiera dudarlo un segundo.
—Princesa, dis-disculpeme.
Dejé de realmente escuchar sus súplicas al notar la vergüenza y a la vez el rencor que tenía al morder sus labios cuando pedia clemencia.
—Cuando manchabas el nombre de mi pequeño hermano no eras tan servicial y humilde.
Vociferé. Estaba lo suficientemente irritada para no pensar en mis palabras y cuando vi a los guardias aproximarse a nuestra dirección no titubeé en señalarla.
—¡Arrestenla...!
Chille como una niña pequeña a la cual habian lastimado, sus gritos sólo cesaron cuando los guardias taparon su boca no queriendo que una niña escuchase sus lamentos. Uno de ellos se inclino a mi lado con una servicial postura y la expresion más suave que pudo brindarme.
—Su alteza, ¿qué es lo que la mala mujer le hizo?
El tono suave me hizo sonrojar y me abalance a él enterrando mi rostro en su pecho.
—Ella... ella —balbucee como si estuviera llorando—. Lastimó.
Tironee mi cabello y rasguñé mis mejillas imitando su accionar, los guardias se estremecieron ante mi bello rostro empapado en tristeza y miedo, no quería llorar así que fingí estar tan traumada y pasmada que no era capaz. Hipee temblando como un animal pequeño quien fue herido. Sus grandes manos tocaron mi cuerpo tomandome entre sus brazos con un instinto protector.
—Guardias... —los llame de una manera adorable—. Da miedo.
Y sólo pudé apreciar el horror en los ojos de esa mujer con una extraña sensación en mi pecho. Me regocije escabullendome en el firme cuerpo del guardia.
—Mi princesa, no volveremos a permitir que esa malvada mujer se acerque a usted.
La lealtad que desbordó su voz me encantó, fue algo que me recordaba a Delice. Mire hacia arriba al guardia. Su rostro fue de hecho lindo, con un ambiente tosco pero su delicadeza era igual a una bestia feroz capaz de desgarrar el cuerpo de una persona pero que intentaba acariciar con sus grandes garras a un pequeño bebé. Sonreí con tristeza aun en mi rostro.
—Gracias.
Besé su mejilla. No sabia quien era él, pero me hizo sentir como si Delice hubiese estado a mi lado una vez más.
》Delice... Delice...《
Lo extrañaba tanto que mi corazón iba a deshacerse de pensarlo, lo que hizo que el sufrimiento fuera verdadero.
Yo no le dije lo mucho que lo necesitaba, sólo le di dinero a montones pero jamás expresé mis sentimientos puramente. La escena hizo que los otros hombres se removieran de envidia algo que me hizo avergonzar.
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La nueva vida que vivía me recalcó que todo podia esfumarse en un segundo fugaz, y que, ese tiempo que pensé que tenia para expresar mis sentimientos a mis seres queridos... no era mas que una dulce fantasía que se desvaneció en un pestañear. El guardia me sento en mi habitación y antes de que se fuera me aferre a su capa.
—Puede... ¿nombre?
Pregunté tímidamente. Él sonrió suavizando su expresión y se rodillo ante mí con una mano sobre su pecho al lado derecho.
—Zakya Halev, comandante de la guardia imperial.
Abrí mis ojos pestañeando al ver que la doncella habia recurrido a ligas mayores. Sonreí. Recordaba ese nombre.
—¡Gracias!
Cuando mi voz vivaz fluyó por el aire, observé su mano comprimirse encima de su pecho. De pronto el sonido estruendoso del golpear de la puerta abierta me hizo saltar en mi propio asiento. Mi padre y hermano corrían hacia mi, Astrid con lágrimas en los ojos y padre con una expresión ahogada en miseria.
—Hija.
—Hermana.
Ambas voces sonaron al mismo tiempo con un conjunto de emociones complicadas. El niño y el padre se abalanzaron hacia mi cuerpo verificando mi cabello desaliñado y el borde rojizo en mis ojos por la demostración exagerada de mí asalto. Una oscura mirada surco los ojos de mi padre.
—Cortenle las manos y las piernas, rasguen su lengua y expongan su castigo a todo el imperio para que esto no suceda otra vez.
Todos parecieron de acuerdo a sus mandatos crueles y sangrientos, incluso Astrid quién sostuvo con sus pequeñas manos mi vestido y se aferro a mi cuerpo.
—¡Ahora!
Grito mi hermano haciendo accionar a cada persona en esa habitacion moverse con agilidad. Titubeé avergonzandome por su absurda manera de llevar todo al extremo.
》Los nobles son crueles y los plebeyos deberian de ser inteligentes.《
Era la realidad cruda de la aristocracia en esta época. Deje que me abrazaran y me llenaran de preguntas a las que sólo negué y asenti de manera silenciosa.
Me perturbó el hecho de que algunas vidas les significarán tan poco.
El que yo hubiera provocado esa escena fue aun más impactante.
Pero lo peor fue descubrir la satisfacción de manipular con lástima a todo aquél que se atreviera a herir a mis seres queridos.
Debí de darme cuenta que poco a poco me estaba corrompiendo lentamente en silencio.
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Si habia algo en lo que el Emperador de Paraz fallaba, era sin lugar a dudas en lo que se referia a la princesa Ariadne o a su hijo, nadie lo culpaba de amar a esas criaturas que habian nacido con una belleza comparable a la de ángeles, pero al mismo tiempo todos eran conscientes de lo contraproducente que resultaba que el emperador de un imperio obedeciera la voluntad de un niño que no pasaba los 10 años de edad. La condesa Marie sabía aquéllo, era la intitutriz mas aclamada en la alta sociedad y todas las damas nobles deseaban que ella fuese su madrina en su debut, ya que como ex flor de la sociedad guardaba un estatus alto y era el ejemplo a seguir de todas. Lamentablemente nunca instruyo a ninguna señorita bajo su cuidado.
—Lo que desee, Su Majestad.
La reverencia que realizo fue llena de gracia y perfeccion, hasta el punto en que reconocerías su posición con tan sólo verla inclinarse como un elegante cisne. Si era sincera consigo misma, ella no queria conocer ni educar a la princesa Ariadne, porqué reconocía el peligro que era estar al lado de una niña pequeña que desde la cuna sólo habian obedecido cada una de sus palabras, algo, que como su guia no podia conceder, pero si llegase a desobedecerla... ¿quién le garantizaba conservar la cabeza al dia siguiente?
En el imperio sólo se conocian dos cosas de los gemelos, que eran los hijos de la difunta Emperatriz Yvonne, que poseían una belleza que cautivaba hasta a las bestias sin alma, por aparte, se sabia otra cosa de Ariadne, que ella era tan amada por Su Majestad que no permitiria que nadie viese a su hija sin su permiso, y que ella era la razón por la que el Palacio principal estaba cerrado pese a las demandas de los nobles.
—Confio en que logrará agradarle a mi hija.
Las palabras solo removieron sus miedos internos. Cualquier noble con un mínimo de inteligencia sabia que desacatar una orden directa del Emperador sin un motivo válido era algo estúpido, aunque fuese de lo más informal como en esos momentos, y ells no era estupida. Se animó a si misma pensando en que no tenia mucho que perder de hecho, ella que no tenia hijos y que habia quedado viuda a temprana edad despues de ser comprometida con un hombre mucho mayor que ella, no tenia a nadie a quien perjudicar con sus acciones.
La puerta de la oficina se abrió cuando los guardias anunciaron la entrada de la princesa, ella reconoció el tono de voz notablemente mas amable y confiable de los guardias al pronunciar el nombre de la niña. La mujer volteo mirando hacia abajo una debil y frágil figura blanca. Su piel palida, las mejillas rojas, los ojos grandes y cristalinos, junto a su cabello largo blanco y ondulado la hacían verse irreal. Era identica a Yvonne pero a la vez presumia de una belleza más exotica y extravagente que cautivaba los ojos.
—Encantada de conocerla, Su Alteza Real.
La mijer se inclinó ante la niña y ella pacientemente espero hasta dar la señal de que se parara.
—Me complace ver a la Condesa, he escuchado muchas cosas buenas de usted.
La voz añiñada no iba con el porte digno de aquella pequeña presencia provoco una extraña sensacion en su pecho, pero como una mujer experimentada y lista, sólo sonrió con humildad.
—Oh, no me esperaba ser tan alabada por la princesa, es algo que me llena de alegria, y mas a sabiendas de que podre cuidar de Su Alteza Real a partir de ahora.
El tono suave ligeramente avergonzado que utilizo habria encantado a cualquier hombre en sus años mozos, pero utilizar ese encanto en aquella niña solo servia para que su Majestad tuviera en buenos ojos a la Condesa.
—Es grandioso, esperé por mucho tiempo.
Al igual, la audaz niña empleo aquélla emocion infantil en sus palabras que la hacia lucir más inocente que un bebé recien nacido. La condesa afectada por aquella imagen tan preciosa sonrió como toda mujer adulta quien impregnaba sus recuerdos de sus propios hijos o nietos en otros infantes, pero ella quien nunca dio a luz a un niño le fue algo único e interesante. Ariadne consciente a toda su historia pretendía ser adorada por esa mujer quien se la conoció por ser distante y estricta con las jovenes.
—La Sr. Marie se encargara de instruirte.
Aunque pretendia sonar digno debido a que estaba frente a la flor de la sociedad más brillante del siglo, Karlo exudaba un tono suave y desbordante de afecto hacia su hija que se podia diferenciar con total claridad al tono todopoderoso que podría utilizar para cualquier otro hombre o persona.
—Hare mi mejor esfuerzo.
La Condesa quien se encontraba algo complacida de hallar a una niña quien por apariencia parecia ser bien educada y amable notó su inteligencia por instinto después de tantos años tratando con los nobles del imperio.
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Era una tradición que las alumnas tomaran sus clases en los sitios designados por sus madrinas, pero eso era algo que Su Majestad no iba a permitir aunque fuese necesario, asi que se encontraban en el salon de té de la emperatriz que paso a pertenecerle a Ariadne en su totalidad. Palacios, joyas, tierras, vestidos o hasta personas, la Condesa sabia que Ariadne tendria todo si lo pedia, pero aquella niña rodeada de un aura brillante que te obligaba a mirarla, tenia una perfecta etiqueta y un hablar humilde pero noble, digno de una princesa o hasta de la propia Emperatriz.
—No hay nada en cuanto etiqueta que pueda resaltar de Su Alteza.
Sonrió levemente satisfecha por la gracia en cada movimiento. La niña se sonrojó tiernamente.
—He estudiado mucho para usted, madrina.
Capaz de alterar su corazon, la Sr. Marie fue impotente contra las dulces palabras de Ariadne. Pero su lado más racional enfrió su cabeza.
—Su Alteza es una niña muy prematura para su edad pero que considero es inteligente, asi que sabra cual es la razón por la que me hablaron a mi expresamente.
Sabia que estaba pidiendo demasiado para una cria que apenas podria sumar con facilidad pero deseaba ver el tipo de reacciones que le podria ofrecer esa niña.
—Agradezco los halagos —ella sonrió—. Estaré satisfecha con aprender de la Condesa sobre el lenguaje de la sociedad.
Con ojos brillantes que imitaban la profunda ignorancia y la expectativa, pudo complacer a la Condesa que recibió más de lo que esperaba de su alumna.
—Espero ser de mucha ayuda.
Habló con gracia tomando un sorbo de té y degustando el sabor de un producto importado a las que pocos nobles tenian acceso con regularidad.
》Si pudiera renacer, me encantaría hacerlo en el cuerpo de Su Alteza. 《
Pensó seriamente que cualquier alma estaria bendecida en poder ocupar el lugar de Ariadne Shalie.