Oferta de abandono. Ella me ignoro como si nunca nos hubiéramos conocido. En cualquier momento ante sus ojos era igual de insignificante que una piedra en medio del camino. Sin importar mí presencia o mis ojos viéndola, su indiferencia era notable y llamativa. La mire en media cena. Sabía que tanto Nevas como mí madre me veían con ojos curiosos, incluso aunque estuvieran tan encandilados con ella como para no querer ver más allá. Ariadne. Ariadne. Ariadne. Ariadne. Todo lo que veía tenía que estar relacionado a ella. Desde los emperadores que la adoraban con el alma, los sirvientes que la halagaban como Dios o los caballeros que se encantaban con la adorable y hermosa niña. Había acaparado todo amor y atención para ella. —Me encantaría invitarla a tomar el té mañana. Una invitaci

