Obra lamentable.
Notaba lo ansioso que se encontraba
Zakya, cada vez nos íbamos alejando más y más del Palacio, siquiera sabía cuantas horas había estado sentada a su lado esperando con los nervios a flor de piel. Los barrios bajos eran amplios y sucios, pero sabía que la zona a la que me dirigía debería de ser sin duda la zona roja donde los prostíbulos se podían ver a cada lado, y donde Thenia estaría. Ella fue conocida por ser hermosa, lo suficiente para venderse y ganar algo para comer de las miserias que eran los pagos para las prostitutas.
—¿Cómo conoce estos lugares? Debemos detenernos ahora mismo.
Tome la mano de Zakya para pararlo, sabía que se encontraba profundamente inquieto al ver la entrada de los barrios bajos.
—No estaremos mucho tiempo.
Rogue, quizás fue la desesperación que mostré al insistirle, pero él obedeció y en cambio me subió a sus piernas poco importandole enseñarme de modales, pareciera menos ansioso al sostenerme como una piedra preciosa. La magia del talismán no hacía que fuese menos él.
—Cuando vayamos al prostíbulo Perla debes de preguntar por Thenia, tenemos que encontrarla, pase lo que pase.
El saber que buscaba a una prostituta pareció consternarlo hasta el punto en que sus cejas se juntaron mostrando arrugas prominentes.
—Ella tiene algo muy precioso que podría salvarme.
Dije con un tono muy bajo. No sabía que hacer con él, no, de hecho estaba tan nerviosa que mis manos habían empezado a sudar, una parte oscura que residia en mí me hacía estremecer de pensar en él. Tenía unos ojos similares a los de Ariadne, con una gama un poco más oscura, y su cabello era de un rubio lavado que no podría compararse con el hermoso blanco perlado de Ariadne. Hasta ahora sólo sería un niño, pero ese niño podría ser mi perdición… él condenó a Ariadne.
¿Que debería de hacer para detenerlo? Más eficiente y seguro sería eliminarlo… pero quizá opte por aislarlo en un sucio palacio sin ningún tipo de educación que pudiera brindarle oportunidad para competir por la corona.
—Ya llegamos.
La mucama que temblaba como una hoja que podría levantarse por el viento, parecía aterrorizada de pies a cabeza.
—Iré a preguntar, puedes quedarte aquí.
El carruaje que había conseguido a escondidas no tenía ningún chiste en particular, se veía tan pobre que nadie lo miraría para robar.
—P-ero…
Parecía asustada de esperar sola, pero tampoco podríamos arriesgarnos de que se llevaran nuestro único medio de transporte.
—Volveremos pronto.
Me sorprendí por lo frío que era Zakya con todas las demás personas, pero pareciera no darse cuenta de su propio ánimo. Él estaba demasiado inmerso en sostenerme con uno de sus brazos mientras con el otro pareciera preparado para sacar la espada en cualquier momento para degollar a cualquiera que se nos acercase, quizás fue su aura imponente, el uniforme sobrio o la expresión de su rostro junto a su cuerpo fuerte y confiable, pero en cuanto nos adentramos al sitio los hombres y mujeres se apartaron como si el instinto de supervivencia les gritase que no era buena idea molestarlo.
—¿Qué es lo que desea?
La mujer de la barra parecía experimentada, lo suficiente para mantenerse seria y sin temblar ante Zakya. Su tono formal que no era muy común por estos barrios me dio a entender que era alguien cuanto menos astuta.
—Busco a una mujer llamada Thenia. Llámala.
Su tono fue muy apresurado y serio, pareciera tenso de sólo respirar cerca de tantas prostitutas bailando con sus vestidos pomposos escotados llenos de aberturas, siendo exhibidas a hombres grotescos como mercancia barata.
—Thenia fue llevada…
Esa mujer esquivó los ojos cuando murmuró aquéllo con un tono serio, y Zakya logró detectarlo con rapidez.
—Dígame la ubicación de esa mujer.
Fue imponente al decirlo con una voz profunda que hizo temblar a la señora como si fuese un papel delgado.
—T-tome.
La mano temblorosa de la mujer se había apresurado a escribir unas indicaciones con una letra descuidada en un papel roto. Él la tomó con apuro y no dudo en llevarme de vuelta al carruaje con ese papel. Yo temblaba porque recordaba una pequeña oración donde se relataba la manera en como Asteritas había encontrado a su madre.
》Y aquella mujer que tanto lo abuso, la misma que lo miro como un estorbo asqueroso que no merecía llamarla madre ni recibir ninguna palabra que pudiera ser recordada con cariño, yacía con el cabello rubio lavado pálido que le había heredado hecho un desastre, su piel blanca manchada de heridas y cicatrices se encontraba empapada en sangre oscura y hematomas violetas que la recubrian. Sus fríos ojos oscuros estaban apenas abriéndose cuando él corrió hacia su madre, parecieran querer decir algo.
—¡Mamá…!
Se sentía estúpido al llamarla de ese nombre despues de tantas veces de ser golpeado para reprimirlo. No lloraba, no pudo pedir ayuda, fue incapaz, y de hacerlo, sabía que era más probable que esos hombres que habían comprado a su madre para un rato volviesen para volverla a utilizar y ultrajar su cadáver.
—Uhg…
Salió un balbuceo de entre sus labios que desbordaban en sangre, unas palabras que no pudo descifrar por lo poco claras que fueron, y justo después de eso sus ojos perdieron todo brillo. Él, aunque hubiera sido un niño de 10 años, no lloró… no, fue incapaz de hacerlo, porqué aquel cadáver que sostenía era de Thenia, una mujer que fue más villana que madre, y le había prohibido llorar aunque le quemara cigarrillos en la piel.
¿Qué hubiera querido decir antes de morir?
Seguramente hace unos años tuviera aún la fantasía de que quizás fueran palabras dulces, pero sabía que eso jamás pasaría, no de ella que lo odiaba tanto, y a su vez, Asteritas tuvo un sentimiento de cierto placer escondido en su pecho al verla morir frente a sus ojos de manera tan miserable como una rata de alcantarilla.《
Thenia había muerto violada y golpeada por sus compradores.
—Teno mal presentimiento, vamos.
Mi voz sonó más infantil y con una pronunciación torpe debido a la sorpresa. Zakya pareció captar mi propia dificultad en mantenerme tranquila y leyó las indicaciones con rapidez antes de indicarle a la doncella y subirnos al carruaje. De por si era difícil concentrarse para pensar de manera adulta y hablar de la misma forma, pero en este estado era casi natural verme como una niña desorientada.
El carruaje llegó a la dirección en un corto tiempo pero cada segundo fue un infierno al que tuve que estar sometida. Una vez que Thenia muriese su hijo se iría a otro lugar para sobrevivir, y nunca había escrito nada relacionado a eso, incluso era imposible saberlo con las vivencia de este cuerpo.
Temía perderlo de vista y que todo este show fuese para nada. De pronto me sumergí en mis pensamientos sin escuchar nada.
—Ya llegam-mos.
La voz femenina de la doncella me hizo saltar ansiosa en el regazo de Zakya mientras corría hacia la ventana para verlo. Mis pequeños ojos captaron un fragmento de ese momento que se impregno en mi pupila como si fuese un tatuaje, fue un milisegundo antes de que Zakya me sujetará entre sus brazos y cerrara mis ojos.
—¿Vio algo?
Su voz estaba temblorosa hasta el punto de creer que este masculino e imperturbable hombre quería llorar. Por el impacto solo suspiré negando.
—No.
Mi voz fue más que un susurro perdido en el viento. Pero aun así los gritos se oían fuertes y desgarradores hasta el punto en que cualquiera que los oyese no podría dormir en paz durante mucho tiempo con ese recuerdo.
—Pero… sálvala, sus gritos…
Me estremecí aterrada por lo horrible que sonaba. Le había visto, una bonita mujer de cabello pálido y ojos oscuros, siendo golpeada y abusada por unos hombres a la acera de la calle, todo su ser estaba impregnado de colores rojos y violáceos, la hacían ver como algo asqueroso y abominable. La ropa que era barata y vulgar estaba desgarrada, no… todo en ella era un desastre que solo podía ser descrito como horrible.
Zakya no había tardado un segundo en obedecer mis órdenes y encerrandome en el carruaje. Atemorizada me senté acuclillada en mi misma mientras tapaba mis oídos y cerraba los ojos. Quería llorar de compasión y culpa, pero me obligué a encajar mis uñas en mis brazos para no hacerlo. Eran sonidos tapados pero escuché sus gritos… en unos segundos él abrió la puerta tapando con su cuerpo el paisaje.
—¿Qué desea que haga, Su Alteza…? La mujer… la mujer por el momento no está en condiciones para hablar, pero le prometo hacer lo mejor para que esté bien.
Intentando ablandar su voz que temblaba al dirigirse a mí. Tomé sus manos entre las mías y él se estremeció asustado.
—Están sucias, Su Alteza, no debería tocar algo tan sucio jamás.
Pero sus guantes negros carecian de toda sangre a pesar de haberlos matado a todos ellos. Me aferré a sus manos como salvavidas intentando tranquilizarme.
—Zaky-
Cuando estuve a punto de llamarlo a por consuelo, escuché una voz infantil gritar.
—¡Mamá…!
Esa voz me hizo chillar y temblar de pies a cabeza con fuerza. Abrí mis ojos plasmada pero ni siquiera me medí al saltar del carruaje y correr hacia la escena. Fue un cuadro grotesco de gama roja, como una obra oscura capaz de traumar la retina de quien lo viera. Tome mi vestido entre mis manos corriendo sin saber porqué, el niño que se presentó en mi visión estaba tan escuálido como para tumbarse si lo tocaba, su ropa andrajosa estaba hecha trapo.
—Aste… Asterita…
Thenia quien no estaba tan herida como para no poder hablar ni una silaba, se encontraba mirando únicamente a su hijo.
—Lo siento, lo siento… te amo…
Sus lágrimas impregnaban su rostro hinchado de los golpes. Quizá al ver su vida pasando frente sus ojos, el conocimiento de que no le quedaba nada más que ese niño esquelético a su lado y el daño que le había hecho, la había orillado a soltar tales palabras. Yo lo sabía, ella no amaba al niño al que golpeó tantas veces como un juego diario, ella sólo amó a un único hombre y ese había muerto hace años.
—¿Mamá...?
El niño de apariencia deplorable derramó una lágrima cristalina que golpeó la mejilla de su madre que ya no tenía vida en sus ojos oscuros. Al ver esa escena donde Asteritas se aferraba al cuerpo de Thenia muerta con una expresión vacía no pude moverme, ni siquiera me estremecí al sentir el olor metálico de tanta sangre volcada en la calle. Zakya había corrido hacia mí para tapar mis ojos pero se lo impedí totalmente incapaz de escapar de esa realidad. Él parecía asustado de tener que ejercer fuerza para bloquear mi visión, y a la vez estaba espantado del niño que yacía junto a Thenia.
Mi cuerpo vibró como si un terremoto lo surcara cuando ese niño elevó su vista hacia mí, esos ojos grandes de tonos oscuros que los míos me observó directamente y abrió los ojos. Pude saber el porqué olvidé a este niño borrándolo de mí mente y cuerpo, el trauma era tan grande que su presencia dolía con tan sólo sentirla.
Luego su vista se dirigió a la espada empapada en sangre que Zakya sostenía en su cinturón, aquella que me oculto y era evidente que terminó con la vida de los hombres que tenían sus extremidades cortadas al lado de sus cuerpos muertos.
Me asuste porque se veía inocente y vulnerable, una pobre alma en pena. Sentia la culpabilidad de haber hecho su vida así con mis propias manos, tanto fue la culpa que empece a sentir una compasion que me hizo una incompetente. No podía continuar mi plan y aislarlo… o dejarlo al azar en cualquier familia. Sujeté con fuerza mi vestido y avancé hacia él a pesar de las quejas de Zakya, que se veía controlado por la reliquia que seguía haciendo efecto aún.
El destino me gritaba a la cara todo lo que estaba pasando. El niño quien había llevado este cuerpo a las puertas del infierno lucía tan inofensivo como para no matar ni una mosca. Sus ojos inocentes no parecen concordar en nada a los afilados y duros de Asteritas, o su mentón marcado, el cuerpo fuerte y firme… nada parecía realmente ser de él.
Como poseída y resignada a vender mi alma a un Luciel, me acerqué temblando y me arrodille frente suyo manchando mi vestido con sangre y suciedad. Tome entre mis manos las suyas que eran ásperas y esqueléticas pero mucho más grandes que las mias.
—Me llamo Ariadne… y soy tu familia.
Sus ojos se abrieron mientras temblaba y se aferraba al cadáver de su madre. Baje la cabeza mostrando respeto. No podía matarlo o desaparecerlo, solo llevarmelo pero tampoco conocía que hacer con él.
—Zakya, tenemos que enterrarla dignamente…
El niño se erizó como un gato callejero cuando Zakya obedeció mis palabras alzando entre sus brazos el cuerpo de Theni y cubriendola con su capa. La lluvia empezó a caer como una tormenta repentina sobre mi débil cuerpo, me quede quieta empapada en esa agua sucia con sangre al igual que el niño que fue capaz de moverse. Mire con ojos vacíos el horrible lugar al que los rayos del sol no podían llegar y me levanté con lentitud.
—Vamos…
El niño se levantó obediente y cauteloso como si temiera que Zakya lo mataría de ir en contra.
—Tú, ayúdame a hacer un pozo.
La doncella que tembló asustada por el cadáver, solo pudo hacer lo que decían con una pálida tez. Me adentre al carruaje sentandome y el niño se quedó parado observandome mudo en la entrada.
Al verlo me hice a un lado y tantee el asiento siendo incapaz de pronunciar palabra, y Asteritas con una duda que podría significar más que nada miedo, se adentro sentándose frente mío como temiendo siquiera tocarme. Sus ojos se bajaron muertos. Podía notar la desnutrición de su cuerpo por la piel pegándose a los pómulos, su cabello hecho una paja sin brillo. ¿Este niño se convertiría en un hombre sin emociones que me engatusaría y vendería?
¿Él mataría a mi padre?
Lo miré sin emociones. Se veía tan inocente… tan… tan frágil.
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El niño observó con inquietud a la niña frente suyo. Todo en ella era bello, más hermoso que cualquier otra cosa que se pudiera mirar y tan perfecto que lo hizo poner ansioso. Desde su hermoso cabello blanco cayendo empapado por su bella piel porcelana, o sus ojos cristalinos parecidos a las joyas que alguna vez vio en hombres de poder clientes de su madre, se veía como un Ángel… no, él pensó de todo corazón que un ángel bajó del cielo justo cuando su madre perdió la vida. Pero cuando ese ser etéreo se arrodilló en el sucio suelo y tomó sus manos, pudo saber que no era un ser ancestral sin cuerpo.
—Me llamo Ariadne… —su voz dulce y baja fue lo más hermoso que hubiera escuchado—, y soy tu familia.
Él no lo creyó, jamás pudiera haberse imaginado que una niña tan hermosa pudiera compartir una sola gota de sangre con él, un ser miserable que vagaba por los barrios bajos como hijo de una prostituta. Ni siquiera apretó sus pequeñas y suaves manos, sabiendo lo sucio que estaba.
Cuando vio al imponente hombre de apariencia masculina obedecer cada una de sus palabras con una espada cubierta de sangre pudo corroborar que esa niña había salvado a su madre de esos hombres con tan solo sus palabras. Pero su instinto lo hizo temer ante el movimiento de ese hombre llamado Zakya.
Al verla caminar su corazón se removió no sabiendo que hacer hasta que su suave voz lo llamó. Incluso se atrevió a subirse al carruaje con su corazón golpeteando contra su pecho dolorosamente. La voz de su madre se seguía repitiendo en su cabeza. ¿Si ella se hubiera arrepentido podría existir algo bueno en el mundo aún? Su juramento de cariño sonaba desesperado pero fue el único que había escuchado en toda su existencia.
No se atrevió a levantar la mirada frente a ella mientras pensaba en su madre. No le había quedado nada en su vida, absolutamente nadie podría preocuparse por él. De todos modos había vivido miserablemente hasta el momento, pero después de escuchar sus últimos sollozos ya no podía sentir ningún tipo de emoción de alivio en su pecho por su muerte. Miró sus esqueléticas manos. Si esa señorita lo llevaba como esclavo viviría de esa manera para pagarle el único vestigio de compasión que recibió.
—Alteza, la mujer ya ha sido enterrada.
Su piel se erizó ante esa voz masculina y todos los huesos de su esquelético cuerpo se tensaron ante el título. Su madre lo había repetido como loca innumerables veces, tantas que a él jamás se le habría de olvidar.
》Tu padre era un gran noble, su sangre era la más pura.《
Sus pupilas temblaron. Como niño de la calle había visto muchas cosas crueles a lo largo de su vida, por lo que sus emociones en un punto fueron tan apagadas y nulas que era incapaz de diferenciarlas, pero en esos momentos una emoción que lo alertaba del peligro lo hizo bajar su cabeza profundamente.
—¿Quiere orar por aquella mujer?
Asteritas quien era un niño muy inteligente y audaz para su edad había notado la manera en que aquel hombre se dirigía a ella. Como si fuera lo más precioso que existiese, algo capaz de romperse con el viento y a la vez debía de ser protegido del más mínimo disturbio. La miró, tan preciosa como para merecer tales ojos. Cuando ella lo miró todo su ser se inquieto.
—¿Deseas orar por ella?
La voz infantil que le preguntó aquello fue mucho más dulce que cualquier otra cosa, pero él negó. ¿Por qué habría de orar tan impuramente? Sus pensamientos estaban tan dispersos y mezclados que no era capaz de hacerlo con sinceridad. Ella asintió comprendiendo.
—Vámonos...
Pareciera que toda energía se le hubiera escapado cuando el hombre entró y la colocó cual muñeca sobre su regazo. Bajo la cabeza queriendo pasar desapercibido sólo guiado por su sentido de supervivencia.
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Al llegar al Palacio diferente a las expectativas de un niño que no había conocido nada, Asteritas se mantuvo rígido intentando mirar lo mínimo posible, incluso teniendo cuidado de no tocar una mínima cosa. Era de mañana, todas las doncellas y guardias temblaron pálidos al vernos bajar del carruaje. Zakya le había mandando una indirecta bastante clara y dura a la doncella nueva de no decir nada.
—¡Princesa…!
La jefa de las doncellas chillo perdiendo todo decoro con lagrimas en los ojos al ver mi imagen empapada de tierra que ocultaba la sangre seca de color marron. Todos observaron al niño a mi lado con ciertos ojos nublados de confusión.
—Limpienlo y denle ropa, quisiera que preparen comida ligera como una sopa.
Pedí suavemente para él, todos parecían reacios a obedecer pero sabían que nunca podrían hacer tal cosa. Observé su cuerpo tenso como una piedra en cuanto alguien quiso dirigirse a él así que me aproximé a él.
—Zakya… cuida de él mientras me voy a cambiar.
Él asintió inclinando su cabeza ante mis palabras y me fui tranquila con la jefa de las doncellas a bañar.
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Como una benefactora que era poderosa e indiscutible, todo lo que le había dado lo hizo retorcerse de incomodidad y alarma. Ni un segundo pude verlo tranquilo como otro niño. Nos encontramos frente a frente. Lo había pensado mucho en la bañera; ¿Qué hacer con esta bomba que podría explotar en cualquier segundo en mi cara? Abrí mis ojos cuando su cuerpo delgado se arrodillo a mis pies y había pegado su frente al suelo.
—Juro servir a Su Alteza lo mejor posible, le ruego perdone mi imprudencia al no haberla reverenciado de forma correcta.
Con un lenguaje complejo para un niño y una voz mucho más estable de lo esperado, se había hincado como un humilde esclavo ante su dueña. Parecía ser la única asustada y sorprendida por sus actos, los demás sirvientes y guardias parecieron aceptarlo con tranquilidad como si así tuvieran que ser las cosas.
—No, no, no.
Me abalancé hacia él intentando levantarlo pero sólo alzó su rostro algo sorprendido por mis repentinos actos.
—No lo hagas.
Reclamé como una niña por lo cansada que me encontraba de concentrarme en mi comportamiento. Él decidió elevarse lentamente. Estando a su lado se podía ver claramente la diferencia de estatura. Me aferré a la manga de su nueva ropa mirando afligidamente a los sirvientes.
—Por favor, preparen nuestro desayuno.
Las doncellas parecían querer explicarme lo imposible que era que él fuera a comer conmigo, una persona de sangre tan pura como el oro, pero me negué a escucharlas aferrándome a su ropa. Miré hacia arriba ansiosa, sus ojos de un color similar a un metal eran más oscuros que los míos y se encontraban serios.
—¿Cómo te llamas?
Intenté sonreír amablemente con tranquilidad, y eso pareció hacer temblar sus pupilas ansiosas.
—Asteritas.
Él era como un animal callejero siempre atento y cauteloso, totalmente alerta esperando el siguiente golpe. Pero aun no llegaba a ser ni siquiera la sombra del Asteritas que había experimentado. Mi piel se erizo de pensar en ese frío hombre que susurraba palabras engañosas y otras crueles capaces de romper almas, todo con la misma indiferencia que era hasta insultante.
—Asteritas es familia.
Dije con total seguridad. Note como intentó controlar el inminente temblor de sus extremidades al oírlo. Cerro su ojos por unos segundos antes de abrirlos. Aún no sé que hacer con este niño que podría ser aplastado en un segundo pero se veía tan deplorable como para remover mi corazón.
—Su Alteza, la comida está lista.
Fue molesto dirigirnos hacia el comedor y tener que ordenar que trajeran su comida a la misma mesa que la mía. Por suerte los únicos ingredientes del Palacio eran de la mas alta calidad por lo que se podía asegurar lo delicioso que sabría. Sonreí al sentarme en la misma mesa.
—Puedes comer.
Actúe muy infantil y alegre para bajar sus defensas. Era un niño listo y cauteloso, no hablaba si no se lo ordenaban, no se movía o hacía cosas innecesarias, simplemente pareciera querer que nos olvidemos de él. Podría haber reído por lo tierno que lucía percatandose de hasta el más débil movimiento de mi cuerpo antes, pero ahora me estremecía al ver sus delgados dedos tomar el mango de plata de la cuchara con temor de ensuciarla. Por un momento se me cruzó a la cabeza la imagen de un hombre de ojos muertos sosteniendo una espada de metal que lucia como la sentencia de muerte en sus manos fuertes.
—Su Alteza.
Estuve a punto de soltar los cubiertos al oír la voz de la jefa de las doncellas.
—El primer príncipe ha estado llorando rogando para que vuelva desde que la princesa de fue y el Emperador ha enloquecido queriendo venir a verla.
Miró a Asteritas con dureza como si algo que no tuviera que estar ahí. Me senté recta sonriendo hacia ella.
—Informa al palacio que volveré y con una persona.
Movi mis piernas ansiosa como jugando a las escondidas a lo que ella se inclinó obedeciendo. Segui comiendo con regularidad pensando bien que podría hacer con él. Necesitaba incapacitarlo para destronarme. Asteritas tenía un inmenso deseo de supervivencia y dominio que lo llevó a hacer lo que sea por ello, incluso vender a Ariadne a las garras del demonio… quizá lo mejor sea hacerlo sentir que no iba matarlo nunca, que era su aliada y no enemiga, por lo que debía de tener extremo cuidado.
—Su Alteza, ¿cuándo empezaré a trabajar?
Me pregunto con una voz muy baja cuidando de no asustarme. Abrí mis ojos parpadeando débilmente antes de negar.
—Sólo come y te cuidaremos, eres mi familia.
Reí inocentemente utilizando un tono casual fresco como los días primaverales. Sus pupilas temblaron nuevamente. Note que había devorado su plato así que ordene otro más por piedad al pobre niño que nunca debió de probar algo tan delicioso pero que había controlado todo impulso para no aterrarme. Lo sentía, esa sensación de que me percibía como algo tan pero tan débil que podría ser asustado por el leve movimiento brusco.
—Su Alteza, yo no me atrevería a pensar…
Al intentar hablar formal su lengua se tropezó y sus labios se apretaron incómodos. Desde niño Asteritas había sido serio como un adolescente de 17 años, pero la vida había hecho así a un niño de 10 años, la crueldad de las calles, los abusos y malicias que se vivían para los que no podían ser protegidos. La dura realidad que experimentó lo llevó a ser mi condena, pero graciosamente lo he acogido en el Palacio de Yvonne y por cuenta propia lo estoy llevando frente al emperador.
Una parte de mí quería matarlo.
Matarlo para sobrevivir y no ser desgarrada por Nikolai.
Esa parte que había sido rota y corrompida en cuerpo y alma, la cual gritaba cada vez que Asteritas se movía o me veía con sus ojos. Era una parte que le temia como si él mismo fuese capaz de desgarrarme con palabras y que se retorcía en rechazo. Sí, Ariadne le confio todo a Asteritas, una vez que Karlo murió ella le dio cu corazon dispuesta a ser su dulce hermana menor con sinceridad, pero fue apuñalada en la espalda y llevada a la peor tortura posible, aunque suplico de rodillas y rogo como nunca antes habia hecho. Fue inevitable para ella llorar sangre porque jamás lo había dañado, y fue la única persona capaz de ser bondadosa con un frío e imponente bastardo de origen desconocido.
Ariadne sentía algo tan negativo hacia Asteritas tanto como lo podría haber hecho con Nikolai, no por lo que le hizo, si no porque en algún momento ella lo amo , cosa que resultó más desgarrador al ser traicionada de repente. Podría pensarse en odio, pero Ariadne incluso al último instante fue incapaz de sentir odio, ya no podía sentir nada al final. Los traumatismos de este cuerpo me hicieron estremecer como un animal herido.
—Su Alteza, ¿está bien?
La pregunta de Zakya me hizo mirarlo. La voz preocupada que se dirigía a mí me hizo reaccionar elevando las comisuras de mis labios.
—Sí.
Al verlo tan leal pude recordar que el efecto debería de durar hasta una hora más por lo menos. Me preguntaba que tipo de expresión haría al recordar todas las cosas a la que había cedido inmerso en el poder de la reliquia imperial que me robé. Aunque su voluntad fue de hecho inquebrantable, como si realmente se hubiera enamorado de la idea de protegerme.
—Su Alteza, ¿podría preguntar por qué estoy aquí…?
Sus palabras fueron susurros leves que pretendían ser muy cuidadosos para no levantar ninguna hostilidad. Me lo he preguntado;
》¿Por que he rescatado a mi verdugo?《
Lo mire. Sí, se veía como una obra miserable que relucía por la belleza de lo lamentable que podría llegar a lucir la decadencia que te conmovía el corazón. Lo he sacado de ahí por compasión, porque era tan solo un niño pequeño, pero sabia que debería matarlo o desaparecerlo, sólo que aún dudaba, como una estúpida. Sonreí suavemente.
—Quiero que Asteritas viva feliz.
》Es una mentira.《
El cubierto en su mano cayó con un sonido molesto hacia la vajilla. Mi cabeza se nublaba de solo verlo pero tenía que ser inteligente y no despertar su sadismo.
—Me enteré que el papá de Asteritas es mi tío, eso nos hace familia.
Me refería a él con una manera torpe e incorrecta de hablar por el cansancio, era difícil seguir el ritmo de mis pensamientos y procesarlos con esta cabeza de 6 años.
—Yo…
No parecía creer mis palabras, estaba reacio, aunque en el fondo noté otra emoción que fue difícil de descifrar.