Punto de vista de Marco Antonio. Entré en la casa y el silencio me recibió como una bofetada. No era ese silencio acogedor que uno espera al final del día, sino uno denso, de esos que te avisan que alguien ha estado llorando o gritando hace apenas unos minutos. Dejé las llaves en la consola de la entrada y me froté el puente de la nariz. Lo último que quería era lidiar con el drama familiar, pero en esta casa, el drama es el aire que respiramos. —¡Es que es el colmo, papá! ¡Es un insulto! —La voz de Alessia bajó desde el segundo piso como un látigo. Apareció en lo alto de la escalera, impecable como siempre, pero con ese brillo de furia que le pone las mejillas rojas. Bajó los escalones a toda prisa, haciendo que sus tacones resonaran contra el mármol con una urgencia irritante. —Ales

