La cena

2655 Words
"Si piensas que algo va a salir mal, tenlo por seguro que saldrá peor". Esa era una de las leyes de Murphy que Iolita recordaba con mayor claridad desde que se dejó llevar por toda la locura de Carolina y Janeth, con quien la mujer hizo una amistad fuerte desde que la conoció. Parecía que la hubiese adoptado porque la trataba igual que una hija, y Corso se dejaba consentir y de vez en cuando hacía berrinches cal no salirse con la suya. Lógicamente, esto generó problemas con Matías y Karina que veían a la chica como una intrusa, y pronto comenzaron a hacerle la vida imposible. La joya de la corona llegó con Olivia que se presentó un día diciendo que ella tenía una persona que –y lo enfatizó- ayudaría a Lita con la terapia. La cara que hizo la castaña cuando Carolina se negó a traer a cualquiera que ella no considerara de fiar, resultó en un enfrentamiento que ahora la tenía en la cama de su habitación por una caída de las escaleras. Lo único bueno, tal vez, fue el evitar la contratación de la enfermera sugerida por Bonares, ya que la mujer tan pronto la vio en el suelo sangrando, se desmayó y les tocó atenderla a ella primero, igual Lita sólo tenía una pequeña cortada en la frente, pero la sangre es escandalosa y eso creó un revuelo innecesario en el hogar Manjarrez. Como pudo se sentó y atrajo las muletas para caminar rumbo a la salita de estar donde quería entretenerse con algo más que la ventana de su habitación, fue difícil subir los pocos escalones del nivel, pero lo consiguió provocándole la satisfacción de haber logrado un nuevo avance en su independencia. Recorrió el pasillo con calma hasta el despacho donde abrió la puerta para dirigirse a los estantes donde Carolina colocaba los libros que no fuesen de su profesión. Lita anduvo con la mirada la colección de novelas de distintos géneros y tiempos, al final se decidió por una de misterio. Sacó el libro que se colocó bajo el brazo, y que presionaba con una de las muletas, el teléfono en su bolsillo comenzó a sonar, obligándola a detenerse, fue una sorpresa ver el nombre de Hugo Infante en la pantalla, algo debió pasar en la hacienda para que se tomará el tiempo de llamarla, y no se equivocó. Por enésima vez desde su matrimonio con Matías, Pieter solicitaba su presencia en El Edén, las cosas no marchaban muy bien con la salud del anciano, quería verla antes de morir, sin embargo, Lita no podía tomar esa decisión, todo su dinero estaba en manos de los acreedores de Karina, su cónyuge le daba menos que una miseria para comprar elementos básicos, así que la única opción era conseguir con un préstamo, y rogar que él la dejase ir. Retomó sus pasos pensando en cómo solicitar a Matías el permiso para viajar, ¿En qué momento llegó a ese punto? Se encerró en la habitación tratando de evitar cualquier entrada de Janeth o Carolina, quería estar sola, necesitaba pensar en la manera de volver a la hacienda y poder quedarse, agradecía a su suegra, pero necesitaba estar con su abuelo en un espacio que pudiese considerar como propio, ya que esa casa no lo era. Se recostó en la cama, tomó el medicamento para el dolor y a los pocos minutos se quedó dormida, era uno de los efectos que más le disgustaban, pero debía reconocer que era la mejor manera de curar el cuerpo. Los golpes en la puerta hicieron que Iolita abriera los ojos para notar que estaba a oscuras, había dormido toda la tarde. Se levantó cojeando y quitó el seguro teniendo el tiempo justo para apartarse antes de que la persona que entró la tumbara. Matías lucía disgustado, por lo visto llevaba tiempo tocando, revisó la habitación como intentando encontrar algo que Iolita no entendía, previendo una agresión, le explicó que se durmió por la medicina, al ojimiel no le hizo gracia, pero asintió. Preguntó si era capaz de mantenerse en pie y coherente para llevar una conversación. Ella dijo que sí de inmediato, era inútil negar algo de lo que pedía su esposo, porque las represalias llegarían después y en este momento era lo que menos necesitaba si quería ir donde Pieter. —Báñate y en veinte minutos te quiero lista para una cena formal, te recuerdo que es importante, y trata de no ir en muletas, un bastón de apoyo debe ser igual de eficiente. Lita asintió, por el código de vestuario podía darse el lujo de llevar una falda pantalón que cubriera el yeso, sabía que los invitados preguntarían y para evitar dar una versión diferente a la que, de seguro, Matías ya había relatado, era mejor ocultarlo. Se puso una camisa negra cuello bandeja, y recogió su cabello en un moño alto que le hacía lucir más elegante de lo que realmente podía presumir, los aretes largos acompañados de una gargantilla con un dije en forma de mariposa completaban el atuendo. Cogió el bastón que Cortés mandó que le llevaran, y con un esfuerzo se levantó tratando de colocar el peso de su cuerpo en el madero y en su otra pierna, trataría de permanecer el menor tiempo posible de pie, pero no podía evitar hacerlo en la bienvenida de los comensales. Descendió las escaleras de la gran casa Manjarrez con la intención de reflejar una alegría que no sentía, y menos cuando al ver a Matías salir de la sala, traía a Olivia de la mano con una gran sonrisa que desapareció al notar su presencia. Iolita los saludó procurando no permear ninguna emoción, era claro que su presencia sólo era un requisito por convencionalismos, más en los negocios ellos llevarían el control de la conversación. —Me alegro de que hayas llegado —dijo Matías de manera tajante mientras le hacía la señal de colocarse a su lado. No pudo moverse hasta que el roce una mano en su espalda le empujó delicadamente, al virar su cabeza vio la sonrisa de Janeth, los ojos azules le miraban tratando de transmitirle la mayor fortaleza posible, afirmó con la cabeza, descendiendo ayudada por quien cumplía el papel de enfermera. Una vez llegó donde Matías sonrió despreocupada, podía darse el lujo de actuar, llevaba los años de matrimonio fingiendo, que daba un día más. —Disculpen la demora, —pidió Lita, haciendo una leve reverencia— sin embargo, sé que Olivia me remplazaría de no haber cumplido el horario. El sarcasmo involuntario generó una mueca en Matías que la azabache decidió ignorar. Bonares extendió su mano a Lita para posteriormente saludar a Janeth que inclinó su cabeza ligeramente correspondiéndole. La voz del mayordomo interrumpió avisando la llegada de Irwing Salguero, el motivo de la reunión. De ahí en adelante la bienvenida siguió su curso demostrando que la empresa de Matías con su nuevo socio Bonares Liquors era sólida y rentable. El discurso se basó en las condiciones de la campaña para el mercado global y el capital que se invertiría. Olivia era la encargada de las finanzas en las compañías, lo que hizo que fuese el centro de atención y a quien preguntaban cada una de las posibilidades de mejorar la rentabilidad. Lita se acomodó tratando de no corregir algunas de las falencias que le darían problemas en el momento de iniciar la comercialización fuera del país, Olivia llevaba demasiado tiempo en el exterior para conocer esa normatividad, cuando escuchó una pequeña risilla de uno de los asociados, Lita intervino. Para los asistentes escuchar como la corrección de la ley de aranceles era incluida con la perspectiva de que en algunos mercados aún se trabajaba con la antigua dejó a quien se burló con un mal sabor de boca, Iolita lo conocía, siempre buscaba hundir a sus socios con la firma de contratos en donde incluía cláusulas donde dejaba constancia que de existir un problema legal, se le pagaría la inversión más una indemnización del 50% del valor total del convenio. A muchos había llevado al borde de la quiebra, incluido su abuelo. Por otro lado, Irwing Salguero se dedicó a observar las expresiones de Iolita, su ceño fruncido y la mandíbula apretada, sólo demostraban que odiaba estar ahí, era demasiado transparente. No disimulaba sus emociones y eso se convertía en un problema en el momento de actuar, porque si algo había aprendido en sus años como CEO de su empresa, es que bien fuera una cámara fotográfica o de vídeo, estos aparatos eran capaces de mostrar los secretos del alma cuando estaban en manos de alguien experto. Una vez finalizada la sesión, Matías invitó a los presentes pasar a la mesa, el grupo siguió al anfitrión que ofreció su brazo a Olivia abandonando a Lita en la sala de trabajo. —¿Fumas? —la pregunta hizo que la ojiazul volteara a ver a quien le extendía una pitillera que con amabilidad—. Debe ser difícil aguantar a la amante y quedar como un simple espectador de la felicidad de quien se ama. —¿Por qué está tan seguro que lo amó? —la respuesta fue dura, pero no cortante, ahí estaba otra vez su capacidad de no ocultar sus emociones. El hombre a su lado sonrió, Iolita ni en sus más locos sueños pensó en estar tan cerca de aquel que era una leyenda viviente, no pudo menos que se sentirse cohibida cuando le cogió la cara para detallarla. —La vida son oportunidades... eres inteligente, sacaste a Bonares de un pleito y de perder una gran fortuna —Irwing Salguero hizo una seña con su cabeza hacia la puerta por donde ingresaba Cortés que observó la escena disimulando el mal humor que le embargó. El hombre siguió su charla con una sonrisa y acariciando la mejilla de la joven Kernel que retrocedió con torpeza en la silla de la cual no se había levantado. —Eres bella, pienso que ya lo sabes, pero si dejas que ellos te controlen, serás tú misma, tu peor enemigo. Aprovecha el momento, más ahora que tienes a alguien como Janeth Corso al lado. La última frase no la entendió, pero el mensaje sobre la relación con Matías era evidente. Con ayuda del inversionista se puso en pie, para apoyada en el bastón y del brazo del hombre salir al encuentro de su esposo que preguntó si todo estaba bien. —Tiene una hermosa esposa, debería comprarle un maquillaje de mejor calidad, ya que el calor provocó que se corriera la pestañina. Matías observó el rostro de Lita para corroborar el porqué de lo que a él le pareció una caricia. No la quería, pero perderla le parecía una ofensa. Por eso, cuando no la vio en el comedor decidió devolverse para encontrarse con una escena bastante intima entre Salguero y Lita. Agradeció con un tono jovial la recomendación aclarando que la prefería al natural. La conversación casual continuó hasta acomodarse en la mesa donde Iolita ocupó el lugar junto a Matías, las frases de Irwing seguían rondándole en la cabeza como un salvavidas en medio del océano. Debía tomar otra actitud, esa que a veces dejaba vislumbrar cuando estaban en riesgo sus intereses. Con disimulo mientras servían la entrada, Iolita pormenorizó con calma a su cónyuge, no podía negar que el hombre era atractivo, Matías medía un metro ochenta y seis, según recordaba, así que siempre tenía que subir un poco la mirada para encontrarse con sus ojos de color miel. Era lo más atrayente de su rostro. Su cuerpo era delgado, pero con músculos definidos por el ejercicio, tenía entendido que en los últimos años se había aficionado al gimnasio por cuestiones de salud. Pasó sus ojos por el costoso traje que vestía, nunca estaba desarreglado, siempre elegante. Sus manos eran largas y bien cuidadas. Sin embargo, se dio cuenta que ya no le despertaba las sensaciones que en el pasado la hacían querer tenerlo siempre a su lado. Lo que le dijo a Irwing era verdad, y eso lo acababa de comprobar, no amaba a Matías. No obstante, por la amistad que alguna vez los unió, le gustaba verlo hacer expresiones como la que en ese instante tenía por degustar un licor que definitivamente no combinaba con la cena. Haciendo un gesto al mayordomo le pidió algo al oído, el hombre asintió, mientras ordenó un cambio en la mesa. Irwing sonrió satisfecho, sabía que sus palabras no habían caído en saco roto, no transcurrió mucho para que se sirviera junto con las chuletitas de cordero un Carmenére. Confirmando la temperatura, Iolita llenó primero la copa de Matías que la miraba extrañado; sin embargo, prefirió seguirle la corriente, era la primera vez que la veía entusiasmada y eso causó comentarios que elevaban su ego. Cortés agradeció el cambio de licor, aconsejando a la mesa que probaran la mezcla, se generó un ambiente diferente. La suave sonrisa en los labios de Iolita fue distinta a la mujer que en los últimos años se había convertido, el brillo de la joven Kernel que conoció en la preparatoria surgió levemente, tal vez conseguir que se embarazara no iba a ser tan difícil. La conversación llevó la reunión hasta media noche, las risas acompañaron esta parte de la velada, el encanto y sapiencia que demostraba Olivia llenó a los presentes de una completa admiración, deshaciéndose en elogios y felicitaciones para Matías por estar rodeado de mujeres bellas e inteligentes. No obstante, el teatro siempre tiene un lado oscuro, y por más que quisiera disimular, la sonrisa de Iolita desaparecía por ratos al sentir el celular vibrando en su bolsillo. Pidió permiso para retirarse al baño, momento que Janeth aprovechó para aproximarse y darle la razón de Hugo, debía contestar la llamada, Pieter se encontraba hospitalizado el dictamen médico no auguraba nada bueno. Las facciones de la menor de los Kernel cambiaron ante la noticia; sin embargo, el que respondió fue Matías que la había seguido. —Mañana hablaremos del asunto, ahora Iolita debe descansar, así que te pido que la dejes despedirse y la acompañes a su habitación. Janeth siguió la instrucción permitiendo que su amiga regresara al salón donde se disculpó por tener que retirarse, pero la incomodidad del yeso y el horario de las medicinas que ya había alterado, le obligaban a dejarlos. Los invitados aceptaron la razón y le desearon una feliz noche, el único que la siguió con la mirada fue Irwing que deseaba saber hasta dónde Matías llevaría la charada del matrimonio perfecto. Acercándose al anfitrión cambió su copa por una llena para iniciar una conversación con Cortés que modificó el semblante ante la premisa emitida por el inversionista. —Mi esposa es una mujer fuerte, una caída la puede tener cualquiera. —Claro, de lo contrario no sería capaz de compartirlo con su amante en una cena tan importante como esta —la expresión de sorpresa confirmó a Salguero que había logrado su objetivo—. Agradezco la velada compañeros, pero debo también abandonarlos, mañana viajo temprano y quiero dormir unas horas. Despidiéndose se retiró para informar a Pieter que su parte estaba hecha, esperaba poder ver a su amante tal cual como se lo prometió por más de un fin de semana, ese era el pago a sus servicios. Esa noche mientras Olivia dormía desnuda sobre su cama, Matías pensaba en como Irwing Salguero fue capaz de notar la realidad de su matrimonio, sabía que Iolita no le contaría nada por temor a un castigo, así que debía comenzar a mover las fichas de manera diferente, y si para lograr acabar con los Kernel debía aparentar ceder terreno, lo haría sin contemplaciones. Era momento de recuperar su “vida de felizmente casado”, y preñar a quien le daría el triunfo. —Estarías orgulloso de mi padre, al fin verás caer a Pieter Kernel.
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