—Llama a la señora Manjarrez, necesito que se ingrese al nuevo médico de Pieter a la nómina.
La secretaria siguió la orden de su jefe buscando mientras hablaba por teléfono los formularios que debía llenar la persona que, según logró escuchar, llegaba esa tarde con la señorita Satine.
Para Estefan Pujol esa amistad repentina entre Manjarrez y Kernel era extraña, conocía el pasado de ambos por la relación que Alejandro tuvo con Diego el padre del actual marido de Iolita, pero no sabía mucho de porque, de repente, esta mujer parecía tan importante y necesaria en lo que se relacionaba con el anciano.
Pujol firmó los documentos para que el hombre los revisara al llegar, y agilizar el proceso, necesitaba a Satine en la finca, él tenía un viaje de último momento y la única con suficientes cojones para controlar a los hombres en la cosecha. Aunque el comienzo de su relación no fue el mejor por la actitud coqueta y descarada de Coral cuando se conocieron, con los meses comprendió que esa era la máscara que utilizaba para protegerse de quienes querían una relación estable con ella.
Todos en la empresa la conocían como una femme fatale, si era verdad que se había llevado a la cama a la mitad de los hombres de la vinícola, y a varios de los socios para conseguir contratos, quedaba entre los chismes y las verdades de los pasillos, pero también como un rumor que las mujeres restaban valor por el aspecto físico de Coral.
En fin, para Estefan era su mano derecha en la hacienda, Hugo en la empresa y Elías fuera de ambos lugares, el relacionista perfecto encargado de conseguir los contratos con los distribuidores, hablaba varios idiomas, amaba la buena vida, y tenía un olfato magnífico para los negocios.
Estefan continuó revisando los datos de la hoja de vida del médico. Desde la muerte de Alejandro Kernel, Pieter se encerró en la hacienda dejando de lado muchos elementos de la distribución del vino, y sólo cuando la señora Ana Valbuena comenzó a trabajar en la ciudad fue que se reactivó la vinícola. Años después llegarían él, Sandra y Solange, con la idea de reunificar la empresa y traerla a su antigua gloria, de allí que se hizo de un buen grupo de jóvenes promesas que ya llevaban a su lado casi una década compartiendo como familia.
Marcó el teléfono de Carolina, quien después del escándalo con la muerte de su esposo en la sala previa a donde se realizaría su juicio y que el c*****r fuese quemado sin su permiso, se convirtió en una de las más prestigiosas abogadas para evitar casos como ese. Tenía entendido que Pieter le entregó como compensación gran parte del dinero que Diego había estafado a la empresa, y dejó claro que ella jamás estuvo involucrada. En ese instante de ella conocía que era la suegra de Iolita, que odiaba a Karina, su consuegra, pero que vivían juntas en la misma casa. Era la CEO de un bufete de abogados e invertía en la bolsa, era una gran conferencista, y bajo su cargo tenía las cuentas de grandes agencias de modelos y productoras de televisión, siendo el Derecho comercial y labor su fuerte.
La conversación después de los saludos reglamentarios buscaba establecer las condiciones del contrato, ella lo recomendaba y sabía que Pieter y Ana le dieron carta blanca con respecto a ese joven, así que quería saber hasta dónde podía exigirle o simplemente debía dejarlo actuar libre y que la médica se hiciera cargo.
—Bien, según la carpeta que mandó hoy llega y de inmediato se trasladara a la hacienda, sin embargo, debe pasar a formalizar el contrato, por eso vendrá con Satine. ¿Algo que agregar a lo que le envié?
—Así está bien, Ana le dará las indicaciones, aunque si desea ocuparlo para exámenes o algo del personal de la hacienda, puede hacerlo sin problema. Lo otro es…
El tono de Carolina cambió a uno que parecía no estar segura de cómo decir lo que necesitaba, Estefan esperó que no fuese alguna petición extraña o advertencia de lo que el hombre le gustaba algo raro.
—Necesito que estés al tanto de que Yanni viene a quedarse, él preparará a Pieter para la llegada de Iolita, quiero que comprendas que ella va a necesitar de todo el apoyo posible tanto para lidiar con la enfermedad y posible muerte de su abuelo, como con lo que eso significa.
A Estefan eso no le hizo gracia, odiaba a esa mujer, ahora venían a decirle que la muchachita venía prácticamente a recoger la herencia casi inexistente, o más bien, a destruir lo poco que, tras años de arduo trabajo, él y sus amigos lograron construir.
No respondió a la insinuación, se despidió y al colgar quedó mirando la puerta, así que el mediquito era un “espía” del matrimonio Cortés Kernel, le daría la oportunidad de mostrar sus cartas y luego, si veía que eran negativas para la estabilidad de Pieter, lo sacaría del camino, nadie le haría daño a su familia. Además, tenía a la persona perfecta para enloquecerlo sin que se diera cuenta, pronto conocería a la mujer que podía hacerle la vida pedacitos, Satine Coral.
Estefan salió del edificio con dirección al parqueadero, ese día tendría una deliciosa cena esperándolo con una de las mejores inversionistas extranjera, la dulce Mariana Biassini era una de las conquistas que más le quitaba la tensión del trabajo, las ventajas del amor sin compromisos que alguien con la que se veía cada vez que había oportunidad le daba también la libertad de no atarse, y ser para Solange el padre perfecto que guardaba el recuerdo de su madre. Era consciente que su hija no le perdonaría que estuviese con otra mujer, para ella la única perfecta sería por siempre Sandra.
A lo lejos vio a la castaña que lo esperaba, desde la primera vez que se vieron compartían un vínculo que, con el riesgo de perder a su retoño, se solidificó haciéndolo entender que su “infidelidad” al recuerdo de su fallecida esposa no era errada, él debía seguir adelante, y tarde o temprano. Llevaba desde los veintiséis años viudo, pronto su hija se marcharía y a lo que más le temía era a la soledad, y vivir de los fantasmas, el espejo perfecto de esa realidad lo tenía en Pieter, Estefan sabía que no lo resistiría.
Los labios de Marina lo trajeron a la realidad, respondió con un beso más demandante, que dejó a la mujer extrañada porque normalmente ella era la que marcaba el ritmo, pero al deslizar su mano por la entrepierna de Pujol rió con suspicacia.
— ¿No crees que es demasiado temprano para esto? —la erección en su pantalón dejó en evidencia sus pensamientos.
Estefan llevó la mano de la mujer a su m*****o con toda la intención de mostrarle que lo que menos quería era trabajar.
—Ves lo que despiertas en mi —dijo atrayéndola hacia sí— vamos a un hotel, quiero tenerte todo el día para mí, mañana haremos el trabajo en la vinícola.
La respuesta de Mariana le permitió sentir como si volviese a sus escapadas adolescentes, entraron riendo mientras eran observados por la recepcionista que por lo visto asumió que eran amantes, ya que la frase "completa privacidad y reserva" fue señalada antes de entregarles la llave.
En la habitación Estefan Pujol despojó a su amante ocasional de las prendas con total delicadeza; Mariana era una mujer joven, sin una pareja establecida y sin hijos, a sus veintiséis años se catalogaba como una de las nuevas líderes de los mercados virtuales, y eso convenía a la vinícola. No obstante, aquí no tenía la profesional, sino a la perfecta amante.
En la cama recreó con besos cada una de las curvas de la castaña que yacía bajo él anhelante y repitiéndole que lo deseaba, y Estefan le correspondía sin mentiras, pero de pronto su mente comenzó a jugarle con una imagen sin rostro y una voz que lo llamaba a despertar sus más bajos instintos, algo que Mariana no podía brindarle.
Pidiéndole perdón entre besos por la forma como se comportó, Pujol recibió un entrecortado “idiota” por parte de la mujer que se sentía complacida por ser el objeto de deseo de quien muchas querían en su cama. Si jugaba bien sus fichas, Mariana esperaba poder tener pronto una propuesta de matrimonio, una ventaja de su trabajo, podía ejercerlo desde cualquier lugar del mundo.
Estefan siguió superponiendo mentalmente la ilusión de Poisson sobre la de Biassini, mordió sus labios, el recuerdo de la voz convirtió su ósculo en algo salvaje y necesitado, una vez más “ella” se apoderó de su deseo.
Marina y él gritaron al llegar juntos al clímax. Estefan la besa y murmuran al unisonó que quieren más. Sabe que es cierto, pero el placer tiene varias caras, y el castaño comparte con ella la más segura de todas.
Se dirigen a bañarse, entre risas y juegos inician un nuevo encuentro, uno menos pasional, uno que es digno y únicamente para Mariana, uno que expresa lealtad y confianza. Cierran la puerta sin darse cuenta del celular que anuncia un mensaje de Hugo:
“Llámame, hay un problema con Pieter”.