No me parece haber bebido tanto como para imaginar cosas. No estoy acostumbrada como antes, era cierto, pero me negaba a aceptar que me había hecho efecto tan rápido e imaginar cosas.
Giró un poco para verlo mejor, pero justo alguien se atraviesa y no me deja, pero lo escucho hablar, esa voz es inconfundible, me paralizo por unos segundos. Siento que la respiración se entrecorta, y mis nervios aumentan a mil. El bartender me da el agua y salgo lo más rápido que puedo esquivando para que no me vea. No me iba a quedar a corroborar si era él. Me dirijo a la mesa donde se encuentran las chicas.
Llegó y no puedo disimular mí malestar, siento como si me hubiera bajado la presión, las piernas parecen gelatinas.
Años que no escuchaba y no veía al padre de mí hijo.
Trato de relajarme y quiero pensar que no me vió, seguro no me vió. Pero, ¿qué hace en esta ciudad?. Si está acá seguramente en algún momento nos vamos a encontrar. Y, ¿si me ve con Lauty? No, no puede ser cierto.
Todos estos pensamientos en vez de calmarme me alteraban más. Tengo que salir de aquí en este preciso instante. Tengo que evitar que me vea a toda costa. Busco a Zoe con la mirada y no la encuentro.
¿Dónde estás Zoe? pregunto para mí.
Mí amiga hace acto de presencia, al parecer está molesta.
—¿Qué te sucede? —pregunta analizando con la mirada fija en mí, mi amiga.
Me mira con intriga, eso me hace pensar en cómo estaré para que me vea de esa forma, yo sentía que mí cuerpo temblaba, y mis ojos no podían aguantar las lágrimas, luchaban para no deslizarse.
—Quiero, quiero irme.. a casa por favor —suelto un ruego acongojado
—Mí amiga me escudriña preocupada y suelta.
—Okey, vamos —se acerca a la mesa toma la cartera y la campera que estaban colgadas en el respaldo de la silla, y se coloca la campera, yo como puedo imito su acción.
—Yo regreso a casa con las chicas, tenemos que hablar todavía con el dueño, y Alex dijo que nos lo iba a presentar cuando termine de tocar — explica Mica aproximándose a nosotras, me mira dudosa, pero no dice nada.
—Ok cuídate, mucho cuidado —repite advirtiendo —, en casa nos volvemos a ver. Si por casualidad se aparece el imbécil de tu cuñado no me viste, no sabes nada de mí —le advierte, y Mica asiente con un movimiento de cabeza.
¿Qué pasó? ¿Qué hace Nick aquí? Quiero preguntar pero no puedo articular palabras alguna.
Caminamos hasta salir del lugar, afuera hace frío, temblamos pero no sé si es por el frío o por lo que pasó allí dentro.
Caminamos hasta el estacionamiento en completo silencio, y entramos al auto.
Zoe arrancó el auto sin decir ni esbozar palabras. Siento que de vez en cuando me mira de reojo preocupada.
Siento que repite mí nombre, logro reaccionar y la miro —. Qué ocurrió ahí adentro, confía en mí —no puedo articular palabras —, cuando lleguemos a tu casa me contás —explica mí amiga y yo sólo asiento.
Quizás soy una exagerada pero él no sabe que tiene un hijo y tengo miedo del qué hará cuando se entere. Tengo miedo que me lo quite, se que sueno a paranoia. Pero temo su reacción.
Él ya tiene una familia, la eligió a ella. Y no quiero arruinar la felicidad de nadie. ¿Qué pensarían de él?
El auto se detiene en mí casa, camino hasta la entrada, busco las llaves en mí bolo torpemente.
Entro y me desplomó en el sillón, me cubrí la cara con las manos. Escucho que Zoe entra y cierra la puerta con seguro, se adentra a la cocina.
En estos momentos pienso, en que bueno que no esté mí hijo en casa, no quiero que me vea así.
No puedo dejar de temblar.
Muchas veces imaginé encontrarlo, lo que nunca pensé fue en mí reacción, como actuaría yo.
Imaginé en un par de años, un Lautaro ya mayor, caminando junto a mí, y a él con su familia, él me presentaría a su familia y yo le presentaría a mí hijo y él a los suyos, y que sin una palabra al verlo, se diera cuenta de que era su hijo, pero al estar rodeado por su familia no podría decir nada. Y ésa sería la última vez que lo viera. Sí muchas telenovelas. O la otra opción era nunca más verlo.
Pero la vida no es como uno se la imagina. Y ahora estaba yo víctima de mí mentira, culpable de mí huida. De no contarle la verdad, porque a veces pensaba que él tenía que haberlo sabido. Pero él ya había elegido, y no era a mí. Pero quizás elegía ser padre, cosa que en ese momento no me lo había planteado. Porque en ese momento si elegía a el niño elegía al combo completo, y yo no estaba dispuesta a mendigar amor por lástima. A aferrarlo a mí por un hijo, que me odié, que nos odié, por obligarlo a quedarse.
Zoe trae una taza de té de tilo para ella y para mí, está caliente, lo sé por el humo que emanaba y era reconfortante. Se sienta a mi lado, sin decir una palabra. Agradecía al cielo tener una amiga así.
Me la ofrece, y yo agarro la taza con mis dos manos, quería sentarme protegida por esa calidad taza. Espero unos segundos tomo un sorbo de té y la miro.
Suelto un suspiro ahogado —Estaba ahí, estaba ahí Zoe —digo temblando.
—¿De quién hablas? —Pregunta no entendiendo a quien me refería.
—Al padre de mí hijo —suelto.
Abre los ojos como plato sorprendida.
—¿Vos viste que él te vió? —Pregunta un poco asustada.
—Quiero creer que no, pero yo lo ví, estaba ahí —manifiesto nerviosa.
—Amiga estás segura —Pregunta incrédula.
—Sí totalmente segura —aseguro.
—Vamos a calmarnos, ¿sí? —me acaricia el brazo demostrando apoyo —capaz que él no te vio. Según me dijiste no era malo solo un embustero de lo peor —trata de consolarme.
—¿Y si se entera de Lautaro y me lo quiere sacar? ¿Qué si sucede eso amiga? Porque no se lo conté cuando me enteré de mí. embarazo —lamento melancólica.
—Cande —hace que la vea —, no va a hacer tal cosa, sos su madre. Dijiste que no te vió, entonces no pasa nada. Estoy segura que te confundiste, escuchaste una voz parecida. Las luces eran bajas y no se veía con claridad. El lugar estaba lleno. Me explicaste que vivía en otro lugar, dónde estaban tus abuelos, eso está lejos de aquí. Seguro fue una confusión, me parece mucha casualidad —me hace entrar en razón.
Sus palabras me tranquilizan quizás sea alguien parecido con la voz parecida —Tenés razón —sonrío aliviada —, no puede ser posible que estemos los dos en el mismo lugar —razono —, gracias Zoe, disculpa por desbaratar tu noche de relación.
—No pasa nada, de hecho ya lo estaba —pone los ojos en blanco.
—¿Por qué que pasó? —inquiero.
—Antes que nada, quiero saber algo y que seas honesta conmigo —declara con firmeza —. Cuál es el verdadero motivo por el cual te pusiste así —inquiere —, ¿él en alguna oportunidad te levanto la mano, te maltrato de alguna otra forma? —cuestiona intrigada.
—La verdad nunca… —pienso unos instantes, fue muy bueno, hasta mintiendo lo fue en realidad —. Si creo que exageré, pero me dió miedo que si se enterase me quiera quitar a Lautaro, acordarte que huí sin decirle nada de mí embarazo. No sé qué haría sin mí bebé. Mintió rompió mi corazón en mil pedazos, yo como una tonta me deje engañar. Pero era bueno, jamás maltrato. Además seguro se casó seguro y tiene más hijos —recuerdo —. Si se enterase no va a querer más responsabilidad —trato de minimizar mí miedo —. Ahora que pasó está noche para decir que la pasaste mal —cambio de tema, no quiero darle más vueltas al asunto.
Tomamos de nuestra bebidas calentitas, y me cuenta todo lo que pasó con su esposo.
Que lo vió con una pelirroja según ella muy juntos, que empezó a bailar con un chico luego llegó él, y le hizo una escena, discutieron. ¿Por qué esos dos no estaban juntos y ya? La tensión s****l que había entre ambos era evidente. Esas escenas eran absurdas, él la celaba, ella lo celaba, discutían, se convertía en un círculo vicioso.
¿Qué ganaban? Nada, perdían, perdían tiempo juntos.
Pero, ¿qué hacía él con alguien más?
Después de relatar todo, mientras terminamos nuestra taza de té. Esa noche mí amiga se quedó conmigo a dormir. Apoyándome agradecía tener una amiga así.
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