Capítulo 3

2264 Words
 Hoy es domingo, nuestro día de descanso y, Marcus y yo, estamos en el parque. Caminamos hacia una heladería para calmar un poco el calor corporal y esta vez pretendo pagar yo, porque siempre que salimos él es quien paga todo. Marcus es un caballero, en verdad, me ha ayudado a valorarme tal como soy; no me lo dice, pero lo demuestra y sus palabras generosas, me hacen sentir como lo que soy, una mujer. —Vamos, pide —dice, mirándome—. ¿De qué sabor quieres? —¿Me podría dar uno de fresa? —solicito mi sabor favorito y el hombre que nos atiende, asiente. —Yo quiero uno de vainilla —pide Marcus. Al cabo de unos segundos, el hombre nos entrega el pedido. —Aquí tienen —dice y nos entrega los helados. Aprovecho que Marcus tiene sus manos ocupadas para pagarle los helados al hombre. —Tenga, señor. —Extiendo la mano con el dinero. —¡Wow! —exclama sorprendido el hombre, mientras acepta el dinero—. Joven, tiene una novia muy bonita y amable. Sus palabras me hacen ruborizar y me ponen nerviosa, por lo que insinúan. —Tiene razón, es muy bonita y amable. —Marcus apoya las palabras del hombre. Por un momento pienso que negaría esa relación, pero solo me mira coqueto. —Aquí tiene su cambio —dice el desconocido y me entrega el cambio. Seguimos nuestro camino, cuando vuelve a llamar nuestra atención—. ¡Joven! Cuide mucho a su novia. Los dos volteamos a verlo y él mira a Marcus, con una sonrisa. —Gracias. —Asiente el aludido. Nos alejamos y nos sentamos en una banca para poder comer nuestro helado con tranquilidad, mientras observamos a unos niños jugar. —Adoro estos días, me relajan mucho —comenta. —Tienes razón, hacer esto me hace olvidar mis problemas por al menos unos minutos —aseguro, pensativa. En este último tiempo juntos, hemos aprendido a confiarnos todo, por lo que pude contarle sobre mi vida y todos los problemas que cargo, incluso, de la deuda que me dejaron mis tíos y que tanto me agobia. —No te preocupes, pronto la terminarás de pagar y podrás estudiar, como tanto anhelas —asegura, al entender el motivo de mis palabras. —Espero que ese día llegue pronto —murmuro, con esperanza de alcanzar mis sueños—. Quiero acabar con esa deuda y poder estudiar. —Lo lograrás —promete y nos quedamos en silencio. Yo, pienso y ruego, para que sus palabras se cumplan. Pasamos una tarde agradable. A Marcus y a mí nos encanta conocer la ciudad, es por ello que cada vez que nos alcanza el tiempo, la recorremos y aprendemos a conocerla. Al llegar el final del día, Marcus me acompaña hasta mi pequeño departamento. —Nos vemos mañana, descansa. —Me despido de él. Cuando pretendo seguir, Marcus vocea mi nombre y me detengo. —¡Ada, espera! —Mientras espero, no me muevo. Noto que lo que quiere decir, le cuesta mucho, porque lo piensa y cuando se decide, respira profundo—. Me gustaría invitarte a una fiesta de bienvenida que le harán a mi hermana; será solo una cena en la casa de mis padres. Quiero saber si te gustaría venir conmigo —murmura y juega con sus manos, nervioso. Se siente un poco raro, pero Marcus ha sido un buen amigo y ha logrado ganarse mi confianza. Sin dudarlo acepto su invitación. —Me gustaría asistir —afirmo y le sonrío. —Ok, la cena es el sábado que viene. Puedo pasar por ti a las siete de la noche —comenta sonriente también y emocionado por mi respuesta afirmativa. —Ok, estaré lista a esa hora. —Me voy —dice, pero antes de hacerlo, se acerca a mí, demasiado a decir verdad. Con sus manos sostiene mi cabeza y deposita un pequeño, delicado y suave beso en mi frente. Despega sus labios, pero no quita sus manos—. Descansa bien. Me mira fijamente a los ojos, mientras susurra sus últimas palabras. Luego se aleja y me deja desconcertada por su acción. Nunca antes habían besado mi frente y, mucho menos, de la manera tan dulce en que acaba de hacerlo él. Mis mejillas arden y es la señal que demuestra que estoy ruborizada. Siento como mis nervios se presentan, porque mi corazón empieza a latir demasiado rápido y en mi estómago se asientan unas pequeñas cosquillas. Todo esto es tan extraño e irreal, que por un momento pienso si esto que siento son las famosas mariposas de las que todo el mundo habla cuando hay alguien que te gusta. —¡No, Ada!, ¡esto, no!, Marcus solo es un amigo y te ve de esa forma, solo es eso. No te hagas pensamientos que no son —susurro en voz baja, como un reclamo a mis propios sentimientos y al camino que toman mis pensamientos. Reacciono y me meto a mi departamento, pero aún tengo el pulso acelerado, por lo que trato de tranquilizarme. Me cambio de ropa y me pongo un pijama. Me acuesto en la cama y trato de dormir; pero mis pensamientos no me dejan, solo doy vueltas y desacomodo las cobijas. Desesperada, cierro los ojos y me imagino a Marcus, su atractivo físico y su sonrisa sincera. De tanto pensar, al final caigo rendida, pero me toma dos eternas horas para hacerlo. La semana pasa rápido y cada día, mis nervios son mayores, ansiosa por la llegada del día esperado. Y no es solo que tenga miedo de no agradar a su familia, es que ahora me pongo nerviosa cada vez que Marcus se me acerca. Intento evadir su mirada, pero siempre terminamos mirándonos intensamente. A veces, de lo cerca que está, tengo que aguantar la respiración para que mi pulso no se altere, aunque pocas veces funciona. Algo cambió desde ese beso y ahora se me hace difícil volver a la antigua normalidad. —Aquí te dejo —dice en cuanto llegamos a la entrada del edificio donde vivo—, acuérdate que mañana paso por ti para ir a la cena con mis padres. —Sí, Marcus —murmuro con una sonrisa—, toda la semana me lo has estado recordado. —Tienes razón —exclama nervioso y rasca su cabeza, una sonrisa resignada se forma en sus labios—, aun así, te lo digo por si se te olvida. Alza sus hombros despreocupado y me provoca una sonrisa. —Ok, mañana te veo —aseguro y me río de él. —¿Hasta la noche? —pregunta, achicando los ojos y muerde su labio en un gesto ansioso—. ¿No podemos vernos antes? No sé; ir al cine, comer tortas de pescado. —Marcus, ya hicimos todo eso  —le recuerdo y lo miro divertida. —Cierto. —Ríe nervioso—. Entonces, hasta mañana en la noche. Su suspiro resignado me da ternura y me despido con una sonrisa amable dibujada en mi rostro —Hasta mañana en la noche. —Ok, descansa —pide y cuando yo me volteo para entrar al edificio, gira mi cabeza, para darme un beso en la mejilla. Luego sale corriendo. Su actitud juguetona me hace sentir, de nuevo, mariposas en el estómago. Estoy empezando a creer que Marcus realmente me gusta; pero  no quiero que me lastimen, por tanto, debo aclarar bien mis sentimientos. Confío en que él no es ese tipo de hombre, pero puede suceder, que solo me vea como una hermana menor a la que debe proteger y no como una mujer a su lado. En la noche, me la paso pensando en que debo gastar un poco de dinero para comprar algo adecuado para la ocasión; no tengo nada decente que ponerme para ir a esa comida con sus padres, pero quiero estar presentable y no dar lástima. Decido entonces, salir temprano del departamento para poder comprar todo lo necesario. Mientras camino, veo varias tiendas de ropa, todas muy caras. Los vestidos, algunos son muy exagerados, escotados o cortos. Los que me agradan, resulta que no son adecuados para una cena, así que entro a una tienda y decido pedir ayuda. —Buenas tardes, señorita. ¿En que la puedo ayudar? —La joven chica me observa y en su rostro puedo deducir que duda de mi género, pero no le doy importancia. —Busco algo para una cena. —¿Una cena? —Sí, quiero algo que sea muy bonito, pero no tan extravagante —explico. —¿Desea un conjunto o un vestido? —¿Qué me recomienda? —pregunto, al no estar segura. —Si es una cena, lo más usual a utilizar es un vestido. —Ok, un vestido —determino. —Enseguida le muestro algunos, espere un momento. La chica se va. La verdad es que nunca he usado un vestido, será algo nuevo para mí y debo verme más femenina en la cena. Marcus tiene razón, soy bonita y solo debo arreglarme para serlo aún más. «Bueno, eso es lo que él dice». —Mire, señorita, tengo estos. —La chica me muestra un par de vestidos de diferente color. —¿Le puedo pedir un favor? —pregunto, nerviosa. —Por supuesto. —¿Me puede dar su opinión? La más sincera opinión. —Necesito ayuda en esto, no soy experta. —Por supuesto, póngase este —indica. Me extiende un vestido color rojo, entro al vestidor, me quito la ropa y me coloco el vestido. A mi parecer es muy llamativo y el escote que tiene en el pecho es muy revelador. Salgo del vestidor y la trabajadora del lugar me escanea antes de hablar. —Es muy bonito, le queda bien. Tiene una bonita figura, aunque el color es muy llamativo. Pruébese el siguiente. Me entrega otro vestido, es de color n***o y muy ajustado; cuando lo coloco en mi cuerpo queda muy ceñido a mi figura, me siento como una paleta envuelta. —¡Se ve genial! Le queda muy bien a su cuerpo. —¿En serio? —Me asombro ante su halago. —Sí, pero está muy sencillo. Mejor este, creo que es el indicado. Me meto de nuevo al vestuario y cambio de vestido. Este me agrada más que los anteriores, es de color rosa palo y liso, pero la falda es con vuelo y la parte de la espalda tiene un profundo escote; prefiero que se vea mi espalda y no mis pechos y en la parte frontal tiene un escote en "V" que no es tan revelador. —¡Este es el indicado! —dice la chica. La verdad, estoy de acuerdo con ella y lo compro. Entro a casa y empiezo a limpiar el departamento, aún tengo tiempo para arreglarme y comer, además, me gusta tener todo limpio y ordenado. Después de terminar todos los quehaceres de la casa,  me restan tres horas para arreglarme. —Manos a la obra. Entro primero a la ducha, cepillo bien mis dientes y lavo con delicadeza mi cuerpo; siento que me baño como una princesa con piel delicada. Al terminar de bañarme, me seco el cabello para comenzar a colocar un poco de maquillaje. Al principio me cuesta trabajo, nunca me he maquillado, pero viendo tutoriales aprendo lo básico y lo logro. Tengo mis pestañas rizadas con rímel, mis ojos delineados para verse más grandes, aplico un poco de base en mi cara y un poco de polvo. Al final, pinto mis labios con un labial color rosa. Me levanto del tocador y busco el vestido que está colgado de un gancho en mi ropero, lo tomo y me lo pongo. Por último, me pongo unas zapatillas de punta con un tacón no muy alto, no estoy acostumbrada a usar estas cosas. Me miro en el espejo y no me reconozco, estoy diferente. «¿Esta soy yo?», me pregunto sorprendida con el resultado. En mis labios se forma una sonrisa y me doy cuenta que debo valorarme como soy; me siento segura de mí misma, sea como sea, arreglada o no arreglada, me siento orgullosa de mí. Llaman a la puerta de mi departamento, lo que me indica que Marcus ya llego por mí. Así que, a toda prisa, tomo el bolso que  junto con el vestido y salgo del departamento. —¡Oh! ¿Ada, eres tú? —Un arreglado Marcus se impacta al verme. —Sí, soy yo. —Estás más hermosa. ¡Wow! Me sorprendes —balbucea sin parar. —Gracias… —asiento, colorada por los cumplidos—. Vamos, nos están esperando. Marcus toma mi mano y hace que mi brazo se enrolle con el suyo. Con delicadeza me subo a un auto que no reconozco y le pregunto antes de que subamos. —Este auto es de mi hermano, se lo pedí prestado para venir por ti —explica. —Entiendo. —Vámonos, nos esperan —dice, entusiasmado. Después de que Marcus entra al auto, enciende el motor y comienza a manejar hacia la casa de sus padres. *** En otro lugar. —Señor, ¿qué tal ve a la chica? —¡Es perfecta! —Es más de lo que yo buscaba. —Si es de su agrado, solo dígame cuando traerla. —Solo hay que esperar un poco más. Ella vendrá por sí misma. «No cabe duda que esta chica es diferente, perfecta para lo que necesito», pienso, calculador.   
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