Capítulo 4

1925 Words
 Solo bastaron unos minutos para llegar a nuestro destino. La casa de Marcus, hogareña y con una increíble decoración, se siente cálida para una gran familia. Entramos y me rodeo con las sensaciones, nos dirigimos a la parte trasera de la casa y es entonces, cuando veo a las personas adornando el lugar. Su familia, al percatarse de nosotros, saludan a Marcus y él me presenta a todos; sus padres y sus dos hermanos, con sus esposas e hijos. —Un gusto conocerlos —saludo a todos. —Hola, linda. —Me sonríe la mujer—. Oye Marcus, no me habías dicho que tenías una amiga así de bonita y bien educada —dice su madre. —Mamá, no la intimides —se queja mi amigo. —Es la verdad, es muy bonita, parece una muñequita. —Sus palabras me ruborizan. —Déjenla en paz, la van a asustar —interviene el padre de Marcus. —Hay que prepararnos, pronto va a llegar nuestra hermana —habla uno de los hermanos. Todos asienten y acomodamos el pastel, los globos que compraron y la comida que cocinó la mamá de Marcus. Nos escondemos cuando escuchamos el ruido de un auto estacionarse frente de la casa. El lugar se queda en silencio y en pocos segundos, entra la hermana de Marcus; todos gritan —sorpresa—.  La joven y morena mujer se sorprende y llora de la emoción. —Bienvenida a casa, hija, te extrañamos mucho. —Le da un gran abrazo su padre. —Bienvenida, pequeña Rose —continúa Marcus. —¡Marcus! Te extrañé, hermano —chilla emocionada. Rose se acerca a su hermano para darle un abrazo, todos se unen, incluso sus sobrinos, lo que me muestra una gran foto familiar. La chica se percata de mi presencia, que estoy a unos pasos de ellos, de pie y mirándolos. —¿Quién es ella? —pregunta. —Ella es Ada, una amiga del trabajo —explica su hermano. —Hola Ada, mucho gusto, soy Rose —saluda. Se muestra ante mí muy linda y amable, como toda su familia. —Hola Rose, gusto en conocerte. —Sonrío. Le extiendo la mano y la acepta junto con una sonrisa. —Dices que es tu amiga —habla mirando a Marcus, con una expresión divertida. —Sí, es mi amiga. —Asiente Marcus. —No creo que sea una amiga. —Suelta una carcajada y alza las cejas en modo juguetón. —¡Rose! Es mi amiga. —Marcus se pone incómodo ante el comentario de su hermana; al igual yo. —Pasemos a comer —interrumpe su madre y yo suspiro de alivio, por el cambio de tema. Todos toman sus respectivos lugares en la mesa y la mamá de Marcus comienza a repartir la comida. Mientras comemos, disfrutamos y reímos con las historias de Rose durante su viaje a Brasil. Todo va bien, me siento como en familia; ya había olvidado lo que es sentirse rodeada de personas que te quieren. Entre risas y plática, pasan las horas. Ya es tarde y debo regresar a casa, porque mañana no me podré levantar temprano. —Es tarde, llevaré a Ada a su casa —anuncia mi amigo. —Hijo, conduce con cuidado y llévala sana y salva a su casa—dice la madre, dirigiéndose a Marcus, luego se voltea para mirarme a mí—: Un gusto tenerte con nosotros Ada, espero verte de nuevo. —Gracias. Con gusto vendré, si ustedes me lo permiten. —Esta es tu casa, puedes venir cuando tú quieras. Le sonrío, agradeciéndole por sus palabras, ella devuelve el gesto y me doy cuenta, que tiene la misma sonrisa que Marcus. —Me tengo que ir. Estoy cansada y mañana hay que trabajar. Gracias a todos, la pasé muy bien. —Me despido con un gesto de la mano. —¡Espera Ada! —Rose, la hermana pequeña de la familia, me detiene. Se levanta de su lugar y busca algo entre sus cosas; luego me entrega una bolsa de regalo, de las cosas que trajo de Brasil—.Este es para ti. —Rose, gracias, pero no puedo aceptarlo. —Mis mejillas se encienden con vergüenza. —Tómalo como una bienvenida —insiste ella, alegre. No puedo rechazar un regalo, así que, apenada, lo tomo. —Gracias, Rose. —Ve a casa y descansa, espero verte de nuevo —dice y me guiña un ojo. —¡Bye! —Le doy un abrazo a Rose por el regalo y me despido de nuevo con la mano. Llegamos a mi departamento y como siempre, Marcus me deja justo en mi puerta y me da un beso en la frente, mientras me desea dulces sueños. Al día siguiente, me levanto pensando en que el cuento de Cenicienta terminó, ahora tengo que regresar a ser la misma Ada de siempre. Llego al trabajo y empiezo con mis labores. —Ada, te busca un cliente —habla el jefe. —¡Voy! —grito. Dejo de aceitar el motor y voy con el señor Ruiz. —Ada, él es el señor Miller —dice mi jefe y señala a otro hombre. Lo miro, con traje elegante y prendas a la vista caras, me doy cuenta que es alguien importante y con dinero—. Vino por recomendación directa, para que le arregles su auto. El hombre asiente, mirándome. —Me recomendaron con usted, dicen que hace bien su trabajo —menciona. —Muchas gracias por confiar en mí. Claro que sí, yo puedo arreglar su auto. ¿Para cuándo lo necesita? —En dos semanas. —Perfecto. En dos semanas su auto está arreglado —garantizo. —No tengo más que decir, muchas gracias señorita. El señor se retira y yo continúo con mi trabajo. *** Durante estas dos semanas lo único que hago es arreglar autos. El señor Miller viene por el suyo y queda convencido con el trabajo hecho; tanto, que después vienen más personas solicitando mis servicios por recomendación suya. Sin embargo, también necesito descansar y desconectar un poco, por lo que ahora estoy con Marcus cenando en un puesto de hot dogs. —Estoy muy orgulloso de ti, nunca había conocido a una chica valiente, honrada y tan hermosa —habla Marcus, pero lo hace con la boca llena y yo me río. —Gracias, Marcus. Termina de masticar, pasa bocado y se limpia con una servilleta de papel. —¡Oye, tengo algo que decirte! —exclama, de repente. —¿Qué sucede? —¿Te acuerdas de mi hermana Rose? —Sí, me acuerdo de ella. Cómo no recordarla, la chica amable que me regaló maquillaje hecho en Latinoamérica. —Rose va a regresar a Brasil; quiere que vaya con ella y que cumpla mi sueño de ser arquitecto. Me consiguió una beca en la escuela donde ella estudia. Me da gusto escuchar lo que dice, pero no sé qué decir. Debería sentirme feliz por él, pero en estos momentos, no sé si sentirme bien o mal. —Quiero aprovechar esta oportunidad, pero me acabo de dar cuenta de algo muy importante —dice y en su rostro se dibuja una expresión extraña—. Desde que te conocí, siempre te mostraste como lo que eres, la persona más amable, cariñosa, tierna y bonita que he conocido. Me gustas mucho. —¿Te gusto? —pregunto, su confesión me pone nerviosa. Mi corazón explota de alegría al saber que la persona que me gusta, me corresponde. —Sí, Ada, me gustas mucho y no quiero perderte; eres muy importante para mí, pero te lo dije demasiado tarde. Ahora quiero aprovechar la oportunidad que me ofrecieron en Brasil, pero no quiero dejarte sola. «Es momento de decir lo que siento». Respiro aire profundamente, hasta llenar mis pulmones y lo expulso lentamente. —Marcus, tú también me gustas. Al escuchar mis palabras se le forma una enorme sonrisa en su rostro. Se levanta de la silla y se me acerca, me levanta del asiento y me carga, dando vueltas de felicidad. —Ada, te quiero. En verdad te lo digo. Me baja y con emoción rodea mi rostro con sus manos; poco a poco se acerca a mí, hasta que nuestros labios se tocan. «Mi primer beso». Su beso me hace perder la noción del tiempo; al igual las palabras que pronunció, que nunca antes había escuchado. Me dejo llevar por los sentimientos, por las cosquillas que siento en mi estómago. Soy torpe en esto, pero Marcus como todo un caballero, no me exige; solo nuestros labios se tocan, no más. El beso dura unos segundos, nos separamos y nos quedamos mirándonos fijamente. —Ada no quiero que te alejes de mí, pero quiero ir a estudiar. —Marcus, respeto tu decisión. Si quieres ir a Brasil, adelante, no te detendré —aseguro—. Cumple tu sueño, yo estaré bien. Te esperaré aquí en Chicago. —Por esto me gustas tanto, eres muy comprensiva. Y vuelve a juntar nuestros labios. Esta vez él toma la iniciativa de moverlos y nerviosa, muevo los míos. Aunque no creo que bese bien, a Marcus le gusta. El tiempo que nos queda de estar juntos antes de que Marcus deba irse, lo aprovechamos como todos nuestros días, con normalidad. Lo único diferente es que somos más cariñosos, como una pareja. Los del trabajo se enteran y nos felicitan, al igual que el señor Ruiz, pero al final, nuestro tiempo se agota. Ya Marcus debe partir hacia Brasil en compañía de su hermana Rose, así que, nos encontramos en el aeropuerto junto a la familia Emerson. —Te llamaré todos los días. Te voy a extrañar demasiado —declara, entristecido por su partida. —También te extrañaré. Y esperaré tus llamadas —digo, con ojos llorosos y volteo para ver a Rose—. Cuídalo mucho y aléjalo de cualquier brasileña de buenas curvas, ¿ok? Reímos, para aligerar el ambiente. —No te preocupes por eso —asegura y mira a su hermano—. Ya tenemos que irnos o el avión nos dejará. Me sonríe y se aleja de nosotros, dirigiéndose a su madre, que la abraza por última vez. —Ada, te prometo que regresaré, vendré por ti y nos casaremos. —Marcus toma mis manos entre las suyas. —Te esperaré, hasta entonces. Me da un último beso y se aleja junto a su hermana. —Te amo, Ada. ¡Espérame, te prometo que regresaré! Asiento, con una sonrisa triste. Y es la última vez que lo veo, antes de abordar el avión. —Claro que te esperaré. No importa cuánto tiempo pase —susurro para mí misma. Regreso a casa, a hacer con mi vida lo mismo de siempre.   *** Días antes, en el puesto de Hot Dogs. —¿Quién es el tipo que está con ella? —pregunto, frunciendo el ceño. Veo como ese tipo abraza a la chica y le da vueltas en el aire. Están felices. —En la investigación dice que es un compañero de trabajo —explica. Una risa sarcástica sale se mí, al verlos juntar sus labios. —Que buen compañero es, como para estar besándola —ironizo, enojado—. Investiga quién es y aléjalo de ella, no quiero a ningún hombre cerca de ella. ¿¡Entendido!? —Sí, señor Benett. Esa chica ya es mía, no puedo permitir que otro arruine mis planes. «¡Eso jamás!».    
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