*Narra Alejandra*
–¡Mierda! ¿Acaso estoy tratando de contactar a la Reina de Inglaterra o qué?– Grito descolocada en mi pequeña oficina de la agencia.
Y es que desde hace una semana, UNA completa con sus siete días y no nos hemos podido contactar con el jodido Henry Finn Meier y es el último de las tres posibilidades que nos queda por contactar... Ya Juan Borré y Miles Bosley nos descartaron, por lo que Sí o Sí debo ganarme a este niño riquillo si quiero mi bono.
–Estará demasiado ocupado con el final de la temporada Ale, cálmate, estaba viendo los resultados y están apretados luchando la posibilidad del campeonato.
–¡No estás entendiendo Lucy! Si se acaba la temporada capaz y lo perdemos, le pueden ofrecer el cielo y la tierra si ganan… por eso es IMPERATIVO que nos contactemos con él antes.
–Bueno, bueno, sra Agente… si ya lo hemos buscado hasta debajo de las piedras… ¿Qué propones? Eso sí, mira esa carita…– Lucía toma una de las fotos del bendito jugador que en estos momentos me trae de cabeza –Está divino, cuerpo cincelado, 28 años, soltero, sin hijos… Un sueño.
–Súmale mujeriego y bastante perseguido, lo mismo que mi ex, sólo que elevado a la décima potencia.
–Ay Aleja ¿Y si son rumores? pero no importa si lo es, me encantaría una buena cepillada* en ese cuerpazo.
Lucía muerde su labio y gruñe divertida viendo la foto, una en especial que encontramos en internet en paños menores siendo imagen de una reconocida marca de ropa interior.
Río mientras llevo a mi boca el bolígrafo con el que he estado rayando cada uno de los números de contacto que tengo del famoso Meier… De pronto veo pasar a Fabian a su más amplia oficina de jefe lanzándome miradas seductoras que esquivo con rabia… Necesito distancia de ese hombre con urgencia si lo quiero sepultar de mi vida…
–¡Eso es!– Grito y Lucía que no se esperaba el grito se sobresalta.
–Venga que me matas mujer… Estaba planeando mi boda con este papasito– Expresa con su cara de sorpresa.
–Ay ya… en fin, ya sé que es lo que hay que hacer…
–Ilústreme oh gran agente deportivo– dice sarcástica.
–Si Mahoma no va a la montaña….
…………..
Llego a Zúrich, Suiza a principios de primavera, ya casi termina la temporada, si no me apresuro a encontrarlo voy a perder al cliente más importante de la agencia en estos momentos y no podré restregarle en la cara a Fabián lo que ésta gordita que no es apta para ser la cara de la oficina, puede lograr.
¿Y cómo se consigue a un famoso en un lugar tan grande?
Pues buscando revistas y blogs de chismes.
Sin embargo, su vida es una caja hermética. Claro, como no si debe tener un ejército de Community Managers en la empresa de su familia que cuiden hasta el más mínimo descuido que hagan para no bajar las acciones.
Pero algo que sí tiene: compañeros de equipo y conozco al indicado
–Si Ale, no se queda mucho después de los partidos o las prácticas porque su abuelo tiene algunas complicaciones de salud y… algo con su hermana que no recuerdo ni entiendo bien, para serte sincero.
–Entiendo Antonio, ¿pero sabes cómo puedo hablar con él?
–Por mucho que te quiera Aleja, no te puedo dar su número sin su autorización y lo sabes…
Chasqueo mi lengua, él como siempre haciendo lo correcto.
–Pero… Te puedo decir que se está quedando en la casa de sus padres en el distrito antiguo de la ciudad…
–¡Ay Tony! ¡Te adoro! Ni te imaginas cuánto me ayudas con esa información te debo una enorme…
–Si, si… siempre quedas en deuda…
–Pero te conseguí un trato excelente para los 3 años siguientes, no te quejes…
–Cierto…
–Saludes a Isa y a los niños, prometo que si me desocupo antes paso a verles… Besos.
Cuelgo mi llamada con Antonio Marschesano, uno de los mejores jugadores del Zurich y mi cliente, obviamente, ahora… en esta gran ciudad de negocios y bares… ¿Dónde mierda está el distrito histórico?
Estoy en el centro de la ciudad, imagino que es algo que no debe estar muy lejos, más porque no hablo alemán, sólo inglés, español y malas palabras.
Camino y camino y de alguna forma mi “genética” empieza a jugarme una muy mala pasada… Tomo agua pero la garganta se me cierra, no sé si será el frío de la primavera que se asoma, este extraño parque junto al lago, el sol brillante…
Mierda… me voy a desmayar…
…………….
–Fehlschlagen? Können Sie mich hören? (¿Señorita?¿Puede oírme?)
Abro mis ojos con pesadez, una luz encandilante que tampoco me lo permite de a mucho me nubla la visión.
–Fehlschlagen?
–What are you saying me? Sorry i don´t speak Deutsch (¿Qué está diciéndome? Perdón, no hablo alemán.)
–Veo que está mucho mejor– me dice quién me interpelaba en un idioma que sí puedo entender… –Está en el hospital, se desvaneció el parque y los transeúntes llamaron a los servicios de emergencia… Nada de qué preocuparse.
–Oh, entiendo, lamento eso, no soy de por aquí.
–Eso veo, no se preocupe, es mi trabajo… tampoco es la primera que atiendo hoy que se desvanece…– el galeno suspira cansado y niega con la cabeza –¿Cómo se siente?
–Mucho mejor, gracias… Debo llamar a mi aseguradora para el tema del pago de los servicios de salud, ¿Queda mucho para darme de alta?
–No, realmente no, sólo le daré la fórmula y esperar a que la bolsa con la hidratación acabe. Luego podrá irse tranquila.
–Gracias Doctor
El sólo asiente y sale a hacer lo que dijo. Mientras el tiempo pasa me comunico con mi asistencia médica quienes envían lo pertinente para el pago de los servicios. Luego una enfermera retira la vía y el médico me entrega mi receta junto con el alta clínica.
Salgo de la habitación de urgencias y aún no sé bien dónde estoy por lo que camino un poco por el lugar distraída. Hay cosas muy lindas en el paisaje de esta ciudad que logra cautivarme de alguna manera. Es tal mi ensimismamiento que no me doy cuenta cuando un gran, pero gran cuerpo choca conmigo mandándome a la lona por segunda vez en el día, él encima mío.
–Oh, por Dios, lo siento– me dice el hombre, porque sí, es uno con los ojos llenos de lágrimas intentando disimularlas.
–No lo vi señor, qué vergüenza… – Le respondo pretendiendo que no me fijé que lloraba, empatía le llaman.
–No. Quien no la vio a usted fui yo. – Se levanta rápidamente y me toma de la mano mientras me ayuda a reponerme. No puedo evitar tratar de mejorar mi aspecto prontamente limpiando mi pantalón y alisando mi camiseta, cuando al fin detallo a la persona que tengo enfrente no puedo disimular mi sorpresa acomodando mis lentes como si fuese mentira lo que estoy viendo.
–Por lo menos sé que no se hizo daño– le digo en medio de sonrisas –Yo tenía con qué amortiguar su caída.– señalo mi cuerpo como forma de romper el hielo y veo una muy linda sonrisa esbozarse en su rostro –Parece que por primera vez debo darle las gracias a mi pésimo estado físico– le digo –Terminé en este lugar por descompensarme, no estoy muy acostumbrada a la altura. Sin embargo, parece que las fuerzas de la casualidad jugaron a mi favor poniéndome en frente de quien vine a buscar.
Si, me he encontrado de frente con nada más y nada menos que con Henry el ilocalizable Meier.¿Casualidad o destino? El me mira extrañado por mis palabras y debo sacar rápidamente mis dotes de embaucadora porque por su expresión puede dejarme aquí de pie en este sitio con la palabra en la boca.
–Mucho gusto, Mi nombre es Alejandra García. Vengo de la agencia R4 de Madrid.
–Yo ya tengo agente señorita. – me dice desinteresado. Genial, otro snob más a la lista.
–No. Sabemos que por haber firmado con el Zurich FC perdió a Ríos, su representante. – Asumo una postura altiva y saco pecho como una persona orgullosa, el muy atrevido baja la mirada a mi escote y se lo queda viendo, por unos pocos segundos pero lo ve… qué pervertido.
–Bueno, veo que hace bien su trabajo.– me responde mirando a otras partes como si nada. Ok señor pervertido, si debo usar mis tetas a mi favor, las voy a usar.
–Lo sé. Por eso vine yo personalmente por usted. Tengo una propuesta de la cuál no podrá negarse… ¿Qué le parece el Atlético de Madrid? – le miro por encima de mis lentes levantando una ceja en una expresión coqueta.
Debo verme ridícula.
Una mujer como yo no tendría ni la más mínima posibilidad con este Dios Griego, bueno, Suizo para ser más precisos. Muerdo levemente mi labio inferior tratando de devolverme a la realidad antes de claudicar vergonzosamente pero parece que él me detalla curioso y hasta ¿excitado?
–No pretendo irme sin una respuesta positiva.– Le digo con el corazón un poco acelerado.
–Será interesante escucharla, srita García– me sonríe de soslayo coqueto y yo, acabo de tener una subida de temperatura en los lugares incorrectos.