*Narra Alejandra*
–Te digo que no supe qué hacer, se me bloqueó el entendimiento, pero me salvó la campana ya que tenía que ir a ver a su hermana que también estaba en el hospital, así que le di mi tarjeta para que supiera que le contactaría con los detalles.
–Que perra envidia te tengo amiga– Me dice Lucía al teléfono –Yo si no hubiese desperdiciado la oportunidad de darle como se lo merece.
–Te digo que lo más seguro no es lo que imaginé… Bueno los hombres perros son así, pero alguien acostumbrado al desfile de Barbies y comer a la carta no pretendería eso conmigo.
–¿Y qué tal si sí? venga amiga, por las que no podemos, lo que sea por ganarnos ese contrato con el Atlético.
–Mira, estás loca… Ya desde David te hace falta una buena engrasada.
–Y si me engrasa ese papasito rico yo con gusto me dejo.
Estallamos en risas por sus ocurrencias, seguimos conversando de cosas triviales mientras busco un buen restaurante para hacerle la presentación formal de la propuesta, ojalá de verdad me estuviera coqueteando, sería delicioso poderselo restregar en la cara al estúpido de Fabián a ver si así me deja de buscar, de igual forma debo tener paciencia, la temporada está por finalizar y sé que no podré acaparar su atención hasta entonces, tiempo justo para investigar más sobre él y saber cómo metérmele... bueno, laboralmente hablando.
*Un mes después*
Y fueron campeones. De todas las posibilidades la peor se me tuvo que presentar, ya sé que le han entregado los nuevos contratos pero gracias a Antonio pude ver que no había grandes mejoras. Tuve que rogarle a Fabián porque me aprobara unos cambios, lo que aprovechó para decirme su montón de salamerías, no obstante el sacrificio valió ya que pude igualar y mejorar, aunque fuese un poco, la propuesta del Zúrich. Al día siguiente lo he citado en un restaurante céntrico de la ciudad en el distrito dos, pero como siempre, si me pierdo en una calle recta no se imaginan en una ciudad donde todo parece girar en torno a este estúpido y sensual lago. Fuera de eso no hablar alemán y conseguir un taxista que no entienda inglés y terminar inventándonos un lenguaje para lograr llegar al sitio me ha logrado acalorar más de lo que quisiera.
Imagínense citar al hombre que evitaría una caída maestra en mi trabajo y llegarle tarde. Si estuviera en España vaya y venga sin embargo en este paraíso fiscal de deliciosos quesos y chocolates de ensueño donde son tan estrictos con los horarios como en Alemania ya llevo las de perder.
Entro lo más rápido que lo que mis grandes piernas me lo permiten y este vestido ceñido que elegí siguiendo el consejo de Lucía, porque según ella puedo enredarlo en mis encantos si veo que la negociación se la está llevando la hostia cuando lo veo, con cara de pocos amigos debo decir, salvo que particularmente lindo y con una postura un poco nerviosa.
Se levanta caballerosamente cuando estoy frente suyo y me siento enana a pesar de mis 1.65cm al su lado, su imponente estatura y físico es imposible de no admirar, su cabello rubio hacia un lado, sus ojos azules cristalinos y ese perfil cincelado lo hace sencillamente sensual.
–Sr Meier, lamento la tardanza, esta ciudad es más enredada de lo que aparenta– Le digo abanicándome, es que creo que otra vez la calentura incorrecta me ha tomado por sorpresa.
¿Será efectos de tener el corazón roto?
Me hace una señal caballerosa para que tome asiento, el mozo que se encontraba a nuestro lado nos pregunta si deseamos tomar algo, pido una cerveza fría, sí, fría estando a 12 grados para bajar este sofoco, él solo pide agua y nos deja la carta para ordenar más tarde.
Acomodo mis lentes y en silencio invoco a mi ser de negociante, empiezo a presentarle nuestra agencia, los representados, sus logros, sus ganancias, lo bueno que sería que él esté entre nuestros deportistas y el trabajo altruista que hacemos que podría beneficiarlo. Me emociono un poco mientras hablo aún así puedo contemplar un dejo de melancolía en su mirada, como si recordara algo que no le gustaría hacer y yo soy el medio de ello, así que paro de hablar de todo y trato de concentrarme en él.
–¿Hay algo que no me haya entendido hasta ahora? ¿Qué le parece nuestra propuesta? – Le regalo una sonrisa congelada y nerviosa, vengo a convencerlo de que se vaya a Madrid conmigo no a ponerlo triste.
–¿Por qué yo? – Me pregunta mirándome fijamente y mi garganta se escuece con ello.
Creo que mi sorpresa ante esa pregunta no ha pasado desapercibida, enchina sus ojos como queriendo leer mi mente, el mozo llega nos entrega las bebidas y yo me tomo esa cerveza helada casi de un sólo golpe buscando lo más rápido posible en mi mente una respuesta satisfactoria.
–No se atreva a mentir srta García– se me adelanta –Dígame, ¿Por qué yo?
Suspiro cansada, yo creo que inventar una excusa en este punto podría hundirme más que ayudarme.
–Porque de todas las posibilidades usted fue el único disponible…– Le digo derrotada.
Él solo asiente y toma su vaso con agua, sin embargo esa melancolía que vi antes se ha ensombrecido mucho más, no sé que siento pero tengo la necesidad de ser sincera con él y decirle lo que pienso
–Pero yo veo más que un buen negocio, sr Meier– le digo mirándolo fijamente –va a creer que lo que le digo es sólo para convencerlo, pero no creo que su carrera haya acabado todavía, es joven, con solo ¿qué? ¿28 años? Aún no está ni cerca del retiro. Su record muestra pocas bajas por lesiones y muy buenas asistencias como el Diez, estoy segura– digo firme –que es lo que necesita nuestro equipo.
Veo como su mirada se enciende de pronto sorprendido por mi palabras, está absorto y yo siento mi corazón a punto de salirse cuando sus ojos se posan en mis labios.
–Yo sé que a usted no lo mueve el dinero sr Meier– continúo hablando bastante nerviosa y… excitada –Sin embargo, creo firmemente que se dedica a esto por algo que a muchos le falta: Pasión. Usted ama el fútbol y vive por él, por eso es tan bueno, porque no es su negocio, es su vida.
Nuestras miradas se cruzan y yo cierro mis piernas casi en automático. Esa mirada azul celeste se siente penetrante y creo que mis mejillas se han tornado coloradas ante todo esto. No sé si será recíproco pero me mira tan fijo que siento una enorme fuerza que me atrae a él y tengo unas enormes ganas de acercarme y probar esa boca delineada y perfecta.
En eso, el mozo llega a tomar nuestro pedido y cortamos esta extraña tensión entre nosotros.
–Envíe los documentos a mi dirección, srta García. Prometo revisar su propuesta. – Me dice cruzando sus brazos mientras recarga su espalda en la silla, con la mirada en otro lugar.
Una sonrisa enorme se me pinta en el rostro.
–Le prometo sr Meier que si me da la oportunidad, esta puede ser una excelente decisión para su carrera.– Le digo muy animada.
Él solo sonríe melancólico.
*Dos semanas después*
Estoy llegando a la dirección que me indicó, en efecto luego de esa comida envié la propuesta y la respuesta fue más rápida de lo que creí. Aceptó. Por eso hoy voy a buscar las firmas correspondientes y finiquitar el contrato para devolverme a Madrid con las mejores noticias del mundo.
Llego a un edificio de apartamentos y subo hasta el último piso que marca el ascensor. Ha de vivir en un súper Penthouse con las mejores comodidades. Timbro a la puerta y a los pocos minutos me abre él mismo.
Está recién bañado, lo sé por su cabello aún húmedo, desordenado. Con ropa casual y deportiva.
–Srita García, veo que llegó temprano esta vez, no la esperaba.
¿Me acaba de insinuar que soy una impuntual?
–Lamento decepcionarlo sr Meier, pero me gusta estar a tiempo y a veces hasta anticiparme a todo.– Le digo con sorna y lo escucho bufar ante mi respuesta.
Paso con mi cabeza en alto meneándome con porte de realeza pero me sorprende mucho lo que veo, no dejo de mirar todo el lugar, es tan… ¿Sencillo? A excepción del gran ventanal, no es algo que esperaba.
–¿Le gusta la vista?– me pregunta.
–Si, es muy linda, que pena con usted, no era mi intención detallar el lugar.
–¿Por qué? ¿Demasiado para usted?
–No, por el contrario sr Meier, imaginé que sería algo más lujoso…
–Entiendo… No, no soy una persona de grandes lujos… por ese lado son sólo rumores.
Asiento y él me señala un pequeño estudio a dónde nos dirigimos.
Luego de conversar sobre el contrato y despejar unas pocas dudas, el hombre estampa su firma en las hojas. En ese momento siento que mi alma regresó al cuerpo y suspiro complacida… Un suspiro que sonó más a un gemido que no pasa desapercibido.
–No sabía que el trabajo le daba tanto placer…– Me dice acomodándose en la silla de su escritorio.
–Hay cosas que no puedo evitar disfrutar, debo ser sincera…
Y ahí está otra vez, esa mirada penetrante que pasa entre mis ojos y mi boca. Se levanta suavemente de la silla y se acerca a mí a entregarme los papeles que acaba de firmar. Mi pulso se dispara al verlo acortar la distancia y otra vez la fuerza que sentí en el restaurante que empieza a llenar de humedad mis partes bajas me hace tragar en seco.
–Creo… creo.. que debo irme sr Meier– le digo muy, muy nerviosa y…excitada.
–Pensé que podíamos… tomar algo para… celebrar…– me dice muy, muy cerca.
Ay Mierda.
Si no llevo a sellar estos papeles el contrato vale nada pero mis piernas están estáticas sintiendo unas enormes ganas de ponerse a lado y lado de esta estampa de hombre que está frente mío relamiendo sus labios y mirándome.
El timbre de su teléfono me salva.
Casi me cago esto por mi calentura.
Aprovecho su extraña conversación en el alemán inentendible para mí y me despido, sé que trata de detenerme pero lo mejor es que me vaya a terminar mi trabajo antes de que se arrepienta, porque si, un sello y listo, ese hombre es mío… bueno, su pase.
Salgo saltando de felicidad cuando mi teléfono suena. El número me sale privado, me extraña de sobre manera una llamada así.
–Si, buenas tardes...– Contesto
–Srita García, buenas tardes.– me responde una voz masculina en inglés pero que puedo dilucidar que ese no es su idioma materno.
–¿En qué puedo ayudarle?
–Me presento, mi nombre es Andrew Meier, hermano y abogado del jugador con el que usted firmó hoy unos papeles. Espero no le moleste pero antes de que selle ese contrato me urge reunirme con usted.
Me quedo fría… parece que canté victoria demasiado pronto.