4.Frente a frente

1230 Words
Kassandra se encontraba nerviosa, no por tomar el rol de CEO de Blaine-Blackwood Co. Lo que la tenía nerviosa era la posibilidad de que Christian se presentará a la fiesta. ¿Se acordaría él de ella o, peor aún, seguiría enojado por la forma en que se había marchado cinco años atrás? ¿Llegaría solo o con su prometida? —Kassandra, basta —se dijo viéndose al espejo, tomando su bolso para retocar su maquillaje, el cual estaba impecable. Ella misma se veía impecable; no había mujer más hermosa en la fiesta que ella. Aunque en ese momento nadie sabía que ella era la persona que tomaría la presidencia. Había muchas especulaciones sobre quién era ella. —¿Has visto a quien será nuestra nueva jefa? —dijo una mujer acompañada de otra al entrar al baño. —No, la verdad es que no sé. Solo se sabe que es de total confianza del señor Blackwood y del señor Blaine. Los únicos que la conocen son los ejecutivos y ellos. Su identidad es un completo misterio. Kassandra se rió, ya que a pesar de estar a un par de metros de ellas, parecía ser invisible, por lo que siguieron hablando, o mejor dicho, especulando sobre quién podría ser ella. —Eso es extraño, ¿no crees? Cualquiera diría que el señor Blackwood lucharía por poner a su hijo en la presidencia, sin embargo, por lo que me he enterado, su hijo ni siquiera sabía que la compañía familiar se fusionaría. Eso llevó a que el señor Blackwood y su hijo se enemistaran, por lo que se rumorea que él no vendrá. Kassandra suspiró aliviada al escuchar que era improbable que Christian se apareciera en la fiesta esa noche. Aunque, así como el alivio llegó, también la decepción por no poder verlo. Iba a salir del baño cuando las dos mujeres añadieron: —Entonces, eso significa que tal vez la tal Kassandra no sea más que una mujer hábil y astuta que logró meterse en el bolsillo a los dos magnates de las más grandes constructoras —dijo una de ellas. —Oh, mejor dicho, entre sus piernas —respondió la otra. Escuchar esas palabras hizo que Kassandra golpeara su bolso. No iba a permitir que hablaran de esa manera de ella; sin embargo, no solo ella se encontraba en el baño. —¿Qué es lo que ustedes acaban de decir? Tanto Kassandra como las dos mujeres en el baño voltearon a ver a la recién llegada. Las dos mujeres palidecieron al reconocerla, mientras que Kassandra no logró ubicarla. —¡Vuelvan a repetir lo que han dicho! —las retó la recién llegada caminando hacia ellas. —No hemos dicho nada, señorita —dijo una de ellas, visiblemente nerviosa. Lo que pasó después hizo que Kassandra abriera los ojos, llena de sorpresa, al ver cómo la recién llegada abofeteaba a ambas mujeres. —¿Cómo se atreven a hablar de esa manera de quien les da trabajo y un sueldo decente para llevar a sus mesas? —Lo sentimos, señorita George. Simplemente hablamos sin pensar —dijo la otra mujer hincándose a los pies de la mujer que había golpeado a su amiga. La mujer volvió a alzar su mano, dispuesta a golpear a la otra, pero su mano fue detenida en el aire. Si algo odiaba Kassandra era el exceso de violencia sin sentido, y aunque esas dos mujeres hubieran hablado mal de ella, no iba a permitir que fueran golpeadas. —¿Pero quién te crees? —la voz de Regina estaba teñida de sorpresa e ira contenida ante el fuerte agarre de Kassandra. —Es lo mismo que preguntó, ¿Quién te crees para alzar tu mano así a la ligera? —le contestó Kassandra. —No tengo por qué responderte. He alzado mi mano porque estas dos se lo merecen. No son más que un par de muertas de hambre. —Por eso mismo, nadie con poder debe levantar su mano para castigar a las personas inferiores. Su deber es proveer y ayudarlas a crecer. —¿Acaso eres una moralista? Además, aquí no ha pasado nada, ¿verdad? —les preguntó la mujer a las otras dos. —No, no ha pasado nada —dijeron ambas—, así que por favor no se meta. Kassandra no salía de su asombro, sin entender por qué permitían que esa mujer las tratara así. —Ves, no ha pasado nada —dijo Regina claramente molesta, caminando hacia el espejo donde retocó su maquillaje para después salir. —Por favor, no vuelva a meterse —le dijo una de ellas—, en vez de ayudarnos nos ha hecho un grave daño. —¿Pero por qué tienen tanto miedo de esa mujer? —les preguntó Kassandra. —Porque ella es la heredera del grupo George. Nadie se le enfrenta. Bueno, tal vez solo la heredera de los Blaine podría hacerlo; sin embargo, muy pronto será también la señora Blackwood. Kassandra sintió que todo su mundo se derrumbaba. Así que ella era la tal Regina, la prometida de Christian. Ahora que la conocía, no le cabía duda de que era del tipo de Christian. Lo que la impresionaba era que él se hubiera enamorado de alguien como esa mujer. Ella jamás había visto a Christian ser prepotente con alguien inferior a él. Todo lo contrario, él siempre trataba con respeto a las personas bajo su cargo. En fin, no era su problema la clase de mujer con la que estaba su exmarido, su problema era que ahora tenía la certeza de que él estaba ahí. Aunque tal vez solo hubiera asistido ella. Al fin y al cabo, era su prometida. Kassandra se aferró a su bolso con fuerza al darse cuenta de que, sin importar que ya hubieran pasado cinco años, le dolía imaginar a Christian con alguien más. —¿Le ocurre algo, señorita? —le preguntó una de las mujeres que todavía seguían en el baño. Justo cuando iba a contestar, se abrió la puerta. —Perdón —se disculpó Dereck al ver a las dos mujeres, a punto de marcharse, justo cuando vio a Kassandra a través del reflejo del espejo. —Kassy, ¿aquí estás? Qué alivio, ven, tenemos que hablar —le dijo Dereck, haciendo que ella saliera de su escondite. —Con permiso —les dijo Kassandra a las dos mujeres, caminando hacia donde estaba su hermano, empujándolo hacia afuera. —¿Quiénes eran y por qué una tenía un tortazo en el rostro? —Si te contara —le contestó ella. —Pues deberías empezar a contarme —por la expresión de su hermano, sabía que no le había gustado nada ver a la mujer así. —Te lo contaré, pero no ahora. Mejor dime qué es lo que te ha hecho venir a buscarme al baño de damas. —Bueno, es que no quería que te tomaran por sorpresa —le respondió él, inclinándose suavemente hacia ella. Lo que hizo que ella sonriera ante el misticismo y secretismo de su hermano. —Ya por favor, dime, ¿por qué me voy a sorprender? Sin embargo, no hubo necesidad de que Dereck le respondiera, ya que a unos pasos de ellos se encontraba Christian, quien quebró su copa de vino justo en el momento en que sus miradas se encontraron.
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