3. ¿Amor?

1133 Words
Christian estrelló el portapapeles contra la pared, incapaz de soportar el dolor de cabeza que cada estornudo intensificaba. Regina entró justo a tiempo para presenciar el caos, encontrándolo con el rostro rojo y luchando por respirar. —¿Qué sucede, Christian? —preguntó ella con preocupación, notando su evidente malestar. —Solo necesito aire fresco y que alguien elimine esas malditas flores de mi oficina —gruñó él entre jadeos. Regina, sin dudarlo, tomó el precioso arreglo floral y lo llevó al exterior. —Listo, problema resuelto —le dijo mientras observaba a Christian auto administrarse una inyección de epinefrina. Él la miró con gratitud, aliviado por su oportuna intervención. —¿Por qué nunca me dijiste que eras alérgico a las flores? —cuestionó Regina con cierto reproche. —No es algo que surja en una conversación casual —respondió él con una sonrisa tímida mientras la atraía hacia sí para un beso—. Así que no te enfades. —Claro que me enfado —replicó ella haciendo un puchero—. ¡Fui yo quien te regaló esas hermosas flores que ahora adornarán el escritorio de otra persona! Eran mi regalo por lo guapo que te ves en las portadas de People y Forbes, y por la maravillosa noticia de nuestro compromiso. —Lo siento, cariño. Debí mencionarte mi alergia. Cada vez que te envío flores, no las elijo yo, solo pago por el mejor ramo disponible. Pero no estás aquí por eso. —Tienes razón, he venido a otra cosa. Tus maletas ya están a bordo del avión de tu padre. Debemos ir al aeropuerto. —¡No iré! —exclamó él con determinación, alejándose de ella. —¿Cómo que no irás? —replicó Regina, cruzando los brazos—. No puedes faltar a la fiesta de fusión. Tú, como futuro heredero de la constructora Blackwood, tienes el deber de estar presente y participar en la toma de decisiones. —¡No! ¡No voy a presenciar cómo mi padre regala nuestro patrimonio! —gritó Christian, visiblemente alterado. —¿Qué me estás ocultando? —preguntó Regina con suspicacia, percibiendo una profunda angustia en él. Christian permaneció en silencio, incapaz de articular palabra alguna. Sin más preámbulos, salió de la oficina, dejando a Regina sumida en un mar de dudas y preocupaciones. Desde que supo que la nueva postulante para CEO de la fusión entre su familia y la otra compañía rival se llamaba Kassandra. Él se encontraba molesto, un montón de sentimientos pasados salieron a flote, atormentándolo. La mirada color esmeralda de Kassandra su ex esposa empezó a acosarlo, y a no dejarlo dormir. Después de su partida trató de no pensar en ella; sin embargo, no había podido hacerlo, por lo que contrató docenas de investigadores privados sin resultado. Kassandra jamás apareció, lo único que sabía era que se había subido a un auto n***o de lujo en compañía de un hombre guapo, desapareciendo de la faz de la tierra. Era irónico como después de tenerla junto a él por tres años sin pensar o preocuparse por ella se encontraba obsesionado con su recuerdo y con encontrarla, pero sobre todo tenía celos. Si celos de ese hombre desconocido con el cual se había marchado. “¿Sería su amante? ¿Un familiar?”, las dudas lo estaban matando, carcomiendo. Ni siquiera Regina podía sacar de su cabeza a Kassandra. Cinco años habían transcurrido desde que Kassy se alejó de Christian Blackwood. Aquella mañana, la imagen de su expareja en la portada de las revistas más importantes del planeta amenazaba con romper la frágil paz que había construido en su ausencia. Solo la distancia, miles de kilómetros que los separaban, la salvaban de un grito ahogado lleno de frustración y de sentimientos encontrados. Tanto que estaba pensando en usar sus habilidades de hacker y hacer desaparecer cada maldita publicación donde se mencionara el nombre de Christian Blackwood. Si pudiera hacer lo eliminaría de la faz de la tierra eliminando sus datos personales de todos lados. Así él comprendería el daño que causaba el ser ignorado. Solo pensar en eso, hizo que una sonrisa torcida y satisfecha apareciera en su rostro, mientras golpeaba con la cucharilla de su café el rostro de Christian en la foto. —¿Qué te pasa esta mañana? —preguntó Dereck, depositando un beso en su mejilla y apretando su hombro—. ¿Nerviosa? Tú, con tus maestrías, doctorados y una mente brillante que te convierte en una políglota, hacker y corredora de carreras ilegales excepcional. Deja esas trivialidades para los mortales como yo, Kassy. Ella rodó los ojos ante la mención de sus logros académicos. Un leve golpe a Dereck, que se sentaba a su lado, fue su respuesta. —No olvides que también seré la próxima CEO de las constructoras Blaine-Blackwood Co. —añadió con determinación. —Exacto. Gracias a tu visión empresarial, convenciste a esos dos viejos de fusionarse para hacer frente a las nuevas constructoras modernas. Pero eso no es lo que te tiene molesta, ¿verdad? —dijo Dereck, tomando la revista con la imagen de Christian Blackwood en primer plano. Kassy se levantó de la mesa, viendo su reloj. —Será mejor que te apures, tenemos mucho trabajo por delante antes de la fiesta de esta noche —le indicó Kassandra a Dereck—. Y por favor, nada de perderte en las oficinas o quedarte encerrado en elevadores con subalternos. —¡Vamos, Kassy! Dejarías de tener esa cara de bruja amargada si tan solo lo intentaras alguna vez! —exclamó Dereck. Kassy solo le mostró su dedo medio antes de dirigirse a la salida y subir a su auto. Su molestia no se debía solo a la foto de Christian como el arquitecto soltero más codiciado de Nueva York, sino a la noticia que pronto dejaría de estarlo: se había comprometido con su antigua novia de la universidad. La imagen de Christian junto a su prometida la inundó de una mezcla de emociones: rencor, tristeza y una pizca de celos. ¿Había logrado encontrar el amor que ella no pudo darle? ¿O acaso su ego herido solo buscaba una excusa para justificar su fracaso? Las preguntas se arremolinaban en su mente mientras conducía por las calles de la ciudad. Un torrente de recuerdos la invadió: Recuerdos dolorosos que la hicieron maldecir y apretar su mandíbula para no soltar un grito en medio del tráfico. Kassy apretó el volante con fuerza, decidida a no dejar que el pasado la consumiera. Su futuro, como CEO de las constructoras Blaine-Blackwood Co, la esperaba. Y aunque Christian ya no formaba parte de él, ella estaba dispuesta a demostrar que podía alcanzar el éxito sin él. ¿Amor? ¿Quién necesitaba amor? Ella por supuesto que no.
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