5. ¿Cómo se atreve?

1270 Words
Al final, Christian se había dejado convencer por Regina de ir a la dichosa fiesta de fusión. La sola idea de que ahora su patrimonio dependiera de alguien más le molestaba; sin embargo, su padre era el rey de esa compañía y él, el príncipe sucesor, no podía hacer mucho, la verdad. La fiesta, como todas las de la familia Blaine y Blackwood, era ostentosa y digna de ambas familias. No obstante, eso no era lo que inquietaba a Christian, sino el secretismo sobre quién era Kassandra, la mujer en quien ambos patriarcas habían confiado el poder de sus imperios en esa fusión. —No debí venir —le dijo Christian a Regina, quien también deseaba conocer a la misteriosa mujer. —Claro que sí —le respondió ella, tomando dos copas de uno de los meseros que se paseaba entre los invitados con bandejas del más costoso champagne espumoso del mercado—. Debes conocer a tu enemigo, querido. Christian no dijo nada, tomando una de las copas de la mano de su prometida, quien no tardó en desaparecer como siempre lo hacía. A esas alturas, no le importaba lo que Regina hiciera, siempre y cuando fuera lo suficientemente cuidadosa para que él no se enterara o quedara expuesto. Era una relación de conveniencia la que ellos dos tenían; la verdad es que él seguía pensando en Kassandra, la mujer que lo había abandonado cinco años atrás. Pensar en ella lo ponía de mal humor, justo como en ese momento, y no solo eso, también le hacía imaginar que la encontraba de frente, justo como en ese momento. ¿Por qué debía estar fantaseando? ¿Por qué Kassandra no podía estar frente a él en ese momento? Lo peor es que se veía hermosa, enfundada en ese costoso vestido que resaltaba cada una de sus curvas. Curvas, ella jamás había tenido esas curvas tan pronunciadas. Sin embargo, no era eso lo que tenía a Christian Blackwood sujetando su copa fuertemente, sino ver a Dereck Blaine tan cerca de ella, y la familiaridad con la que parecían hablar. ¿Qué clase de relación tenían? La sola idea de que fueran amantes fue suficiente para que la copa en la mano de Christian se hiciera añicos, hiriéndolo. —¿Señor, se encuentra bien? —le preguntó de inmediato uno de los meseros, acercándose rápidamente. No obstante, él no parecía escucharlo. Su mirada azul y profunda estaba fija en ella, la mujer a unos metros de él. Dereck se dio cuenta de la mirada entre Kassy y el hombre frente a ellos, lo que hizo que se acercara a ella y le susurrara unas palabras al oído. Kassandra apenas notó que Dereck se acercó a susurrarle al oído, saltando levemente al escuchar el nombre que mencionó. Volteó rápidamente, quedando tan cerca del rostro de Dereck que se sonrojó. Al menos eso fue lo que Christian notó desde su posición, enfureciendo aún más. ¿Cómo se atrevía ella a coquetear con otro hombre en su presencia? —Señor, su mano —dijo el mesero, asustado al notar cómo Christian apretaba su mano, haciendo que sangrara más. Kassandra, por su parte, sentía su corazón latir con tanta fuerza que no podía escuchar otra cosa que sus propios latidos. Tenía que alejarse de él, sosegar su corazón y así poder enfrentarlo, por lo que se alejó de ahí lo más rápido que pudo. —Kass, Kassy —apenas escuchó a Dereck llamándola. El único lugar seguro que había encontrado hasta la llegada de su prometida y las dos mujeres había sido el baño; sin embargo, no podía volver ahí. Así que tenía que huir lo más lejos posible, y su única salida de escape era la pequeña puerta en el área sur del salón de baile, para salir al jardín. —Estúpido, estúpido Christian, ¿por qué tenías que aparecer? —dijo en voz baja, alcanzando la puerta del jardín y saliendo. Por supuesto, no era la única que se dirigió hacia el jardín. Tras sus pasos estaba Christian, quien había sacado de entre sus ropas un pañuelo de seda, presionándolo contra la herida para evitar que siguiera sangrando. Conteniendo la pequeña hemorragia producida al romper la copa en su mano. A pesar del dolor, él solo podía pensar en alcanzar a la mujer que estaba unos pasos por delante, a punto de alcanzar la puerta y escapar de él. En ese momento, tanto para Kassandra como para Christian no existía nadie más que ellos. Poco les importaba si alguien los observaba caminar hacia el jardín. Ella solo deseaba estar en un lugar donde pudiera volver a respirar con normalidad, donde poder controlarse, mientras él deseaba alcanzarla, asegurarse de que no se trataba de un espejismo. El aire caliente del exterior recibió a Kassandra una vez abrió la puerta del salón, saliendo hacia el jardín apenas iluminado por la luz de la luna llena de esa noche y un par de bombillas encendidas. Era una hermosa noche calurosa de verano, por lo que era poco probable que alguien abandonara el salón climatizado donde se llevaría a cabo la fiesta de revelación de la nueva administración de Blackwood-Blaine Co. No era ahí donde ella debería estar, pero no volvería a entrar hasta que se calmara. No obstante, ni bien la puerta se cerró tras ella, volvió a abrirse, haciendo que ella se quedará viendo hacia enfrente sin voltear creyendo que era Dereck. —Por favor, Deck, déjame sola, necesito estar sola —dijo sin voltear a ver quién era. El silencio fue la respuesta que recibió de quien creía era Dereck. No obstante, no necesitó respuesta. El aroma de la colonia que la inundó le hizo saber que no se trataba de Dereck, incluso antes de que la persona la sacara de su error. —Lamento informarte que no soy Deck. Kassandra no dijo nada, y aunque hubiera podido, se quedó en blanco, sin poder moverse, con los ojos cerrados y las manos en el pecho, mientras pedía que el hombre tras ella fuera cualquier otro menos Christian Blackwood. Algo imposible aún así, deseaba tanto que su deseo se cumpliera. —¿Acaso no me vas a saludar, Kassy? Ella abrió los ojos justo en el momento en que lo escuchó llamarla de esa manera en particular, y más por el tono despectivo que había usado. —Ah, eres tú, Christian, perdón, creí que eras otra persona —le respondió, volteando a verlo y así encararlo. No servía de nada huir de él. Tarde o temprano tenía que enfrentarlo. Christian, por su parte, no sabía qué le molestaba más, si ella y su desfachatez por asistir a la fiesta de su familia luciendo tan hermosa y regia, o saber que estaba ahí en compañía de otro hombre que la llamaba de manera cariñosa. Ninguno de los dos habló tras encontrarse frente a frente. Ninguno de los dos parecía encontrar las palabras para hacerlo. Pero tampoco podían quedarse mirándose toda la noche. —Dime, ¿Qué es lo que…? —él se quedó a media pregunta. Ella, por su parte, también se quedó a media frase —. Creo que lo mejor será… Ambos negaron al darse cuenta de que habían hablado al mismo tiempo. —Por favor, habla tú primero —le pidió Christian. —No tengo nada que hablar, por lo que lo mejor será que me vaya —dijo ella, empezando a caminar hacia la puerta. Sin embargo, no logró dar más que un paso antes de que él la detuviera de la muñeca, atrayéndola hacia él. —No… tú no te irás todavía.
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