- ¿Cuál es el apellido de Adam? -pregunté. Ambos hombres se callaron de la nada-. ¿Qué? -reí. Es que siempre que un maestro está por decir tu apellido, lo interrumpes y dices "dígame Adam" -nadie dijo nada-. Ah, bueno... Oye, ¿tus padres cuando regresan de su viaje? ¡Ya fue mucho! -reí. Adam apretó su mandíbula mientras que Roger tragaba duro. - ¡Aquí está la cena! -rio Martha saliendo de la cocina-. ¿Qué pasa? -preguntó confundida viéndonos. - Martha, ¿por qué Adam nunca me ha dicho su apellido y por qué sus papás no han llegado del viaje? Silencio, nadie hablaba y todos mantenían su mirada sobre mí. ¿Qué está pasando? - Es muy tarde. Deberíamos ir a dormir -suspiró Adam rompiendo el silencio. Sin mirar a alguien, se alejó

