"¿Quién eres?"
Era la única pregunta que resonaba en mi mente, y al parecer en toda la habitación.
Tenía una sonrisa aterradora, con sus ojos parecía penetrar mi alma, o lo que sea donde coloque su mirada en estos momentos.
—Mi error —su voz era áspera y rasposa, tanto que le podría hacer daño a quien lo escuchase. —Veo que Dylan no te ha hablado de mí —Dio una sonrisa mostrando sus dientes, sus ojos vagaron por la habitación mientras rascaba su cabeza con el cuchillo.
—Marcus, mi nombre es Marcus. Tenía ya mucho tiempo observando en silencio pero debido a todo esto — señaló el lugar cubierto de sangre —me ha tocado salir a relucir preciosa.
Traté de no fingir asco cuando me llamó preciosa, posé la mirada en esa zona vacía y normal de la habitación. — ¿Por qué? —fue lo único que se me ocurrió preguntar, él soltó una risa maquiavélica que erizó el vello de mi cuerpo, algo que no creí que podría suceder.
— ¿Por qué, qué? —Comentó sarcástico— ¿Por qué mi nombre es Marcus?, ¿por qué somos dos en un cuerpo?, ¿por qué Dylan es el débil y yo el fuerte? o ¿por qué yo me oculte por tanto tiempo? —le miré con el ceño fruncido, ahora que pone las preguntas en la bandeja me hace desconfiar más, ni las había llegado a pensar.
—No tengo respuestas para las primeras preguntas, pero sí para la última. —Se acercó al cuerpo inerte de la chica y comenzó a jugar con su cabello.
Qué asco, qué enfermo.
—Solo sé que puedo salir cuando Dylan se cierra a todo, su miedo y frustración permiten mi escape de esa prisión mental, que crearon los psicólogos y psiquiatras de sus padres.
—Alcé una ceja incrédula, él soltó el cabello de la chica para luego cortar un mechón y olerlo, repito ¡QUE ASCO!
—Veo que Dylan no te tiene mucha confianza, que lastima para él, a mí me pareces confiable y no tiene nada que ver con que solo nosotros podamos verte.
Nosotros... nosotros... ¡Maldición! este tipo es un completo lunático.
—La madre de Dylan es psiquiatra, y su padre psicólogo. —se acomodó en un lugar de la cama y fingió estar en una especie de playa imaginaria.
—A los seis años comenzó a padecer de ataques esquizofrénicos. Ya sabes, hablaba solo y tendía a tener premoniciones del "futuro" —hizo comillas con los dedos, me invitó con un movimiento de cabeza a tomar asiento junto a él, algo que obviamente hice para poder procesar todo, sin tener que volver a mi habitación del terror.
—En realidad él siempre hablaba conmigo, yo era quien le decía lo que estaba a punto de sucederle a sus niñeras, y obviamente luego que tenía su cuerpo lograba lo que yo quería.
Pero, la bruja de su madre un día sin más llegó y lo sedo mientras dormía, comenzó a hacer cosas extrañas, muchas palabras, muchas náuseas y un dolor agudo de cabeza es de lo que supe, luego que estaba encerrado en el subconsciente de tu amigo.
—Así que solo eres parte de su esquizofrenia ¿cierto? — una carcajada brotó de su garganta, parecía fuera de sí y jugó con el cuchillo en mi dirección sin acercarse.
—No Angy, no soy producto de una enfermedad. Soy más, mucho más de lo que sus padres creían saber. —Miré mis manos por primera vez en tanto tiempo, eran horribles, no me gustaba verlas pero por el momento se habían vuelto lo más interesante del mundo.
—Podía salir y dar vueltas por el mundo, también era capaz de percibir a quien le tocaba morir y veía con claridad el aura de las personas vivas —Me miró de arriba hasta abajo— y muertas. Pero, por culpa de ese encierro ahora no puedo ver más allá de lo que ve Dylan, solo quería un amigo y él era el único chico que podía verme, así que solamente me acerque un poco y ¡Pum! todo se volvió una tortura constante en su mente.
—No sé para qué me lo cuentas, ¿qué tengo que ver yo en todo eso? —comenté llena de amargura.
—Nada, pero tu amigo no para de gritar que me calle, y en venganza por no permitirme hablar cuando quise hago lo que desea que no haga.
Dio una sonrisa ladina y continuó en lo suyo —No creo que seas un demonio, habría notado si vendrían a hacernos daño desde un principio —Por primera vez le mire a los ojos, al fin había obtenido toda mi atención. —Tampoco creo que seas un fantasma, porque entonces ya habías visto otros iguales a ti —asentí y sus ojos se llenaron de un brillo tétrico.
—Tengo una teoría de que puedes ser, pero a Dylan no le agrada la idea de que comparta eso contigo —se acercó a mí y susurro en mi oído —Él cree que eso te va a alejar de nosotros, suele ser un tanto... egoísta .
Se levantó hasta la cocina y tomó un vaso para llenarlo de jugo de uvas. —Ve afuera, ¿Puedes? —Me observó— necesitamos deshacernos del c*****r antes que se vuelva maloliente.
— ¿Por qué nadie sale a mirar?, ¿acaso los mataste a todos? —bebió con total tranquilidad su jugo y paseo un poco por el lugar.
—Olvide mencionar eso —cerró la puerta y acomodó un cuadro del fondo —tuvimos un pequeño problema antes con los padres de Dylan, y huyendo de ellos paramos aquí —señaló hacia el suelo— un motel lleno de sádicos, asesinos, violadores y caníbales. Los primeros días querían matarnos porque Dylan se mostraba muy frágil, pero entonces hice mi aparición maté algunos cuantos y terminé ganando un poco de respeto.
Abrí los ojos de paren par y comenzó a reír de manera sonora. — ¿Esto está permitido por la ley? —negó y lavó el vaso.
—No, aquí no existe la ley preciosa. La última vez que el gobierno intentó acabar con este sitio pues... digamos que la hija del presidente y cientos de personas aparecieron picadas en un lago al final del camino. Desde entonces se hacen la vista gorda, tanto que cerraron las carreteras que dan con este camino.
Froté mi cara, ¿por qué caí en este sitio? ¿Era también una asesina?
—Todo el que esté en este lugar debe de tener algún problema mental. —Salí de la habitación y al fin di con personas, eran mujeres de limpieza al parecer. Habían comenzado a limpiar el suelo del motel y el c*****r de la chica lo arrojaron en una especie de caldero.
—Hoy tendrán un festín los chicos ¡Jun! —Comentó una mujer de edad adulta y cabello canoso. —Qué bueno que al chico —señaló a la habitación de la que provengo— se le olvido recogerlo.
Corrí, corrí tan lejos de allí como pude.
Qué asco, que enfermos, ¿qué les cruzaba por la mente?