Massimo despertó temprano, sin haber pegado ojo en toda la noche. Se vistió de n***o, como siempre, con una camisa impecable, los brazos marcados por las mangas remangadas y el cabello peinado hacia atrás, ocultando el leve desorden de su noche en vela. Había pasado horas bebiendo y fumando, pero también investigando. Llamó a viejos contactos, a hombres que antes respondían a Ludovico, y a algunos empleados fieles de la mansión. Todos coincidían en lo mismo: Ludovico había mantenido a Greta bajo control por medio de una sola cosa… su hermana. Clara Di Fiore. Una mocosa, según Ludovico, que no merecía el apellido, pero que mantenía en un internado bajo su puño solo para someter a Greta. El muy cerdo la había convertido en un arma de manipulación. Massimo sonrió para sí. —No soy un infel

