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883 Words

La luz entró a raudales en la habitación, y Allegra se despertó con una sonrisa en los labios. No sabía por qué. Estaba adolorida en sitios que le avergonzaba mencionar en voz alta, pero estaba feliz. Miró a su lado a Duncan dormido. Estaba boca abajo, con el cabello ensortijado y revuelto, el rostro totalmente relajado… y gloriosamente desnudo. Sin pensarlo mucho, levantó su mano y la pasó por sus costillas. No creía que Duncan fuera de los que invirtiera dinero o tiempo en gimnasios, pero ese cuerpazo era digno de admirar, pura piel lisa, sin grasa, tersa y dura. Metió sus dedos entre el cabello revuelto aún sonriendo. —Tienes bonitas pestañas, ¿sabes? –susurró—. No es justo, no eres mujer. Las mujeres somos las que deberíamos tener pestañas así. —Mmmm –murmuró él aún dormido.  Alle

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