–¿A dónde está el pequeño?— gritó Cristina ingresando a ese enorme hogar que tanto conocía mientras sus tacos resonaban con compás en el piso limpio. —Todavía duerme — gritó Ramiro desde la cocina. En realidad los adultos sospechaban que aquello podía pasar, que cuando el niño reposará su cuerpo en un colchón suave y seco, no iba a poder regresar al mundo de los despiertos con tanta facilidad, por eso aprovecharon esa mañana para hablar, para organizar esa nueva rutina que tendrían, esa que incluía a un nuevo integrante. Lucía había insistido en comenzar a darle clases particulares para, en el próximo año, poder meterlo en alguna escuela cercana. Ramiro aceptó tal propuesta y dejó ver que él se encargaría de buscar información sobre el pequeño, su familia, si es que la tenía, y comenzar

