Vitali suspiró aliviado cuando supo que ella había cerrado todas las negociaciones, había arreglado todo, se había encargado de dar las indicaciones necesarias para que cada quien hiciera lo que se necesitaba en el momento que ella determinaba. Sí, Florencia podía parecer dulce y suave, pero al momento de negociar era imparable y en su rol de jefa se convertía en una autoridad sin necesidad de infundir terror. ¿Y por qué suspiró aliviado? Se preguntarán. Bueno, todo lo que esa preciosa rubia hiciera para él era importante, muy importante, por lo que no quería que nada, absolutamente nada, le saliera mal. —Te trae bien enamorado — dijo con ese tonito divertido aquella extraña castaña. —No lo entiendo, te juro que no — respondió dejándose caer en el sillón. —¿Qué no entendés?— preguntó E

