Capítulo 29

2843 Words
—Señorita Mitchell, tengo que hablar con usted un momento cuando acabe la clase, por favor —le dijo con una sonrisa. Tom bajó la vista hacia sus zapatos brillantes acabados en punta y se disponía a empezar a hablar cuando una vocecita decidida lo interrumpió desde la parte trasera del aula: —Lo siento, profesor, hoy no puedo. Tengo una cita urgente que no puedo aplazar. Luego miró a Paul y le guiñó un ojo. Tom alzó la cabeza despacio y se la quedó mirando fijamente. Diez estudiantes contuvieron el aliento y se echaron hacia atrás en las sillas, como si tuvieran miedo de que fuera a explotar o de que de sus ojos saliera disparada alguna daga. ___ lo estaba provocando. Era obvio. Su tono de voz, su manera de acercarse a Paul, cómo se retiraba el pelo de la cara con una mano... Tom se quedó hipnotizado al ver la curva de su cuello y recordó su piel delicada, su aroma a vainilla que lo perseguía en persona o en sueños. Quería insistir, exigirle que se reuniera con él, pero sabía que si perdía los nervios lo único que conseguiría sería que ella se alejara aún más, cada vez más lejos de su alcance hasta perderla del todo. No podía permitirlo. Parpadeó varias veces. —Por supuesto, señorita Mitchell. Estas cosas pasan. Por favor, envíeme un mail diciéndome cuándo le va bien. Trató de sonreír, pero no lo consiguió. Sólo se le levantó un lado de la boca, con lo que parecía que sufriera parálisis facial. ___ lo miró. No se ruborizó ni parpadeó. Su expresión era... ausente. Al darse cuenta, Tom sintió pánico. «Estoy tratando de ser amable y me mira como si no estuviera aquí. ¿Tan sorprendente es que me comporte con cordialidad? ¿Que sea capaz de mantener el control de mis emociones?» Paul apretó el codo de ___ por debajo de la mesa. Cuando ella lo miró, le hizo una señal con los ojos. Ella pareció despertarse de un sueño. —Por supuesto, profesor. Otra vez será —dijo, antes de bajar la mirada y esperar a que empezara la clase. La mente de Tom funcionaba a toda velocidad. Si no era capaz de hablar con ella ese día, podían pasar muchos más, o incluso semanas, antes de que pudiera darle una explicación. No podía esperar tanto. Esa separación estaba acabando con él. Y sabía que, cuanto más esperara, menos receptiva iba a estar. Tenía que hacer algo. Tenía que encontrar un modo de comunicarse con ella. Inmediatamente. —Ejem, he decidido que en vez de un seminario normal, hoy les voy a dar una conferencia. Examinaré la relación entre Dante y Beatriz. En particular, lo que sucedió cuando se encontraron por segunda vez y ella lo rechazó. ___ ahogó un grito y lo miró horrorizada. —Siento tener que hacer esto —explicó en tono conciliador—, pero no me queda más remedio. Ha surgido un malentendido que debo aclarar antes de que sea demasiado tarde. —Tras cruzar la mirada con la suya durante un instante, bajó la vista hacia sus notas. Notas que, por supuesto, ya no le servían de nada. El corazón de ___ se había desbocado. «Oh, no. No se atreverá...» Tom respiró hondo y empezó a hablar: —Beatriz representa muchas cosas para Dante. Sobre todo, es su ideal de feminidad. Beatriz es hermosa, es inteligente y encantadora. Tiene todas las características que él consideraesenciales en la mujer ideal.»La primera vez que se encontraron, ambos eran muy jóvenes. Demasiado jóvenes para establecer una relación de ningún tipo. Y, en vez de enturbiar su amor con un prosaico lío de mal gusto, Dante prefirió adorarla a distancia, como muestra de respeto por su edad y falta de experiencia.»Pero el tiempo pasa y Dante se reencuentra con Beatriz. Ésta se ha convertido en una joven de talento, todavía más hermosa e inteligente. Sus sentimientos hacia ella son más fuertes, aunque esté casado. Vierte su afecto en la poesía y le escribe varios sonetos a Beatriz, pero ninguno a su esposa.»Dante no conoce a Beatriz. Apenas tienen contacto directo, pero eso no resulta ningún impedimento para que él que la adore a distancia. Cuando ella muere, a los veinticuatro años, él le rinde homenaje en sus escritos.»En La Divina Comedia, la obra más famosa de Dante, Beatriz convence a Virgilio para que éste guíe al poeta en el Infierno, ya que ella, como una de las almas redimidas, no puede salir del Paraíso para rescatarlo. Cuando Virgilio lo ha guiado hasta la salida, Beatriz se reúne con él y lo lleva a través del Purgatorio hasta llegar con él al Paraíso.»En mi charla de hoy quiero plantear la siguiente pregunta: ¿dónde estaba Beatriz y qué estuvo haciendo durante el tiempo que transcurrió entre ambos encuentros? »Dante la esperó durante años. Ella sabía dónde vivía el poeta, conocía a su familia, es más, tenía una muy buena relación con ellos. Si Dante le importaba, ¿por qué no le escribió? ¿Por qué no hizo el menor esfuerzo por ponerse en contacto con él? Creo que la respuesta es obvia: su relación era absolutamente unilateral. Beatrizera importante para Dante, pero a ella Dante no le importaba en absoluto.___ estuvo a punto de caerse de la silla.Los alumnos escuchaban con atención y tomaban abundantes notas, aunque Paul, ___ y Christa, familiarizados como estaban con la obra de Dante, encontraron poca información nueva en sus palabras. Con la excepción del último párrafo, que no tenía nada que ver con Dante Alighieri ni con Beatriz Portinari. Tom le sostuvo la mirada un instante más de lo necesario antes de volverse hacia Christa y dedicarle una sonrisa seductora. ___ enfureció. Lo estaba haciendo a propósito. Al mirarla a ella y justo después a Christa —también conocida como Gollum—, le estaba diciendo que no le costaría nada reemplazarla.«Ajá. Así que quiere jugar a los celos. Pues muy bien. Aquí te espero.»Empezó a dar golpecitos con el bolígrafo en la libreta, con la fuerza suficiente como para que resultara molesto. Cuando Tom entornó los ojos buscando la fuente del ruido y su mirada aterrizó en la mano izquierda de ___, ésta buscó la mano de Paul y le dio un apretón. Cuando su amigo la miró con una de esas sonrisa que derriten corazones, ___ le dedicó una mirada seductora y la sonrisa más dulce que logró esbozar.Un sonido, mitad tos, mitad gruñido, hizo que Paul apartara la vista de ella y se volviera hacia El Profesor, que lo estaba mirando muy enfadado. Él apartó la mano de inmediato.Con una sonrisa irónica y sin perder nunca el hilo del discurso, El Profesor se volvió para escribir en la pizarra. Más de un estudiante se quedó boquiabierto al ver lo que había escrito:En la vida real, Beatriz dejó a Dante en el Infierno porque no le dio la gana de mantener su promesa. ___ fue la última en ver lo que había escrito, porque todavía estaba enfurruñada con lo que acababa de pasar. Cuando levantó la vista, Tom estaba apoyado en la pizarra, con los brazos cruzados y una expresión triunfal y petulante en la cara.En ese momento, ella tomó una decisión: le borraría esa expresión de la cara aunque le costara la expulsión. Y lo haría inmediatamente.Levantó la mano y esperó a que él le diera permiso para hablarantes de decir: —Eso es muy arrogante, por no decir interesado, profesor. Paul le apretó el brazo. —¿Te has vuelto loca? —susurró. ___ no le hizo caso y siguió hablando: —¿Por qué culpar a Beatriz? Ella no es más que una víctima. Cuando Dante la conoció, aún no había cumplido los dieciocho años. No habrían podido estar juntos a menos que él fuera un pedófilo. ¿Nos está diciendo que el poeta era un pedófilo, profesor? Una de las alumnas ahogó una exclamación.Tom frunció el cejo. —¡Por supuesto que no! Dante sentía un afecto sincero por ella, un afecto que siguió aumentando durante su separación. Si Beatriz hubiera tenido el valor de preguntárselo, él se lo habría dicho. Sin lugar a dudas. ___ ladeó la cabeza y entornó los ojos. —Cuesta un poco de creer. Todo en la vida de Dante parece girar en torno al sexo. No es capaz de relacionarse con las mujeres de otra manera. No me lo imagino las noches de los viernes y los sábados encerrado en casa, esperando a Beatriz. Ella no debía de importarle tanto. La cara de Tom adquirió un intenso tono de rojo. Descruzó los brazos y dio un paso en dirección a ___. Paul levantó la mano tratando de distraerlo, pero él lo ignoró y avanzó un paso más. —No olvidemos que era un hombre y que necesitaba... ejem... compañía. Por si sirve de algo, en su defensa puede decirse que esas mujeres no eran más que amigas serviciales. Nada más. Su atracción por Beatriz no se vio alterada por esos encuentros. Estaba desesperado, creía que no iba a volver a verla nunca más. Por decisión de Beatriz, no suya. ___ sonrió dulcemente mientras afilaba el cuchillo. —Si eso es afecto, creo que prefiero el odio. ¿Amigas serviciales, profesor? ¿Y qué tipo de servicios le proporcionaban? No creo que puedan considerarse amigas. Creo que sería más preciso llamarlas socias pélvicas. Para mí un amigo es alguien que quiere lo mejor para la otra persona, que le desea una vida de felicidad, no alguien que se agarra a unos instantes de placer pasajero como si fuera un lascivo adicto al sexo. Vio que Tom hacía una mueca, pero siguió adelante sin amilanarse. —Todo el mundo sabe que los devaneos de Dante eran anónimos y sórdidos. Solía requerir los servicios de alguna mujer en... el mercado de la carne, si no me equivoco. Y luego las echaba de su vida de una patada. No me parece que ese tipo de hombre pudiera resultarle atractivo a Beatriz. Por no mencionar que él tenía una amante llamada Paulina. Diez pares de ojos se volvieron bruscamente hacia ella. ___ se ruborizó, pero siguió hablando, algo alterada: —Una vez leí que una estudiosa de Filadelfia había encontrado pruebas de su relación. Si Beatriz no apreciaba a Dante lo suficiente y lo rechazó más adelante, creo que no le faltaban motivos. Era un mujeriego, cruel y egoísta, que trataba a las mujeres como juguetes para divertirse. A esas alturas, tanto Paul como Christa se estaban preguntando qué le había pasado a ese seminario. Ninguno de ellos había oído hablar nunca de una experta en Dante de Filadelfia ni de una amante llamada Paulina. Ambos se prometieron que, en adelante, pasarían más tiempo en la biblioteca. Tom la fulminó con la mirada. —Creo que sé a qué estudiosa se refiere, pero no es de Filadelfia, sino de un pueblucho de Pensilvania. Y no sabe de lo que habla, así que debería ser más prudente a la hora de pronunciarse sobre esos temas. Las mejillas de ___ estaban casi en llamas. —Ésa es una objeción ad hóminem, un ataque personal. Su lugar de nacimiento no le resta ninguna credibilidad. Dante y su familia también eran originarios de un pueblucho. Aunque a él le costara admitirlo. —Yo no llamaría a la Florencia del siglo XIV un pueblucho. Y respecto a lo de la amante, esa investigación es muy chapucera. Diría más, lo que dice esa mujer es una tontería. No hay ni una sola prueba que demuestre su teoría. —Yo no lo descartaría tan radicalmente, profesor, a no ser que esté dispuesto a discutirlo en detalle. Y usted tampoco nos ha dado ninguna prueba, sólo un ataque personal —replicó ___, alzando una ceja y temblando ligeramente. Paul le apretó la mano por debajo de la mesa. —Para —le susurró, para que sólo ella pudiera oírlo—, para ya. Con la cara todavía muy roja, Tom empezó a respirar por la boca. —Si esa mujer hubiera querido conocer los auténticos sentimientos de Dante hacia Beatriz, sabía dónde encontrar la respuesta, sin necesidad de ir soltando perlas sobre cosas de las que no sabe absolutamente nada. Y haciendo que Dante y ella misma queden en ridículo. En público. Christa miró a ___ y al profesor. Allí había algo raro. Algo que se le escapaba. No sabía qué era, pero no se detendría hasta averiguarlo. Tom se volvió hacia la pizarra tratando de calmarse y escribió: Dante pensaba que había sido un sueño. —El lenguaje que Dante emplea para describir su primer encuentro tiene un carácter onírico. Por varias razones, ejem..., personales: no se fía de sus sentidos. No está seguro de quién es. De hecho, una teoría afirma que pensaba que Beatriz era un ángel. »Por lo tanto, cuando volvieron a encontrarse, ella no tenía ningún motivo para asumir que Dante recordaba su primer encuentro. Ni para echarle en cara que no lo hiciera sin darle la oportunidad de explicarse. Si pensaba que era un ángel, no podía tener ninguna esperanza de volver a verla. »Dante se lo habría explicado todo si ella no lo hubiera rechazado sin darle la posibilidad de hacerlo. Una vez más, la falta de entendimiento en este punto es culpa de ella, no de él. Christa levantó la mano y, a regañadientes, Tom le indicó que hablara. Pero ___ se le adelantó: —Discutir sobre su primer encuentro es irrelevante. Dante debió de reconocerla al verla por segunda vez, la hubiera visto en sueños o en la vida real. ¿Por qué fingió no saber quién era? —No estaba fingiendo. Le resultó familiar, pero ella había crecido, él estaba confuso y preocupado por otros asuntos —respondió apenado. —Claro, sin duda eso era lo que él se repetía por las noches para poder dormir, cuando no estaba de copas en los locales de Florencia. —___, ¿quieres dejarlo ya? —dijo Paul en voz más alta. Christa estaba a punto de decir algo también, cuando Tom levantó una mano y lo impidió: —¡Eso no tiene nada que ver! Inspiró y espiró varias veces, tratando de recuperar el control de sus emociones. Bajando el tono de voz, miró a ___ fijamente, dirigiéndose sólo a ella, sin darse cuenta de que Paul se iba moviendo imperceptiblemente para colocarse entre los dos en caso de necesidad. —¿Nunca se ha sentido sola, señorita Mitchell? —siguió diciendo—. ¿Nunca ha necesitado tanto estar con alguien que le resultara hasta doloroso? Tan sola que no le importara que la compañía que consiguiera fuera sólo carnal y temporal. A veces es imposible encontrar otra. Si ése es el caso, uno lo acepta y se siente agradecido, aun dándose cuenta de lo que es, porque no tiene otra cosa. En vez de ser tan arrogante y mojigata al juzgar el comportamiento de Dante, debería probar a ser más compasiva. Cerró la boca al darse cuenta de que había hablado más de la cuenta. ___ lo estaba observando fríamente, mientras esperaba a que siguiera. —Dante estaba torturado por el recuerdo de Beatriz. Y eso le hacía las cosas más complicadas, porque nunca conoció a otra mujer que estuviera a su altura. Ninguna era lo bastante hermosa, ni lo bastante pura. Ninguna lo hacía sentir como ella. La deseaba constantemente, pero había perdido la esperanza de encontrarla. Si Beatriz se hubiera presentado antes y le hubiera dicho quién era, él lo habría dejado todo por ella. Todo y a todos. Inmediatamente. Los ojos de Tom se clavaron en los profundos ojos castaños de ___ con desesperación. —¿Qué se suponía que debería haber hecho, señorita Mitchell? ¿Quiere iluminarnos? Beatriz lo había rechazado y a él sólo le quedaba una cosa de valor en la vida: su carrera. Cuando Beatriz lo amenazó, ¿qué otra cosa podía hacer? Tuvo que dejarla marchar. Pero fue decisión de ella, no de él. ___ sonrió con dulzura y Tom supo que estaba a punto de darle la puntilla. —Su conferencia ha sido muy clarificadora, profesor. Sólo me queda una duda. ¿Está diciendo que Paulina no fue la amante de Dante? ¿Que sólo fue un aquí te pillo, aquí te mato? Un ruido seco resonó en el aula. Todos los asistentes se quedaron boquiabiertos al darse cuenta de que el profesor Kaulitz acababa de romper en dos pedazos el rotulador de la pizarra. Mientras la tinta negra se extendía por sus dedos como una noche sin luna, los ojos se le encendieron con el brillo de una hoguera azul. «¡Joder! Esto ya pasa de castaño oscuro», pensó. Paul rodeó a ___ con un brazo al ver que El Profesor empezaba a temblar de rabia. —La clase ha terminado. A mi despacho, señorita Mitchell. ¡Ahora! Metió sus notas y cosas de cualquier manera en el maletín y salió de la sala dando un portazo.
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