Cara a Cara

1225 Words
Noemi tenía cuarenta segundos, tal vez menos. Los pasos en la escalera eran firmes y sin apuro, los de un hombre que sabía que la presa no tenía por dónde salir. Miró el cochecito, donde la bebé dormía con los puños cerrados junto a la cara, ajena a todo. Noemi no lo pensó: le echó la manta encima, empujó el cochecito fuera del cuarto y cruzó el pasillo hasta la puerta de enfrente, que golpeó tres veces, fuerte. La señora Gruber abrió en bata, con los anteojos colgándole del cuello. Era la dueña del piso, tenía setenta y tantos años y le había alquilado el cuarto sin pedirle referencias. —Por favor —susurró Noemi, mientras empujaba el cochecito hacia adentro—. Cuídemela diez minutos. Si alguien pregunta, es su nieta. —¿Mi qué? —Su nieta, señora Gruber. Diez minutos, se lo suplico. La anciana miró el cochecito, después la cara de Noemi y, sin decir nada más, se hizo a un lado. Noemi volvió corriendo a su cuarto, metió el paquete de pañales debajo de la cama, cerró la maleta abierta de una patada y se quedó de pie en medio de la habitación, tratando de que la respiración no se le notara. Los pasos se detuvieron frente a su puerta. Dos golpes secos. Noemi contó hasta tres y abrió. En las fotos de internet, Rafael Vargas sonreía, pero el hombre que tenía enfrente no. Era más alto de lo que había imaginado, llevaba un abrigo oscuro abierto sobre el traje y tenía unos ojos que la recorrieron de arriba abajo en un segundo, como si estuviera haciendo un inventario. —Noemi Aubert. Que dijera su nombre la golpeó más fuerte que cualquier amenaza, porque toda la noche había creído que era invisible. —¿Cómo me encontraste? —Las deudas siempre dejan una dirección. —Rafael ladeó la cabeza—. Para ser alguien que amenaza con la prensa, eres bastante descuidada. —No te invité a pasar —dijo ella, sin moverse de la puerta. —No te pregunté. Rafael entró rozándole el hombro y recorrió el cuarto con la mirada: la cama angosta, las dos maletas, la ropa doblada sobre una silla. Hasta que vio la ventana y se quedó quieto. Sobre el alféizar, junto a la caja de cartón, estaba la urna. Rafael no dijo nada durante un momento que a Noemi le pareció larguísimo; solo la miró, con las manos dentro de los bolsillos del abrigo. —¿Por qué no la enterraron? —preguntó, sin mirarla. —Porque enterrar a alguien en Zúrich cuesta más de lo que tengo. —Noemi cruzó los brazos—. Si quieres, te mando la cotización junto con la factura del hospital. Rafael no respondió. Sacó una mano del bolsillo, como si fuera a tocar la urna, y la volvió a guardar. —¿Viniste a ver lo que dejaste? —preguntó Noemi, mientras cerraba la puerta detrás de ella—. Ahí la tienes. Cabe en una caja de cuarenta francos. Rafael se volvió hacia ella. —Vine a ver la cara de la mujer que cree que puede sobornarme. —No quiero sobornarte. Quiero que pagues. —¿Por qué? —Dio un paso hacia ella—. ¿Qué te dijo tu hermana? ¿Que la engañé? ¿Que la abandoné? Ella sabía exactamente quién era yo esa noche. —¿Y quién eras? —Un hombre que no le prometió nada. —Ella sabía que eras un cerdo. Lo que no sabía es que ibas a seguir riéndote en fiestas mientras ella se moría. Por primera vez algo cambió en la cara de Rafael, aunque fue apenas un segundo. —¿De qué murió? —Pregúntale a tu conciencia. —Te lo estoy preguntando a ti. —Su voz bajó, más peligrosa—. ¿Seguía embarazada cuando murió? Noemi sintió la puerta de la señora Gruber a cinco metros de su espalda, como si pudiera verla a través de la pared. Nunca lo busques. Nunca dejes que él sepa que existe. —Lo perdió —dijo, mirándolo a los ojos—. Como tú querías. ¿Contento? Rafael se quedó inmóvil. Luego caminó hasta la ventana y le dio la espalda, y Noemi vio cómo sus hombros subían y bajaban una sola vez. Cuando se volvió, el abogado de las fotos había regresado. —Entonces terminemos con esto. —Sacó el teléfono del bolsillo y tocó la pantalla—. Escucha. Una voz de mujer llenó el cuarto, y era la suya. "Mañana a las nueve vas a saber cuánto vale tu silencio. Y no intentes rastrear este número. Si lo intentas, todo lo que tengo sale mañana en la prensa suiza, con tu nombre en el titular." Noemi sintió que el piso se le movía. —Todas las llamadas a mi oficina se graban —explicó Rafael, con calma—. Además, esta mañana me mandaste el precio por escrito: cuarenta y dos mil francos y una amenaza con hora. En Suiza, la extorsión puede costarte hasta diez años de cárcel, así que gracias por hacerme el trabajo tan fácil. Durante unos segundos, Noemi no encontró qué decir. Buscó el borde de la mesa con la mano y se agarró de él. —¿Y tus mensajes? —La voz le salió temblando, pero no retrocedió—. "Puedo conseguirte un médico discreto." ¿Quieres ver cuál de los dos titulares vende más? —Tú tienes una deuda, un cuarto alquilado y tu voz grabada cometiendo un delito, mientras que yo tengo el mejor bufete de Milán. —Se acercó hasta que ella tuvo que levantar la cabeza para mirarlo—. ¿De verdad quieres jugar esto conmigo? —No tengo nada que perder, Rafael. Tú sí. Se sostuvieron la mirada, y Noemi no parpadeó, aunque los ojos le ardían. Entonces él miró hacia la mesa, detrás de ella. Noemi siguió su mirada y se le heló la sangre. Había escondido los pañales y había cerrado la maleta, pero el biberón seguía ahí, junto al lavabo. Rafael lo tomó y lo levantó a la altura de los ojos. —¿Y esto? —Es de la vecina —respondió ella, demasiado rápido—. Se lo lavé esta mañana. —Qué vecina tan afortunada. Le lavas los biberones a las nueve de la mañana mientras extorsionas a un abogado. Noemi no contestó, y Rafael giró el biberón entre los dedos, despacio, antes de dejarlo otra vez sobre la mesa sin dejar de mirarla. El silencio del cuarto se volvió insoportable. Y entonces, al otro lado del pasillo, a través de la pared delgada, un bebé empezó a llorar. Rafael giró la cabeza hacia el sonido. Noemi se lanzó hacia la puerta, pero él llegó primero. Nota de autor: 😱 ¡La bebé lloró justo en el peor momento! Noemi le mintió a Rafael en la cara, pero él ya tiene el biberón y ahora escuchó el llanto... ¿Creen que Noemi va a poder sostener su mentira? ¿O Rafael está a punto de descubrir la verdad? Cuéntenmelo en los comentarios 💬. Agreguen la novela a su biblioteca 📚 y regálenme su voto ⭐ y un detallito 🎁 si este capítulo las dejó sin aire. ¡Nos leemos en el siguiente! 💕
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD