12 EL PRECIO DEL LINAJE

1006 Words
MATTEO El portón se cerró con un sonido metálico, pero yo me quedé en el balcón, viendo la silueta de Ariadna perderse bajo la lluvia, hasta que la oscuridad se la tragó por completo. Debería sentir alivio porque acababa de sacar a una traidora de mi cama, pero lo único que sentía era un agujero n***o en el pecho que amenazaba con tragarse mi cordura. El calor de su piel todavía me quemaba las manos y el sabor de su boca seguía vivo en la mía, maldita sea, ¿Cómo me arrancaba este dolor y esta desesperación del cuerpo? El don no se quiebra nunca, pero nadie nunca me enseño como mantener una mascara fría ante tal dolor. —Es lo mejor, Matteo —la voz de Don Valenti me obligó a darme la vuelta—. Una manzana podrida puede echar a perder todo el huerto. Mi hija resultó ser una decepción, pero los Valenti no rompemos nuestra palabra por el error de una mujer. Regresamos al salón, mi suegro se sirvió otra copa, moviéndose con una parsimonia que me irritaba. Yo me serví un whisky doble, necesitando que el alcohol me apagara el incendio interno. —Ariadna ya no existe para nosotros —continuó Valenti, mirándome de frente—. Pero la alianza entre Milán y Palermo es indispensable para aplastar a Sandro. Necesitamos un vínculo de sangre que no deje dudas ante los demás clanes. —El contrato se cumplió, Don Valenti —respondí, sintiendo un nudo en la garganta al pronunciar su apellido—. El matrimonio se consumó, no necesito más trámites para seguir trabajando con usted. —Te equivocas, la consumación con una traidora no vale nada ante el consejo. Necesitamos anular ese matrimonio de inmediato y para que la lealtad sea absoluta, te ofrezco a mi hija menor, Bianca. Ella es joven, dócil y entiende perfectamente cuál es su lugar. El whisky me supo amargo, Bianca. Apenas la recordaba, una niña comparada con la fuerza de la naturaleza que era Ariadna, la idea de meter a otra mujer en mi cama, de intentar repetir lo que tuve hace unas horas con la pelirroja, me revolvió el estómago. Meter a su propia hermana a mi cama me provocaba un asco y repulsión que me tuve que tragar ante la mirada penetrante de mi suegro. —No es necesario —dije, tratando de que mi voz no temblara—. No estoy de humor para otra boda mientras tengo a Sandro respirándome en la nuca. —Es indispensable, Matteo —insistió Valenti, dando un paso hacia mí—. Si no hay un vínculo de sangre real y limpio, mis hombres en el norte empezarán a dudar. No puedo apoyarte externamente si no eres parte de la familia de manera oficial, Bianca vendrá a Palermo en tres días, firmaremos la anulación y el nuevo compromiso. Te garantizo que Bianca no es una traidora y será mas facil de manejar, Ariadna siempre fue rebelde. Acepté con un simple asentimiento de cabeza, incapaz de articular palabra. El dolor agudo en mi pecho se intensificó, me sentía como si me estuvieran arrancando la piel a tiras. Valenti se retiró poco después, dejándome a solas con mi madre, que me observaba desde la sombra de la escalera. Isabella se acercó con esa elegancia silenciosa que siempre me intimidó. Me puso una mano en el hombro, justo donde la herida me punzaba. —No tienes que hacerlo, Matteo —susurró, con una suavidad que no solía usar conmigo—. No te obligues a este sacrificio si no quieres. —Es por el bien de la familia, mamá. Lo que mi padre construyó no puede caer por un capricho mío. —¿Un capricho? —ella soltó una risa triste—. Te vi la cara cuando la echaste. Casi te desmoronas frente a todos, estás enamorado de ella, aunque te mueras antes de admitirlo. —¡Es una traidora! —rugí, alejándome de ella—. ¡Las fotos no mienten! ¡El mensaje no miente! Me usó, madre. Me entregó su virginidad para que yo no viera el puñal que tenía escondido en la espalda. —¿Y si no fue ella? —Isabella me bloqueó el paso, sus ojos fijos en los míos—. Conozco a las mujeres, Matteo. Una mujer que se entrega como ella lo hizo, con ese fuego y esa vulnerabilidad, no está pensando en contratos de traición. Tengo mis dudas sobre esas pruebas, son demasiado... perfectas. —No empieces con teorías, por favor. Enzo está en el sótano, Gia va a hablar y esto se va a terminar. —Si te casas con Bianca, no habrá vuelta atrás. Vas a perder a Ariadna para siempre. ¿Estás dispuesto a vivir con ese vacío el resto de tu vida? Podemos ganar esta guerra sin los Valenti si es necesario, no tienes que sacrificar tu corazón por una corona de sangre. Me quedé callado, sus palabras me golpeaban más fuerte que un mazo. El recuerdo de Ariadna en la lancha, curándome, desafiándome, entregándose a mí en la oscuridad... todo eso gritaba que mi madre tenía razón, pero las fotos estaban ahí, la evidencia era física. —Ya tomé una decisión —dije, aunque sentía que me estaba ahogando—. La anulación se firma el viernes y Bianca viene para acá, es lo que un Don debe hacer. —Un Don también debe saber cuándo lo están engañando, hijo —Isabella me miró con lástima antes de retirarse—. Solo espero que cuando descubras la verdad, no sea demasiado tarde para recuperar lo que echaste a la calle bajo la lluvia. Me quedé solo en el salón, con el silencio de la mansión pesándome como una tumba. Miré hacia el balcón una vez más. La lluvia seguía cayendo y yo me sentía más solo que nunca en mi propio trono, el poder no sabía a gloria, sabía a traición y a una pérdida que empezaba a consumirme por dentro.
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