Lucía Cannavaro se sentía fascinada por el tamaño y la lujosa naturaleza de la habitación donde se encontraba. — ¡Mamma mia! —dijo en aquella habitación vacía—. Esto es más grande que nuestro departamento. ¿Qué le parecería a Antonio? La habitación sí era grande y representaba el gran gasto que hacía la clínica para que sus clientes estuvieran cómodas en las instalaciones. Las paredes estaban cubiertas por un papel tapiz de un tono rosa claro y blanco con un delicado diseño floral; la alfombra tenía un tono de rosa que combinaba y era tan gruesa que los pies se hundían al pisar. Había luces empotradas en las paredes pero aun así era necesario encender las luces del techo, las cuales estaban en un candelabro de metal sólido parecido a los que normalmente se encuentran en los hoteles más f

