Había pasado unos días maravillosos al lado de mi esposo, la verdad es que esto era como un sueño hecho realidad, uno que las hijas de los mafiosos no tenemos permitido, esa es la verdad. A nosotras nos educan para ser la esposa de alguien importante, influyente, uno al cual debemos amar y respetar, en pocas palabras, uno al que le debemos sumisión. Y bueno, aunque eso no haya aplicado en mi caso, la verdad es que cuando estaba pequeña eso era lo que me inculcaban. Pero a medida que crecí, mi padre vio que era mejor estratega que mi hermano, que tenía madera de mafiosa, que nunca me iba a doblegar y que mucho menos iba a aceptar casarme con alguien por beneficio. Y no le quedó más que desistir y apoyarme en mi camino de mafiosa, aunque no fue algo que hizo de buena gana, no los primeros añ

