Tomé la mano de mi esposa y la guié hasta el restaurante donde había mandado a preparar unos deliciosos mariscos. Esta nueva faceta de Ivanov no hacía más que enamorarme. Nos trajeron la comida y sonreí, porque este hombre nunca dejaría de ser controlador, pero eso ya no me molestaba, porque la verdad es que facilitaba mi vida de todas las maneras posibles. De hecho, esto me llevó a pensar que ya no recordaba quién era yo antes de él, y es que nunca había tenido un hombre que resolviera por mí. Siempre fui la inalcanzable Aleksandra Koslov, pero ahora era la niña mimada de Ivanov. Él me dio de comer en la boca y, cuando terminamos, me llevó de paseo por la isla. Entramos en muchas tiendas donde vendían artesanías y compré todo lo que deseaba llevar a casa. Después le pedí que fuéramos al

