Todos me dieron mi espacio, así que me encerré en la habitación con mi bebé, la cual estaba despierta y me observaba. No tienes idea de cuánto te amo y de lo importante que eres en mi vida, muñeca. Prometo que te buscaré siempre y te traeré aquí para que estés conmigo. Ivanov abrió la puerta. —Llegó la hora. —¿Tan rápido? Asintió con la cabeza. Me levanté con la niña en brazos y bajé para abordar un auto en donde no fuera su madre, con rumbo al hangar. Ivanov me acompañaba en el auto. —Llevará cuatro escoltas. —No, debes dejarla ir sola, porque pensará que la estoy controlando. —¿Estás seguro? —Sí. Llegamos muy rápido, o así me pareció a mí. Cuando estacionaron, yo no bajé, porque no la quería ver. Se tardaron unos minutos en subir las maletas al avión. —Hermano, debes despedir

