No, noooo. Aleksandra gr itó y cayó desmayada. Yo corrí antes de que pudiera golpearse y la subí a la habitación. —¡Traigan alcohol! Las chicas subieron el alcohol. Sus manos temblaban, estaban asustadas y era comprensible, pero las ignoré y acerqué el frasco a su nariz. Pasaron algunos segundos hasta que reaccionó y me vio. —Ivanov… no, no, no… Se encogió en la cama para alejarse de mí. —Sí, mi amor, estoy aquí. Soy yo, Maxim Ivanov. —¡Tú estás muerto, yo te sepulté! Pasé mis manos por mi rostro. —Princesa, no morí. Fingí mi muerte para atrapar al traidor y terminar con esta guerra absurda entre nosotros. Era eso o arriesgarme a que nos mataran a los dos. No podía creer lo que estaba escuchando. Él estaba vivo, aquí frente a mí, pero todo hizo clic y me levanté de la cama. Trat

