Llegué a casa y me encontré con Pavel, mi mejor amigo y hermanito de vida. —¿No te perdono? —No. —Jajaja, te lo dije, las cosas no se solucionarían tan fácil. No podías regresar de la muerte y pretender que ella te abrazara como si nada, pero ella te ama; solo debes dejar que se le pase el berrinche. —¿Todavía la odias, Pavel? —No te equivoques, Maxim. Ella me agrada, pero cuando se comporta como lo que es, una mafiosa. No tienes idea de lo fastidioso que fue ser su niñera. —Jajaja, lo entiendo, Pavel. Mi mujer no es nada fácil, pero si te dejó ver ese lado vulnerable es porque te considera parte de nuestra familia. Ahora lo más importante es que todos se enteren de que he vuelto, más fuerte que nunca, y que no dejaré pasar ninguna ofensa. —Ya me encargué de eso; sin embargo, hay al

