Travis
No puede ser.
Tengo menos de veinticuatro horas para deshacerme de esa nota antes de que mi padre se entere, pero cuando llegué a la compañía para asegurarme de que Dylan hubiera logrado convencer al editor para deshacerse de la nota, me encontré con toda la prensa de Beverly Hills esperando afuera del edificio.
Y por si fuera poco cuando llegué a mi despacho, mi secretaria me entregó un citatorio para presentarme esta semana en la corte para el reconocimiento de paternidad del hijo de Martina.
—Lo siento mucho Travis —se disculpó Dylan —esta nota ha elevado la cantidad de vistas de la página web, ni siquiera con la cantidad que les ofrecí aceptaron.
—Maldita prensa —espeté, ahora no solo tenía el problema con Martina, sino que también con la prensa.
—Señor Haider —mi secretaria entró a mi oficina.
—¿Qué quieres Sylvia? —pregunté irritado.
—Su padre solicita su presencia en su oficina inmediatamente —¡mierda! Lo que me faltaba, estoy totalmente jodido.
—Dile que iré en un minuto — Sylvia asintió y después se marchó —esto se fue a la mierda, mi reputación y ahora mi relación con mi padre.
—Tengo otra mala noticia Travis —miré a Dylan quien parecía preocupado —la cláusula de la que habló Patrick podría ser incluida en Industrias Haider, solo es cuestión de que tu padre acepte.
—Maldición —espero que mi padre no acepte esa estupidez —será mejor que vaya a verlo.
Nunca en mi vida estuve tan nervioso por enfrentar a mi padre como ahora, estaba seguro que había visto la nota y lo más probable es que esté furioso.
—Padre —abrí la puerta de su despacho con cautela —me dijeron que necesitabas verme.
—Cierra la puerta Travis —su voz era calmada y serena, esa era la primera señal que me decía que algo no iba bien —¿me puedes explicar que significa esto? —él me mostró la nota que tanto temía que viera.
No tenía palabras, simplemente dudaba que él entendiera lo que estaba pasando ¿qué iba a decirle? ¿Qué me había acostado con una mujer y ahora ella deseaba mi dinero porque supuestamente espera un hijo mío? No lo creo.
—Antes que nada, quiero que sepas que esa nota es mentira —me apresuré a decir —está bien, acepto que me acosté con ella, pero puedo asegurarte que ese niño no es mío.
—Ese no es el problema Travis —me sorprendió las palabras de mi padre, creí que estaría furioso —el problema eres tú. Eres un irresponsable que utiliza a las mujeres como objetos sexuales.
Creo que hablé demasiado pronto.
—Estoy cansado de tu incompetencia y de esa actitud arrogante.
—Padre.
—¡Cállate! —gritó, esta era la primera vez que lo veía tan enfadado —por una vez en tu vida deja de pensar en ti y toma la responsabilidad de tus actos —tensé la mandíbula ¿esto podía empeorar? —Vas a ir a ese citatorio y te harás la prueba de paternidad. Si ese niño es tuyo vas a sentar cabeza y te harás responsable.
—Si ese niño es mío voy a responder por él, pero no voy a quedarme al lado de su madre —sentencié.
Le daría mi apellido a ese niño, pero casarme no estaba en mis planes.
—Bien —aceptó —sin embargo, supongo que has escuchado de la cláusula para poder tomar el control de la empresa —mi cuerpo se tensó ante la mención de esa estúpida cláusula —Te advertí miles de veces que te alejaras de los escándalos, sabes que eso daña nuestra reputación y aquí estás, metido en una farándula que ni yo puedo arreglar. No me dejas otra opción Travis.
—¿Qué quieres decir?
—Una vez que arregles este asunto de tu supuesta paternidad, haré los trámites para que la cláusula se aplique en las Industrias Haider —maldita sea, mi padre no podía hacer esto.
—No puedes hacer esto.
—Parece que no te agrada la idea —mi padre entrelazó sus manos y las colocó sobre el escritorio de caoba que adornaba la oficina —así que podríamos llegar a un arreglo.
Claramente esto era una trampa.
—¿Qué clase de arreglo?
—Un mes —sugirió —tienes un mes para encontrar una esposa y sentar cabeza.
Guardé silencio, la cuestión aquí es o sino qué...
—¿Qué pasa si me niego? —una sonrisa ladina se formó en su boca.
—¿En verdad quieres saber?
—Sí —dije con seguridad.
—Es mi última palabra —dijo molesto —tienes un mes. Un mes para encontrar esposa o sino puedes olvidarte de tu fortuna y de tu puesto como futuro presidente de la compañía Haider.
—No puedes hacer esto —repliqué molesto.
Era oficial.
Mi padre había enloquecido.
—Ya lo hice —la burla era evidente en sus labios —despídete de tus viajes y de tu antigua vida —no podía creer que mi padre me hiciera esto ¡a mí! Su único hijo —de ahora en adelante permanecerás tiempo completo en la oficina.
No podía creerlo, ahora no solo he perdido mi libertad, sino que también tendría que encadenarme a una mujer en un mes ¡esto es el maldito infierno! Jamás he mantenido una relación más de una semana ¿qué le hace pensar a mi padre que podré mantener un matrimonio?
Me niego a aceptarlo.
Tomé mi iPhone e inmediatamente marqué el número de Dylan. No tuve que esperar demasiado porque respondió al primer timbrazo, sabía que podía contar con él.
—¡Travis! ¿Qué hay? —dijo del otro lado de la línea.
—Necesito distraerme, ya sabes a lo que me refiero —obtuve una ligera risa como respuesta.
—Claro —dijo con picardía. —¿Te parece en el club Paradise a las ocho? A Danna le fascinará verte.
—Hecho.
Salí de la oficina de mi padre, pero en cuanto abrí la puerta la madera golpeó algo. Decidí ignorarlo hasta que di el primer paso y el suelo gritó, esperen un segundo, el suelo no grita. Miré hacia abajo y me percaté que había una chica en el suelo.
Así que eso era lo que la puerta había golpeado.
—Mira por dónde vas —dije para después seguir mi camino.
[....]
Allie
Había regresado una vez más a la empresa Haider, esta vez no estaba ansiosa. Estaba aterrada, la idea de enfrentarme a Matthews Haider me ponía aún más nerviosa, así que fui sumamente cuidadosa antes de salir de mi casa. Me aseguré de ponerme mis calcetines de la suerte y de guardar mi USB en mi bolso, nada podía salir mal este día, no hoy.
Así que respiré profundamente antes de tocar la puerta de mi futuro jefe, pero algo que parecía ser una discusión me detuvo.
—No puedes hacer esto.
—Ya lo hice — respondieron.
Decidí alejarme por un momento, no quería ser atrapada espiando detrás de la puerta, así que me alejé discretamente hasta que la puerta fue abierta repentinamente provocando que cayera de bruces al suelo.
—Auch —me quejé.
Mis anteojos salieron disparados, al igual que mis documentos.
—Mira por dónde vas —dijo una gruesa voz masculina.
Alcé mi mirada para encontrarme con el pavo real de ayer, con el hombre que había estado causando tantos problemas con la presa. Era Travis Haider. ¡Ese idiota prepotente me arrojó al suelo y ni siquiera me ayudó a levantarme! No puedo creer que vaya a trabajar con ese tipo.