Capítulo 5 (Parte1)

2435 Words
ADRIAN Ariana entrecierra los ojos mientras escribe en un cuaderno a unos metros de distancia en su escritorio, completamente absorta en su tarea. Estoy sentado en mi escritorio, supuestamente para trabajar, pero mis ojos vuelven a ella una y otra vez. Si me siento justo a la derecha del centro de mi escritorio, puedo ver la oficina exterior donde ella está. El enigma de cómo la conozco me pincha como una astilla en el cerebro. Parece estar al alcance de mi mano, una y otra vez, pero siempre se me escapa en el último momento. La observo con atención mientras trabaja: la inclinación de su nariz, la curva de sus pómulos altos y hermosos. La forma en que su flequillo cae sobre sus ojos cuando inclina la cabeza hacia adelante. El destello de su cuello elegante cuando aparta el cabello hacia un lado. Tal vez solo me recuerda a alguien que conocí alguna vez. Quizás una actriz. La escuché decir a una de las señoras de la oficina que acaba de mudarse aquí desde Olympia, Washington. Nunca he estado en Olympia, así que estoy desconcertado. Podría preguntarle si nos conocemos. Sacarlo todo a la luz. Porque si en algún momento nos conocimos —demonios, tal vez incluso dormimos juntos— y soy yo quien no lo recuerda, va a ser incómodo. No saber me está matando. Miro el reloj en mi monitor. Cinco de la tarde. Hora de ir a casa. Mi mejor amigo, Ryan, vendrá a casa. Tenemos una noche de póker con los chicos. Ryan siempre llega un poco antes para que podamos ponernos al día, solo nosotros dos, antes de que llegue el resto del grupo. Pongo mi computadora en modo de suspensión y apago los monitores. Me estiro y recojo mi chaqueta del respaldo de la silla. Ariana no se inmuta ante nada de esto. Está profundamente absorta en lo que sea que esté haciendo en su escritorio. Se muerde el labio. Algo que parece hacer cuando está profundamente sumida en sus pensamientos. Es outrageously encantador. Intento odiarlo, pero no puedo. Recojo mi maletín de cuero y la pila de papeles que debo dejar en el escritorio de Ariana. Cuando me paro frente a ella, no nota mi presencia. —Me voy —digo. Me complace ver cómo se sobresalta y cómo se sonrojan sus mejillas. Gracias a Dios, al menos no tiene la boca llena de café. —Está bien —me dedica una sonrisa nerviosa. —Aquí está el papeleo para que lo archives con los documentos financieros de la cuenta Morris —extiendo los papeles para dejarlos en su escritorio, pero su mano se dispara para tomarlos. Sus dedos largos y elegantes rozan los míos. Un escalofrío eléctrico me recorre. Nuestras miradas se cruzan en un instante intensamente cargado antes de que ella tome los papeles y yo me dé la vuelta con el pulso mucho más acelerado de lo que debería. —Está bien —dice de nuevo. Me detengo probablemente un momento más de lo debido mientras trato de recomponerme. —Nos vemos mañana —digo finalmente. Ajusto la correa de mi maletín en el hombro y me dirijo a la puerta. Me detengo al llegar y miro hacia atrás. No me sorprende del todo ver que ella me está mirando. Se sonroja de nuevo y vuelve la vista a su computadora. Es ahora o nunca. No lograré convencerme de que esto es una buena idea otra vez. La miro entrecerrando los ojos. —¿Nos hemos conocido antes? —Eh —se pone aún más colorada, si es que eso es posible, y parece bastante incómoda. Mi corazón da un vuelco—. ¿Qué? ¿Por qué lo dices? —Solo me resultas familiar —digo, observándola de cerca—. Juraría que nos hemos conocido antes. —No lo creo —dice Ariana negando con la cabeza—. Quiero decir, no estoy segura. No lo creo. —Huh —bueno, eso es un alivio. O está mintiendo y está dispuesta a fingir que nunca nos hemos conocido, o estoy engañándome a mí mismo pensando que la conozco. De cualquier manera, ya no es mi problema. Puedo lavarme las manos de esto—. Bueno, entonces. Nos vemos mañana. Salgo de la oficina sin mirar atrás. El trayecto a casa en Summerlin es rápido, pero Ryan aún me gana. Está apoyado en su elegante auto deportivo color champán cuando llego al camino de entrada. —Pensé que nunca llegarías —dice Ryan con una sonrisa. Sostiene una bolsa marrón que, sin duda, está llena de licor. Tiene un gusto excelente para el whisky escocés y el whisky americano. —Sí, sí, sí —respondo. Cierro mi SUV y comienzo a caminar hacia mi puerta. Ryan cruza el césped para unirse a mí, no muy lejos—. ¿Qué traes en la bolsa? —Algo para quitar el filo —dice Ryan. —¿El filo de quién? —desbloqueo la puerta principal y la abro frente a mí. Una ráfaga de aire frío nos recibe, ofreciendo alivio del atardecer incómodamente cálido—. ¿El tuyo o el mío? —Si te hace tolerable, da igual de quién sea, ¿no? —dice Ryan. Entra en la casa detrás de mí y cierra la puerta. La casa está oscura, así que enciendo las luces mientras avanzo. —Tú eres el que necesita ser tolerado, amigo —digo. Lo conduzco hacia la cocina—. No yo. —Creo que yo y prácticamente todas las personas con las que has trabajado o salido estarían en desacuerdo —dice Ryan. Agarra la botella dentro de la bolsa marrón por el cuello y retira el papel con un ademán, revelando una botella de whisky de Kentucky de alta gama y muy codiciada. Doy un silbido bajo de aprecio y extiendo una mano. —¿Puedo? —Puedes —dice Ryan. Me entrega la botella y rodea para tomar los vasos de cristal guardados en el armario junto al refrigerador. El hielo que saca del congelador tintinea en los vasos, produciendo un sonido musical encantador que me hace la boca agua mientras estudio la botella en mis manos. —¿Te ascendieron o algo por el estilo? —pregunto, colocando la botella en la encimera con un golpe suave. —No —dice Ryan—. Solo decidí darme un capricho. Toma —extiende la mano para tomar la botella, y yo se la paso. —Y a mí de paso —cruzo los brazos y me apoyo contra la encimera mientras observo a Ryan servir una generosa cantidad en cada vaso. —Y a ti de paso —coincide Ryan. Me entrega uno de los vasos y levanta el suyo. Choco mi vaso contra el de Ryan y digo: —Salud. —Salud. —Excelente —digo, asintiendo con aprobación—. Esto es excelente. —Conseguiremos una botella aún mejor cuando consigas el ascenso en el trabajo —dice Ryan. Se acomoda en uno de los taburetes altos frente a la encimera de mármol. —Si lo consigo —digo negando con la cabeza. Mi estómago se tensa con aprensión, como suele hacer últimamente cuando pienso en el trabajo. Soy bueno en lo que hago. De hecho, uno de los mejores. Normalmente, estoy seguro de eso. Pero con el ascenso pendiendo sobre mí, estoy empezando a dudar de mí mismo. Ryan hace un sonido de disgusto. —¿Cómo que si? Eres el niño prodigio. No puedes hacer nada mal. —Quiero decir, están insinuando —digo. Hago girar el whisky en mi vaso y tomo un sorbo—. Más que insinuando. Me dijeron claramente que si consigo la cuenta de Fern, el puesto de Director de Marketing es mío. Lo cual es genial. Pero también siento de repente que estoy gafado. — Bueno, toca madera, amigo —me saluda con su vaso—. Las cosas van a salir como siempre, y pronto estarás decidiendo si gastas tu enorme bono nuevo en un viaje a Bora Bora o en un auto nuevo. —Eso espero —digo. Niego con la cabeza—. Kelly realmente me jodió al ser arrestado. Contaba con su ayuda para superar esto. Era mi mano derecha, y ahora estoy luchando para mantener todo bajo control con la cuenta más grande de mi carrera acercándose. Tengo que cumplir, o me pasarán por alto para el puesto por el que he estado trabajando sin descanso durante los últimos diez años. Y para colmo, la chica que lo reemplazó parece un desastre. —¿Una nueva asistente? —dice Ryan, levantando una ceja—. Eso fue rápido. — Sí. Probablemente demasiado rápido. —¿Qué quieres decir? —Ryan toma otro trago de whisky. —Quiero decir, me escupió café encima en el momento en que la conocí —digo. Ryan se ríe, y no para de reír hasta que se queda sin aliento y con la cara roja. No me hace gracia. —¿Te escupió? —Ryan sucumbe a otra ronda de risitas. — Sí —digo—. Me escupió. Dijo que la sorprendí —cruzo los brazos y niego con la cabeza ante el recuerdo—. ¿Va a escupir al gerente de cuentas de Fern? No puedo llevar a una persona así a reuniones conmigo y confiar en que mantenga mi vida en orden. Kelly mantenía mi vida en orden. Necesito otro Kelly, no a alguien que convertirá mi carrera en un desastre. —¿Es atractiva? —pregunta Ryan con una sonrisa. Se recuesta con el codo en el respaldo del taburete y entrelaza las manos. — Quiero decir... —me paso una mano por el cabello. Dejo escapar un suspiro exasperado—. Sí, si quieres saber la verdad. Sí. Muy atractiva. Demasiado atractiva. —¿Demasiado atractiva? —dice Ryan—. ¿Cómo es eso posible? —Trabaja para mí —frunzo el ceño—. Soy su jefe. No puedo mirarla de esa manera. Y con esta gran reunión con Fern acercándose y el ascenso en juego, no quiero ponerme en una posición que haga que la alta dirección me encuentre cuestionable. — Bueno, entonces no actúes de manera cuestionable —dice Ryan encogiéndose de hombros—. No te veo como el tipo de jefe espeluznante. —No lo soy —digo—. El punto es que es incómodo. Me siento atraído por ella. Y eso está bien, puedo guardármelo para mí. Pero lo que lo hace un problema es que estoy seguro de que ella también se siente atraída por mí. Hay una química entre nosotros. Incluso después de que me escupió café encima. —Tal vez descubriste un fetiche nuevo que no sabías que tenías —sugiere Ryan. —Oh, por favor —digo—. Qué asco. De todos modos, he estado intentando que Diane la traslade a otro lugar, pero no quiere. Ryan tamborilea los dedos contra el mármol n***o. —¿Esto es por el hecho de que te escupió o porque te preocupa que ustedes dos terminen acostándose? —Supongo que por ambas cosas —froto la parte trasera de mi cuello, intentando aliviar algo de la tensión acumulada allí. —Lo entiendo, supongo —dice Ryan—. Pero, ¿tal vez simplemente no te acuestes con ella? —Parece bastante fácil —digo—. Solo hay algo en ella. Estoy bastante seguro de que nos hemos conocido antes. Juraría que sí. Cuando le pregunté, dijo que no. O al menos, no creía que sí. Pero fue bastante incómoda al respecto. Creo que quizás nos acostamos hace mucho tiempo. Pero no estoy seguro. Si ella lo sabe, no lo está diciendo. Lo cual está bien. No necesitamos eso encima de todo lo demás. Ryan da un silbido bajo y se ríe. —Eso sería incómodo. — Sí, bueno —digo—. Supongo que solo tengo que vivir con eso. —Si la trasladaran a otro departamento, ¿saldrías con ella? —pregunta Ryan. —No lo sé —digo. Me froto la barbilla—. Realmente no quiero involucrarme con nadie. Estoy en un punto crucial de mi carrera y asumir la responsabilidad extra de una relación parece mucho. Especialmente con alguien que escupe a las personas que conoce. —Realmente estás obsesionado con lo de escupir —dice Ryan con otra sonrisa—. ¿Estás seguro de que no es algo subido de tono? —Creo que es algo subido de tono para ti —digo, haciendo una mueca a mi amigo. —Tú y Vanessa terminaron hace tres años para que pudieras enfocarte en tu carrera —dice Ryan, dejando de lado la actitud bromista—. ¿Realmente sigues en contra de las relaciones? No es que esté diciendo que deberías empezar una relación con tu asistente. —No estaba listo en ese momento —digo encogiéndome de hombros—. Y no creo que lo esté ahora. —Nunca lo sabrás hasta que lo intentes —dice Ryan. —Estoy enfocado en otras cosas. Vanessa quería demasiado de mí. Mucho más de lo que estaba dispuesto a dar. Todavía tengo toda una vida por delante para pensar en casarme o tener hijos. —Como quieras —dice Ryan. Vacía su vaso de whisky y alcanza la botella—. Pero si tuviera una chica atractiva en mi oficina que estuviera interesada en mí y la trasladaran a otro departamento, definitivamente la invitaría a salir. Las palabras “Adelante” están en la punta de mi lengua, pero las trago. La idea de él y Ariana saliendo juntos me deja un sabor amargo en el estómago. —¿Quieres decir que no tienes una chica atractiva en la oficina para salir? —pregunto, esperando desviar la conversación hacia él. Es un tipo guapo que no tiene problemas para encontrar compañía femenina. Pero, a diferencia de mí, él sí quiere establecerse. Solo que no parece tener suerte. —¿En ese infierno? —dice Ryan—. Ni una sola. El timbre suena, interrumpiendo más bromas. —Gracias a Dios. Pensé que tendría que beberme toda esta botella antes de que llegaran. Voy a abrir la puerta, pensando en la sensación que tuve al imaginar a Ariana con alguien más. Inquietante. Indeseable. No me gusta la idea de que esté con alguien más. No debería importarme. Es mi asistente. Me escupió café encima, por el amor de Dios. No debería importarme, pero me importa.
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