Era una tarde común casi como cualquier otra
Ángel se dirigía hacia el edificio donde trabajaba.
su rutina continuaba intacta, mismo horario, mismo trayecto y la misma rutina antes de comenzar la jornada laboral como cada noche.
El teléfono sonó en su bolsillo y al mirarlo, vio el mensaje de Miguel: “¿Te veré en el sitio de siempre antes de entrar, cierto?”.
Ángel no pudo evitar sonreir. Sabía que no importaba que pasará, Miguel nunca faltaba y la tradición de su encuentro diario era algo que ninguno de los dos había dejado atrás desde que comenzaron a trabajar en el mismo edificio.
—Claro, como siempre —respondió Ángel, guardando el teléfono y mientras avanzaba hacia la entrada del edificio, sus pensamientos volvían a Luna y la magia de la tarde anterior.
El café, las risas, esa conexión tan inesperada. “¿Había sido solo un impulso o realmente había algo entre ellos?” Eso le seguía rondando en su cabeza, aunque por alguna razón, no podía dejar de pensar en ella.
La noche llegó y también la hora de comenzar su ronda como de costumbre desde el primer piso, Pero cuando pasó junto al ascensor, algo detuvo su paso.
Luna estaba parada allí. Su figura estaba erguida junto a las puertas, como si hubiera estado esperándolo.
Ángel la observó, su mirada recorrió cada uno de esos detalles que lo habían cautivado el día anterior, su pelo, sus pecas, su mirada.
Estaba aún más bella de lo que recordaba en aquel café.
Su cabello rojizo parecía brillar bajo las luces del edificio, sus ojos tan profundos y cálidos, lo miraban con esa mezcla de curiosidad y algo más que él aún no podía reconocer.
su corazón dió un pequeño salto en ese momento y no podía evitarlo, Luna tenía algo que lo hacía sentirse más vivo que nunca
Se acercó a ella y en cuanto sus miradas se encontraron, la atmósfera entre ellos cambió.
No hubo palabras, no fueron necesarias en ese instante, la conexión entre ellos era evidente, casi palpable, como si el mundo se hubiera detenido solo para ellos dos.
—¡Hola campeona!—
dijo Ángel, sonriendo tímidamente.
—¡Hola campeón!—
respondió Luna, con una sonrisa que parecía iluminar todo el lugar.
Había algo en su expresión que le transmitía seguridad y al mismo tiempo, un leve nerviosismo... ambos lo sentían.
Se subieron al ascensor sin decir mucho más, él se volvió hacia Luna y le dijo con voz suave pero decidida:
¡Quiero mostrarte algo!
Luna lo miró con curiosidad, sin mostrar ninguna duda en su expresión.
¿Qué es?
preguntó, el tono juguetón en su voz.
Ángel sonrió, disfrutando de la emoción en su interior mientras presionaba el botón para el último piso del edificio. Cuando llegaron, los dos salieron del ascensor, el piso estaba mucho menos iluminado que los otros.
Ángel caminó hacia una puerta que Luna nunca había notado antes, una puerta que parecía esconderse en una esquina del pasillo, este... es mi lugar secreto le dijo mientras sacaba una tarjeta y abría la puerta.
Luna lo miró con intriga mientras pasaba por la puerta seguida por él, al otro lado, una escalera de metal llevaba hacia la azotea del edificio.
Nunca había estado aquí, pensó Luna, pero algo en Ángel le decía que este era un lugar importante para él.
Subieron juntos y una vez arriba, la vista era impresionante.
Desde allí, podían ver casi toda la ciudad extendida ante ellos, los edificios que se iluminaban en medio de la noche y el cielo que en su oscuridad dejaba ver con claridad el brillo de las estrellas.
creaban una imagen bellísima que muy pocos tal vez, pudieron contemplar
Ángel la condujo a un rincón apartado, donde la luna llena se reflejaba en el horizonte.
La luna llena, pensó Luna, nunca la había visto tan hermosa.
La luz de la luna brillaba suavemente sobre su rostro, resaltando cada una de sus pecas.
Era como si el universo hubiera puesto todo en su lugar, como si todo estuviera sucediendo en el momento perfecto.
Ángel no pudo evitar quedarse mirando a Luna, esa imagen de ella bajo la luz plateada, lo dejó sin palabras, cada detalle de su rostro parecía más brillante, más intenso, más perfecto.
El aire se sentía pesado, pero a la vez ligero, como si estuvieran flotando en un mundo solo para ellos dos, entonces, sus miradas se encontraron y por un momento, el tiempo dejo de importar.
No había necesidad de palabras.
Las emociones, los sentimientos, todo lo que había quedado sin decir, flotaba entre ellos como una corriente invisible.
Ángel pudo ver la suavidad en los ojos de Luna, y ella por su parte pudo sentir lo que él estaba sintiendo.
El corazón de Ángel latía más rápido.
No estaba seguro de qué sucedería, pero sabía que ese momento, ese lugar, era único y entonces sin pensarlo, se acercó lentamente.
Luna no retrocedió, sino que lo miró fijamente como si supiera lo que iba a pasar, la distancia entre ellos se acortó hasta que sus labios se encontraron en un beso suave, pero lleno de significado.
La luna, brillante y perfecta sobre ellos, parecía haber sido testigo de ese primer beso.
Era un beso lleno de promesas no dichas, de algo que apenas comenzaba pero que ya se sentía como algo eterno.
Los latidos de Ángel parecían resonar en sus oídos y todo lo que había sido incertidumbre hasta ese momento, de repente, se convirtió en algo claro.
¡Este era su momento!.
El beso terminó, pero las palabras seguían sobrando.
Luna permaneció cerca de él, ambos respirando profundamente como si el aire a su alrededor se hubiera transformado en algo nuevo, algo más real.
—Sabes, siempre vengo aquí cuando necesito estar solo —dijo Ángel, rompiendo el silencio, con su voz aún un poco temblorosa, pero cálida.
Luna sonrió, con su mirada aún fija en él, sin poder evitar sentirse más conectada que nunca.
—Gracias por compartir conmigo tu espacio…me alegra haber venido hoy. —Respondió, con una sonrisa que hizo que el corazón de Ángel diera otro pequeño salto.
Se quedaron allí, juntos mirando la ciudad y la luna llena, sin necesidad de hablar.
Sabían que algo importante había comenzado esa noche.
La magia estaba en el aire y ambos podían sentirla.
La luna, fue testigo de su primer beso, parecía bendecir esa nueva conexión, ese vínculo que, aunque recién comenzaba, ya se sentía como algo profundo y verdadero.