Capitulo 4: La noche que algo cambio

724 Words
Habían pasado ya casi tres años desde que Luna decidió desaparecer del pasado y reconstruirse desde cero. Tres años de paciencia, de silencios, de pasos firmes aunque temblorosos. No volvió a amar, ni quiso intentarlo. Cerró su corazón no con rabia, sino con una quietud que protegía. No era por miedo, sino supervivencia. En todo ese tiempo, Matías había dejado de existir para ella. No volvió a aparecer, no escribió, no supo nada más. y eso era justo lo que necesitaba. Cada día sin su nombre, sin su sombra, era un día más de libertad, Un día más de paz. Su vida se había estabilizado, continuaba trabajando como secretaria en el buffet de abogados. Era valorada, respetada, e incluso querida, conocía los horarios, los códigos, las rutinas. El trabajo le brindaba una estructura clara, y eso era suficiente. Allí no había sorpresas, ni gritos, ni fantasmas, también había hecho de su departamento un refugio, aquel que había conseguido con esfuerzo, en el corazón de la ciudad, con una terraza encantadora desde donde podía ver los atardeceres pintarse sobre los edificios. Lo había llenado con más plantas, más libros, aromas suaves, y detalles que hablaban de su historia sin gritarla. Lo único que seguía intacto, sin importar la distancia, era su vínculo con Valeria a pesar de que Valeria seguía viviendo en Barcelona, hablaban casi todos los días por mensajes de voz entre horarios cruzados, otras veces por video llamada hasta quedarse dormidas del otro lado de la pantalla. Se veían cuando podían. No siempre era fácil, pero cuando se encontraban, el tiempo no importaba porque eran, como siempre decian, mucho más que amigas, Hermanas de la vida. Esa noche, Luna volvió a casa después de un día largo, pero sin sobresaltos. Se quitó los tacones, se ató el cabello en un moño desprolijo y se sirvió una copa de vino tinto. Caminó hasta la terraza, encendió la guirnalda de luces cálidas que colgaban entre las macetas y se sentó en su sillón de mimbre, mientras la ciudad vibraba abajo, viva y constante, pero allí arriba, todo era quietud. Apoyó los pies en la baranda baja, cruzó las piernas, y suspiró. La copa en la mano, la luna llena sobre ella, y una calma profunda recorriéndole la espalda. Pensó en Valeria, y en lo mucho que la extrañaba esa semana, también en sí misma, en todo lo que había logrado desde aquella huida. Pensó en las veces que había sentido que no iba a poder más, y sin embargo estaba ahí,entera, de pie. No necesitaba a nadie, no en el sentido romántico. No sentía esa urgencia porque había aprendido a amarse a sí misma con lentitud, con errores, con paciencia y por ahora, eso le bastaba. Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, en un pequeño bar escondido entre calles tranquilas, dos amigos levantaban sus vasos de cerveza en un brindis sin ocasión. Miguel y Ángel…Eran amigos desde hacía años, compañeros de historias, de decisiones impulsivas y de largas conversaciones.Esa noche no era especial en apariencia, solo era una reunión más o al menos eso creían. El bar era cálido, con luces tenues, música suave y mesas de madera gastadas por el tiempo. Afuera, la ciudad seguía su curso mientras que adentro, el aire olía a cebada, madera y planes por inventar. —¿Y entonces? —preguntó Ángel, dando un sorbo—. ¿Seguimos con esto? Miguel se quedó en silencio, girando el vaso entre los dedos. —Creo que sí —respondió finalmente—. Pero no solos. Ángel asintió. Su mirada se perdió un instante en el fondo del vaso, como si ahí pudiera ver el futuro que aún no habían definido pues algo en esa conversación, en esa noche sin fecha, sin urgencia, iba a cambiarlo todo. Lo que no sabían era que ese momento, tan casual como una charla entre cervezas frías, sería el inicio de una aventura que, con el tiempo, uniría sus vidas con las de dos mujeres que aún no conocían: Luna y Valeria. Mientras tanto, en su terraza, Luna alzaba la vista y se encontraba con la luna redonda, brillante, suspendida como una promesa. Sin saberlo, sin buscarlo, algo en su vida estaba a punto de cambiar y no tendría nada que ver con el pasado. Pero eso, por ahora, no es necesario contarlo.
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