Camila Llamé a Mel en cuanto llegué a casa, no sé por qué motivo estaba segura de que me entendería mejor que Anabel, mi amiga se estaba comenzando a portar muy extraña y esperaba que el hecho de tener novio no la cambiara al punto de perderla. Le expliqué a Mel que odiaba la comida que nos daban en el casino y casi todas las tardes estaríamos en su casa, por lo que no dudó en darme autorización de usar su cocina para lo que estimara, reí mucho cuando aseguró que, si mi comida era del gusto de Tom, mantendría la alacena bien surtida. El plan estaba comenzando a tomar forma en mi cabeza, ni siquiera me había quitado el uniforme, recostada sobre mi cama soñaba con todas las situaciones en que podría estar junto a David. Estaba segura de que no funcionarían, él nunca me miraría del modo qu

