Camila No tuvimos momento de continuar hablando hasta el almuerzo; había extrañado a Betty, ella era tranquila y sabía escuchar, pero su modo de ser me permitía pensar demasiado y no siempre era lo que deseaba, Anabel, al contrario, no daba tregua a mi mente con su eterna cháchara. Los chicos nos esperaban un poco alejados de las miradas, apoyados en el vehículo de Erik, sonreían felices. —¿Cómo estuvo el primer día? —Bien —Erik me tomó la mano besando mi mejilla de un modo bastante sugerente, obviamente me ruboricé hasta las orejas y él se sentía muy feliz de provocar eso en mí—, Pablo me llamó, hoy comenzarán la mudanza así que te quiere allá. —Nosotros podemos ayudar —acotó Jer levantando la mano de Anabel. —Tú, ¿irás? —puse la mano en su pecho subiéndola suavemente hasta el cuell

