Camila Continuábamos de pie en el vestíbulo, enfrentándonos con la mirada y todo fue muy rápido, Tom le dio su abrazo de oso a David, interfiriendo nuestra visual y solo entonces pude reaccionar. —Te he extrañado tanto, amigo —rugió. —Suéltame, imbécil, si no quieres una patada en las bolas —su voz, aunque furiosa, era suave, como un terciopelo y mis ojos se llenaron de lágrimas, sentí la mano de Anabel en mi brazo insistiendo en caminar, pero la voz de Tom nos detuvo. —Camila, puedes hacerle compañía a Erik, dile a los chicos que entren, Anabel, tú te quedas, debemos hablar sobre mi casa. —Pero yo… —Anabel dudaba. —Recuerda, eres la novia de Jer y hermanita de Mel, lo que es de la familia, se habla en familia. Me sorprendió la seriedad en sus palabras, como si se hubiese quitado la

