Volviéndose loco

2127 Words
Theo Mis ojos se mantienen fijos en la puerta, había tenido que fingir que miraba los papeles solo para apartar mis ojos de ella, es que no comprendía nada de lo que pasaba. Me había quedado mirando a mi secretaria más de lo normal, algo que no podía hacer. Primero, era acoso. Segundo, era Emma, nunca había mirado a Emma de esa manera. Tercero, ella tenía un hijo. Supongo que ahí recae todo el problema principal. Acababa de tener la conversación más extraña de mi vida, porque había hablado con un niño y es raro, porque jamás hablo con ellos, más bien les huyo. Sabía que algunas veces los empleados traían a sus hijos, no me molestaba, pero no salía de mi lugar de trabajo, incluso fingía que no sabía, todo porque me gustaba ver como Emma se las ingeniaba para evitar que me enterara. Sabía que resolvía más cosas de las que decía, incluso hacía trabajo que le correspondía al vicepresidente. Cuando alguno de los empleados estaba enfermo, enviaba canastas de mercadería a mi nombre, lo sé, porque me habían agradecido algunas veces cuando me veían o por mensaje. Me había preocupado que lo hiciese de su sueldo, pero no, ella usaba esa base de emergencias y casos extraordinarios que dejábamos para empleados. Todos los meses se depositaba una plata, es lo que recaudábamos para los sorteos de fin de año. Emma se encargaba de los premios y siempre eran grandiosos. La pantalla me comenzó a sonar, los socios se encontraban en este momento llamando para nuestra reunión. Esta que no figuraba en la agenda. Toqué la pantalla, mis labios se curvaron al ver los rostros de todos, llevaban trajes, estaban en sus oficinas, cada uno de ellos ahora me observaba con curiosidad. — Señor Hamilton. Esperé dos segundos y James apareció en la pantalla, su gesto se contrajo un poco, pero volvió a la normalidad en segundos. Se mantuvo serio y junté mis manos. — Caballeros, la charla de hoy será breve, tengo una reunión que no puedo cancelar. Definitivamente había perdido un tornillo, ahora estaba cambiando reuniones y cosas importantes para pasar tiempo con un chico de casi once años. Aunque en mi defensa parecía un adulto, uno que me había dejado con un centenar de preguntas en mi cabeza. ¿Cómo podía alguien ser tan fascinante? No sabía que tenía Oliver, pero aquel pequeño genio puso mi cabeza a trabajar y ahora no solo sentía curiosidad con respecto a él, sino que observé a mi secretaria de manera poco profesional. Joder, yo no hago esas cosas, no con ella, es Emma. — Theo —parpadeé. Todos me miran preocupados, me había distraído en mis pensamientos, algo que no era bueno, no si teníamos en cuenta que era por pensar en las personas del otro lado de la puerta. — Lo siento —carraspeé —, los convoqué para hablar de la vicepresidencia, como saben, se acerca la fecha de jubilación —no iba a entrar en detalles —, ustedes hablaron de quién lo ocuparía, quiero proponer a la señorita Wood, ella no lo sabe, será una sorpresa si están de acuerdo. Observé como James subía sus cejas, no confiaba en muchas personas, Emma se quedaba a cargo de todo cuando me iba, aunque mi amigo dijera que trabajaba. Era grande, estaba cansado y ya su mente no funcionaba bien. — No quiero que me respondan ahora, solo piensen —movieron el rostro —, por supuesto la señorita Wood no debe enterarse de su respuesta, en la próxima reunión lo hablamos, si lo confirman, se hará —los observé —, espero que su respuesta sea positiva, pueden retirarse si lo desean —observé mi reloj. — Así de rápido —habló uno. — Simple, no tenemos tiempo, creo que está capacitada, no creo que haya alguien mejor para el puesto, hace el trabajo sin ser la vicepresidenta y lo saben —afirmaron. — Yo no tengo que pensarlo, ella soluciona todo —habló Wilson —, es un sí —sonrió —, buenos días caballeros. Cortó la llamada y observé al resto. Solo afirmaron con la cabeza antes de cortar la llamada, James se quedó conmigo en silencio solo observaba la pantalla. — ¿Por qué tanto secreto? —subí mis hombros. — No hay secreto, lo estaba pensando, solo lo hago oficial —ladeo el rostro. — ¿Solo eso? —afirmé. — Además, creo que le pagamos mal, hace más trabajo y cobra menos —juntó sus manos —, necesita cambiar a su hijo de escuela —aunque ese no era el problema, lo pagaría yo. — ¿Desde cuándo te importa? — ¿Qué cosa? —lo miré sin comprender —, siempre me han importado mis empleados. — ¿Cómo se llama su hijo? — Oliver —respondí — ¿Cómo…? —sonríe engreído —¿Desde cuándo te interesa un niño? Esa era una pregunta que no podía responder en este momento, al menos no con todos los detalles que él quería. — No jodas, Theo —negó y lo miré. — ¿Qué te ocurre? — Eres mi mejor amigo, pero como juegues con esa mujer, te golpeo. — ¿Qué te pasa? James se había vuelto completamente loco, no entendía a que se refería o por qué actuaba de esa manera. Solo los estaba ayudando, como ella me ayudaba a mí. — Mira, no sé por qué te sabes eso, pero tiene un hijo, ahí es serio, porque te disparo —me apuntó. — ¿No es un delito? —arqueo una ceja. — ¿En serio me lo preguntas? Claramente él sabía que lo era, pero no íbamos a entrar en esos detalles, no tenía sentido, íbamos a pelear sin sentido. — Claramente sabes los delitos que cometes —sonrió. — Créeme lo sé, eso no cambia que vaya a pasar —me apuntó —, contrólate. Puse los ojos en blanco y le corté la llamada. Mis ojos se quedaron fijos en la pantalla y luego fueron a la puerta. No me interesaba mi secretaria, eso no era así. No obstante, por alguna extraña razón —que aún desconozco —invité a mi secretaria y su hijo, aquel pequeño lleno de preguntas incómodas, a comer conmigo. No era algo que hiciera a menudo, comer con mis empleados, mucho menos con niños, pero estaba por hacerlo con mi Emma. Habíamos comido antes juntos cuando había reuniones laborales, pero ahora esto era diferente. Joder, nunca me gustaron los niños. Eran ruidosos, inquietos y necesitaban tiempo, por eso mismo no los tenía, ni los frecuentaba, tampoco solía pasar tiempo con mi asistente, no más allá de un almuerzo de negocios y solo hablábamos de eso, negocios. ¿Qué se supone que les diría? No podía preguntarle por los balances, tampoco cosas de trabajo, aunque algo me decía que el pequeño inquieto respondería. Sabía que Emma tenía un hijo, lo había comentado en algunas oportunidades, sobre todo cuando planeaba algún viaje de negocios, esos que me llevaban días fuera del país. Era ese momento dónde yo olvidaba por completo que tenía vida fuera de estas paredes y le pedía que me asistiera. Estaba idiota de categoría. Tomé aire y busqué el número de teléfono que quería, ese que me llevaría con la persona adecuada. Esperé que atendieran y sonreí cuando la voz de una mujer llegó. — Colegio Newton, habla la señora Johnson ¿Con quién tengo el gusto de hablar? — Buenos días, Theo Hamilton —la línea se quedó en silencio —, quisiera hablar con la señora Camille Lombard. — Buenos días, señor Hamilton, en un momento lo comunico. Sonreí y observé por el ventanal de la empresa, mis ojos estaban fijos en el paisaje, esperando a que la mujer avisara de mi llamada. — Señor Hamilton —la voz de la mujer llegó —, debo admitir que estoy gratamente sorprendida por su llamada. El tono coqueto de su voz no me pasó desapercibido, pero necesitaba ser encantador con la mujer si quería conseguir un cupo en ese colegio. — Qué bueno que sea agradable —sonreí —¸ señora Lombard —carraspeé —, llamo para molestarla. — Usted no podría hacer eso —bien, eso era bueno. — Me alegra escuchar eso, porque quiero pedirle un favor —silencio —, necesito que inscriba a un chico en su colegio. De nuevo la línea se mantuvo en silencio, esperé paciente a que dijera algo, pero parecía dispuesta a mantener el silencio. — Señor Hamilton, nuestro colegio acepta gente de la alta sociedad, pero solo en menor medida, el programa es para chicos con un grado de… —titubeó un poco —, se espera que sean grandiosos. — Lo es —simplifiqué —, tiene un coeficiente de ciento ochenta, declarado por médicos, el chico es una luz —sonreí —, se aburre en clases, lo que lleva a que digan que es rebelde, pero le aseguro que solo es algo incomprendido. Yo no sabía si era en verdad eso, pero viendo a Emma y todos los colores que adquirió por sus preguntas estaba seguro de que Oliver no era malo, solo inquieto. Dudaba seriamente que se metiese en problemas. — Si ese es el caso, creo que podemos hacer una excepción —apreté el puño y festejé —, tal vez hablar antes, mientras le muestran la instalación, necesitaremos que firme papeles y en lo posible que me envíe toda la documentación del menor —sonreí. — Le agradezco mucho Camille, sepa que las tiendas siempre están a su disposición con un gran descuento —las ayudas se recompensaban. — Se lo agradezco señor Hamilton —volví a girar para mirar la puerta —, los espero mañana a primera hora, solo dígame sus nombres para avisar. — Oliver Fournier y Emma Wood, su madre —otra vez silencio. — Perfecto, puede estar tranquilo que seremos reservados. No me interesaba que lo fuera, no tenía nada que ocultar ni tampoco creía que esto fuese la gran cosa, solo los acompañaría para asegurarme que era lo que querían y nada más. No obstante, le agradecí antes de cortar la llamada. — Bien, eso fue fácil —seguí con la mirada en el teléfono. Los niños no me gustan, nada de ellos, ni siquiera tenerlos al lado e iba a meterme en un colegio para llevar al hijo de mi secretaría a una nueva escuela. «¿Qué me pasa?» creo que me estoy volviendo loco, es la única cosa que se me ocurre en este momento. Me asombra mi pequeño arrebato. — Demencia, quizás eso —paso la mano por mi rostro. Oliver es todo lo contrario a un niño, entonces, él no cuenta como uno, si por edad, pero no por personalidad, apostaría mi sueldo a que a él le molestaba tanto como a mí. — Solo tenemos algo en común y disfruto su carácter, es solo eso. Por lo poco que hemos hablado me di cuenta de que no era como los demás, tiene una personalidad que se me hace de lo más interesante. Es prepotente, ingenioso, desinhibido y maneja el sarcasmo a la perfección. Lo que me hacía preguntar si era algo de su capacidad intelectual o de su padre. Emma no era así, ella se veía tranquila, siempre era amorosa con todos y bastante atenta con la mayoría de los empleados. Pasé la mano por mi rostro, simplemente lo restregué frustrado. No tenía idea de lo que me pasaba, tampoco por qué pensaba en nuestro almuerzo. Observé los papeles, solo hice eso por un largo rato hasta que me pareció que dejé pasar el tiempo suficiente para salir. Tomé mi saco, acomodé mi ropa un poco y fui directo a ellos. Claramente no esperaba que Oliver estuviera estudiando, pensé que jugaría algunos de esos juegos en línea que eran para chicos de su edad. — ¿De verdad? Una hamburguesa, ese no parecía ser el mejor almuerzo del mundo, pero era más informal, lo que dejaba el asunto como algo banal, pasajero. Era una buena forma de que mi secretaria me dejara de ver como si fuese alguien que acaba de perder la cabeza. — Nosotros tenemos un día de comida chatarra. Intento, trato por todos los medios de no mirar a Emma, porque no corresponde, porque no debo hacer cosas como esas, pero no puedo, por lo que mis ojos van a ella y hacen la única pregunta que me resulta fácil ahora. — ¿Sí? Lo malo de no saber controlarse es que mi secretaria ahora esta incómoda, pero aquello no tiene lógica, la mujer está conservada, tiene el cuerpo intacto.
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