Capítulo 28
El sol afuera estaba tan brillante, sus rayos iluminando cualquier cosa lucían alegres, pero desde adentro no me parecía igual. Mi momento de valentía se había ido en cuanto salí del despacho del hombre, mis ojos contenían las lágrimas, tenía miedo, estaba asustada y lo peor es que estaba sola. Estaba sola en esto, no puedo hacer nada, no puedo avisar a JungKook y mis padres... ¡Dios! Si papá no se hubiese dejado llevar por ese dinero...
Él sólo quiso pagar mis estudios, quiso sacarle provecho al restaurante y ahora entendía porque estaba tan lleno cuando regresé. Incluso el local se había manchado por un tipo corrupto, enfermo y...
¿Cómo JungKookie pudo soportarlo? ¿Cómo logró hacer todo eso? Me abracé a mí misma sintiéndome tan pequeña e indefensa, necesitaba al chico conmigo, necesitaba sentir sus brazos rodeándome, necesitaba tenerlo conmigo y...por primera vez me doy cuenta de lo mucho que necesito a JungKook para sentirme bien. Estoy acostumbrada a él y lo quiero, lo quiero junto a mí ahora. Sentí un nudo en la garganta, pero tuve que enderezarme al escuchar la puerta.
— Esto es para ti, necesitarás usarlo esta noche.
Giré sobre mis talones caminando a la cama donde NamJoon había dejado una caja. La miré y luego a él, sonrió dulcemente dejándome ver sus hoyuelos.
— Ustedes se veían muy cómodos en esa foto—confesé. Frunció el ceño sin entender—JungKook tiene una foto de ustedes en su departamento y...yo creí que se apoyaban mutuamente, no pensé que Jin...
— Él no es malo—colocó su mano en mi hombro.
— Claro que sí, Nam—mi voz flaqueó. Quería llorar—Él le entregó información sobre mí a gente que no debía, tú lo apoyaste, ustedes engañaron a los chicos y yo...—mi cabeza explotó. Estaba doliendo mucho.
— Te traeré algo de comer, estás muy pálida.
— No quiero nada de comer, quiero volver a casa, quiero mi vida de vuelta, yo...—suspiré sentándome en la cama—Nunca debí llamar a JungKook esa noche—NamJoon se mantuvo en silencio—Supongo que una vez que entras no hay salida y supongo que debí esperar lo peor al venir aquí—bufé—Ya no sé quién es más ingenuo, ¿Mi padre o yo?
— ¿Quieres que te cuente algo sobre SeokJin? —tomó asiento a mi lado.
— Si vas a defenderlo no lo hagas.
— No lo haré, sólo te diré la verdad—admitió. Negué con la cabeza mirando el suelo de la habitación—SeokJin no ayudó al padre de JungKook por voluntad propia, ese hombre lo amenazó.
— ¿A qué te refieres? —volteé mi cabeza mirándolo.
— Ese hombre sabía lo que hacíamos en Seúl, él contactó a Jin, sabe que necesita dinero para ayudar a su madre...
— El dinero ni siquiera es problema para ustedes—bufé.
— Sé porque lo dices y déjame decirte que Jin es el único que no participa en ello—ante mi silencio prosiguió—Él se encarga de la información, nosotros trabajamos y lo ayudamos en parte, SeokJin estudia con la esperanza de ser mejor en eso de computadoras.
— Pero...
— Su madre no está muy bien de salud, Ella, ella necesita medicinas—explicó—No lo odies porque no es malo, él hace lo que cree que está bien.
— Creí que le tenía envidia a JungKook.
— La tiene, detesta que él sea un niño rico al igual que Jimin.
— ¿Por qué no lo ayudan con su madre? —susurré.
— Porque según él, eso no es nuestra responsabilidad, ya le ha dicho a su madre que no acepte nada de nosotros—suspiró. Se veía muy decaído de repente, casi arrepentido—Jin quiere hacerlo por sí mismo, a veces las personas recurren a medidas arriesgadas por la desesperación, Jin odia el mundo porque cree que está en su contra, pero no es así.
Mi cabeza dolió de nuevo, llevé mis manos a ella suspirando. Estos días habían sido muy estresantes.
— ¿Y qué me dices de ti? ¿Estás amenazado?
— No, sólo estoy aquí por Jin, nunca lo he dejado solo, lo quiero mucho.
— Nam, debes sacarme de aquí.
— No puedo.
— Si puedes, por favor...—supliqué tomando su mano—Escucha, sé que JungKook los perdonará por...
— No nos perdonará, mucho menos si se trata de ti—se levantó. Intenté detenerlo, pero me quedé inmóvil al escucharlo—Tienes que estar aquí, cuando te vayas con ellos Jin recogerá su parte y podremos irnos.
Miré mi reflejo en el espejo sintiéndome incómoda, durante el día, una de las chicas de servicio me había traído algo de comer, pero incluso si tenía hambre me prohibí hacerlo. No confiaba en nadie de esta casa, la caja que Nam había traído tenía un vestido rojo color sangre, se pegaba a mi cuerpo dejando a la vista una linda figura, la falda era muy corta, llegaba casi a medio muslo, si caminaba debía asegurarme de no mostrar de más. Los tacones rojos con una piedra en medio me parecían muy escandaloso, en mi estómago tuve una punzada, ¿Quiénes iban a venir esa noche? Mi cabello lo dejé suelto sin tomarme molestia en arreglarlo, me sentía tan...desnuda. Si JungKook hubiera estado allí la situación hubiera sido diferente, claramente el chico deslizaría la cremallera de mi espalda, besaría mi cuello mientras su mano libre acariciaría mi cintura. De nuevo contuve las lágrimas sin poder creer lo mucho que lo necesitaba.
Unos toques a la puerta me hicieron mirar asustada.
— Señorita Kim, el señor Jeon la necesita en el salón.
Caminé con mis manos aferradas a la falda del vestido, me costaba caminar, no quería mostrar de más. Ese vestido de tirantes no era de mi agrado, seguí a la chica de servicio al salón del cual se escuchaban risas y voces, era el salón donde JungKook y yo habíamos hablado la última vez que vine a su casa. Luché con el nudo en mi garganta, la herida en mi pierna había sido curada por Jin, ya no sangraba, pero si la tocaba dolía, el chico había estado en silencio mientras me curaba y me pregunté si eso mismo hacía con su madre.
La puerta se abrió, las miradas de varios hombres que estaban alrededor del piano me miraron. La madre de JungKook conversaba tranquilamente con otra mujer, se me hacía conocida, tenía unas mejillas muy redondas casi como... ¿Acaso...?
— ¡Oh! ¡Aquí está! Ella, ven aquí—llamó el señor Jeon al verme. Tragué con dificultad caminando lentamente, al estar cerca me tensé cuando tomó mi muñeca obligándome girar sobre mis talones para que esos hombres tuvieran una mejor apreciación, miré al suelo sin poder evitarlo—Es una preciosura, créanme que sí, sólo miren esto.
— No lo sé, Jeon, luce muy tímida—dijo uno y los demás rieron.
— A mí me parece perfecta—sentí asco por ese comentario. Claro, estaba ofreciéndome al que mejor le pareciera.
— ¿Cómo te llamas, nena?
Me negué a responder. Sentí el apretón del señor Jeon en mi muñeca advirtiéndome, mordí mi labio temblando casi. Quería llorar, j***r, necesitaba llorar.
— Ella, ¿Cierto? —miré a la mujer que había estado hablando con la otra cuando entré. Sonrió y sus ojos desaparecieron—Eres muy bonita Ella.
— Lo es, es una hermosura, amiga.
— ¿Qué tanto ofreces, Jeon?
— Quiero saber que tanto ofrecerían ustedes.
Había comenzado a temblar y esa mujer lo notó. Dejó la copa de vino que había estado bebiendo, tomó mi mano alejándome de ellos unos instantes y tomamos asiento junto a la ventana como había hecho con JungKook cuando vine aquí. Sus ojos oscuros me miraban con cariño, su cabello oscuro iba ondulado y vestía con ropa de marca. Sus manos eran suaves además de pequeñas, inconscientemente pensé en Jimin.
— Tranquila, nena, sé que estás asustada.
¿Y si lo sabía por qué estaba allí apoyando a esos hombres? Acarició mi espalda colocando algunos mechones de mi cabello detrás de mi oreja. El padre de JungKook reía con esos hombres quienes hablaban de dólares y dólares. La señora Jeon no quitaba sus ojos de nosotras, nos veía atentamente como si no quisiera perderse nada, ellas dos eran las únicas mujeres allí.
— Ah, estos hombres nunca aprenden, son unos idiotas, ¿No crees? —escuché decir a la señora junto a mí—Nunca entendí a mi esposo, pero aquí estamos, seguimos juntos después de tanto, mis dos hijos suelen ser como él y odio eso. Las mujeres siempre han tenido una debilidad por ellos—de nuevo noté una sonrisa en sus labios— ¿Tienes hermanos, Ella?
Negué con la cabeza abrazándome a mí misma. Esa mujer me hablaba como si mi presencia allí no se debiera a un negocio sucio. Ella era agradable, pero...aterradora al mismo tiempo, me recordaba a Jimin con toda esa actitud y presencia.
— Oh, siempre quise tener una niña—dijo con nostalgia acariciando mi cabello—Siempre quise comprar vestidos, enseñarle a maquillarse, aconsejarle como una buena madre...pero supongo que me correspondía convivir con hombres—rodeó los ojos— ¿Sabes mucho de hombres, Ella? —contuve mis lágrimas pensando en JungKook. No pensaba como ella, pero...ni siquiera sabía que pensar, aquella mujer me rodeó con su brazo frotando mi brazo—Tranquila, él está bien—susurró—No está solo, ellos están bien.
— ¿Qué...?
— Eres una amiga muy importante para mi hijo, no dejaremos que nada te pase, confía en nosotros, ¿Sí?
Algo parecido a alivio y sorpresa me recorrieron. Esa mujer era la madre de Jimin.