5: Besos italianos

1554 Words
Podía ver la cara de limón agrio que Leonardo tenía, bueno, con eso había logrado mi objetivo y ahora solo quedaba retirarme de ahí. —¿A dónde crees que vas? —Él se interpuso en mi camino —¿De qué viejo multimillonario estás hablando? Exijo una explicación. —Al parecer ustedes, los hombres han venido con ese chip metido en la cabeza de “exijo una explicación” cuando no son absolutamente nada en la vida de la otra persona. Tú no eres quién para pedirme explicaciones de nada, ahora quiero que te apartes de mi camino y me dejes ir a mi cuarto. El viaje estuvo insoportable y todo por culpa de un idiota que se sentó a mi lado… oh… es cierto, ese idiota eras tú. Lo aparté de un codazo y me fui con el botones del hotel. El elevador estaba por cerrarse justo en el momento que Arthur llegaba. —¡Detén ese elevador, te lo ordeno! —Ups, no llegaste a tiempo —dije cuando las puertas del ascensor se cerraron en las narices de Arthur —que gracioso escucharlo maldecir, ¿No crees? El botones me sonreía de manera incómoda, pude escuchar las maldiciones de Arthur que eran como melodía para mis oídos. Finalmente, llegamos al Penthouse que se me había designado y miré qué tendría vecinos en caso de que se ocupara la otra habitación. —Ten —le di una propina al botones —te agradezco por tu atención. —Para servirle, señorita De la Garza —él alzó el dinero y lo guardó en su bolsillo —si necesita algo, no dude en pedirlo. El botones se fue y decidí tomar una ducha, me desnudé en mi cuarto. Estaba por irme a la bañera que se encontraba a unos pasos de mi cama y la puerta se abrió abruptamente. —¡En este momento me dices quién demonios es ese viejo asqueroso que te…! Arthur se quedó de piedra cuando me miró desnuda, mi rostro era uno de sorpresa que rápidamente se convirtió en uno de rabia total. —¡Sal de aquí, gran pervertido! Comencé a arrojarle cualquier cosa que tuviera a la mano, incluso mi maleta. Vaya que el entrenamiento con Elena había funcionado de las mil maravillas. —¡Degenerado! Eres un puerco, ¡No entres a mi cuarto nunca más! Arthur salió corriendo y sentí como mi corazón estaba a punto de salirse del pecho, caminé a la bañera y no supe cómo fue que llegué. Lo que sí me di cuenta fue cuando me sumergí profundamente en el agua, solo quería olvidar lo sucedido y simplemente relajarme. —¡Dios! —Salí del agua y tomé una bocanada de aire —por querer olvidar por poco me voy donde San Pedro sin boleto de regreso. Me di un baño relajante y cuando salí del agua pude sentir mi piel suave. Miré la hora y supe que era momento de ir a preparar todo lo que pensaba decir en el seminario. —Servicio a la habitación —toc, toc sonó la puerta. —¡Voy! Había pedido algo para comer en el cuarto, no tenía ánimos de encontrarme con el idiota pervertido de Arthur. Abrí la puerta y el mesero llegó con el carrito. —Aquí tiene, señorita De la Garza. Después de que le di una propina generosa, fui a comer. Mientras comía, escribía en la laptop lo más resumido posible, puesto que no quería saturar de información que ni siquiera veían en el campo. Comencé a cabecear y sin sentirlo me quedé dormida, solo quería cerrar un momento los ojos, eso era todo. Perspectiva de la autora. Cuando Leane se despertó y miró la hora, dio un brinco de la cama y salió a toda prisa del cuarto. Arthur, que venía saliendo de su Penthouse, la miró e intentó detenerla; sin embargo, aquella mujer no le dio oportunidad alguna. —Por un demonio —él maldijo y dio una patada al aire —quién demonios será ese viejo que le está pagando a Leane todos sus gastos, no lo sé, pero pienso averiguarlo. Él le marcó a su asistente personal pidiendo que buscara información de Leane y quién estaba pagando su estadía en Las Vegas. —Quiero que averigües todo lo relacionado con Leane De la Garza y el motivo por el cual se encuentra aquí en Las Vegas. “Muy bien, señor Reed. Una vez que tenga la información que me solicita se la haré saber de inmediato.” —Muy bien, espero que te des prisa. Estoy que me arranco los pelos por saber el viejo degenerado que está patrocinando a Leane, le daré una lección qué jamás va a olvidar. Leane llegó al sitio acordado y muchas personas la esperaban, cuando ella subió al estrado fue aplaudida. —Muchas gracias —habló una vez que le colocaron su micrófono —supongo que todos ustedes saben que soy Leane De la Garza, aprendiz del señor Rivera y graduada con honores. Bueno, hoy les hablaré de unas cuantas cosas que se miran en el ramo y unos cuantos consejos. Leane se comenzó a desenvolver con una gracia que hipnotizaba a los presentes, cada uno de ellos anotaba en diferentes cosas que habían llevado para tomar notas e incluso algunos llevaban grabadoras para no perderse ni una sola sílaba de aquella mujer. Mientras tanto, Arthur. Había llegado a una sala de negocios y ahí se encontraban varios hombres reunidos que comentaban de ventas y números. —Creo que no hay que temer, es una excelente inversión que nos puede dejar jugosas ganancias a futuro —Arthur miró que su celular sonaba —disculpen un momento, tengo que atender esta llamada. Arthur le respondió a su asistente, quien le dio la información de lo que Leane estaba haciendo ese día en Las Vegas. “Ella se encuentra para dar un seminario, los gastos están siendo solventados por la universidad que escogió y la petición vino por parte del director. Le digo que no hay otros intereses aquí. La señorita De la Garza es sumamente conocida por ser la aprendiz del maestro Rivera, que es una eminencia en la rama de la cosmetología y también por haberse graduado con honores de la universidad.” —Ya veo, muy bien; te lo agradezco y si acaso llego a necesitar otra cosa voy a decirte. Arthur sintió una emoción al saber que Leane no estaba ahí por los motivos que había imaginado, pero también se enojó al saber que ella le había pinchado con total intención. —Bueno, caballeros —Arthur entró a la sala con otro semblante —quiero saber qué es lo que han decidido hacer. —Vamos a invertir y a firmar el contrato, confiaremos en su criterio. Él cerró el negocio y decidió ir a brindar con aquellos hombres lo que había logrado, a pesar de que todos los presentes bebían alcohol, Arthur bebía una limonada normal. —Bueno, eso es todo —Leane se detuvo y cruzó sus manos con elegancia —ahora, en caso de que tengan dudas acerca de todo lo que les he dicho aquí, siéntanse libres de preguntar lo que deseen. Los estudiantes resolvieron sus dudas y después de que el seminario finalizó, Leane se fue a su habitación. Ahí llamó a Elena diciéndole de Arthur y lo que había pasado. “Nos dimos cuenta cuando él le dijo a Charlene que se iba de viaje de negocios a Las Vegas. Te intentamos avisar, pero fue imposible hacerlo porque traías el celular apagado y ya después pensamos en que al final se iban a encontrar.” —¡Viajamos juntos! No tienes idea la pesadilla que es ese hombre, te juro que estoy a punto de retorcerle el pescuezo como si fuera una gallina. “Bueno, mi consejo es que no maltrates al que puede ser tu esposo. Nunca se saben las vueltas que la vida da y creo que el mejor ejemplo soy yo.” —Lo tuyo es completamente diferente, tu esposo al menos fue sincero y no mintió ni siquiera con tu nombre. “Pero era una bestia a la hora de tratarme, eso lo sabemos. De igual manera no estamos hablando de mi desastrosa relación con Leonardo, sino de ti. Sabes bien que Arthur es un tanto considerado, el mejor ejemplo es que cerró la cafetería donde te agredieron y eso habla bien de él.” —Mejor ni sigo hablando contigo porque evidentemente estás del lado de Arthur, iré a beber y ya mañana me voy de regreso a mi vida agitada que amo. Leane se puso un vestido corto y su cabello lo arregló de manera desordenada. Las puertas del elevador estaban por cerrar cuando una mano amplía las detuvo. —En serio que es un fastidio que quedamos en el mismo piso —ella vio entrar a Arthur —al menos ya mañana me largo de aquí. —¿Adónde vas vestida de esa manera? —Él la quedó viendo de pies a cabeza —no puedo creer que quieras llamar la atención masculina. —¿Y qué si la quiero llamar? No soy tu mujer y créeme, aunque lo fuera, nada me va a detener de usar lo que se me venga en gana…
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