Arthur movió su cabeza de un lado al otro, él llevó su mano a su frente y quiso decirle al hombre que llamara a la policía, pero las manos de Leane lo detuvieron. —Ve, no puedes dejarla así. No tengo problemas con esa herida. —No, no voy a ir —él la tomó de la mano —vamos a ir, no quiero que Lorena se vaya a hacer ideas equivocadas con esto. Claro, si tú quieres acompañarme. —Vamos, no te dejaré solo. Ellos se fueron a la planta baja, ahí se encontraba Lorena desangrándose y con una gran cortada en el brazo. Cuando Leane miró esto movió su cabeza de un lado al otro. —En serio que hay que estar demente para hacer esa clase de cosas, deberías buscar ayuda psicológica. —¡No te metas en este asunto! Además, no es a ti a quien quiero ver, sino a Arthur. ¡Largo de aquí! —Si ella se va, y

