30: Dulces extraños

1646 Words

Arthur dejó a la pareja de rodillas y se fue en dirección a la señora Adelaida, la tensión en el aire era tan palpable que se podía cortar con un cuchillo. —Tía abuela Adelaida —Arthur sacó una caja de seda salvaje —esto es de parte de mi esposa y mía. —Oh, solo la caja me dice que es algo muy costoso —ella la tomó con cuidado y agradeció a Arthur —vamos a ver qué es lo que mis sobrinos me han obsequiado en mi cumpleaños número 60. —90, tía abuela Adelaida, son 90. —Papa, patata. Lo importante es que me siento de 60 y eso es lo que cuenta. Cuando la señora Adelaida abrió la caja se encontró con una pulsera doble llena de diamantes, ella al ver el presente sonrió con nostalgia y acarició dicha prenda. —¿Sabes? Mi esposo me obsequió una pulsera bastante similar el día que nos comprome

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