Aquellas mujeres vieron a Leane con total indiferencia y un tanto de desdén. Cuando Elena miró esto, intentó acercarse, pero la señora Adelaida la detuvo. —No te preocupes, que tengo un plan y créeme que va a ser muy entretenido. —¿Qué planea hacer, señora Adelaida? La sonrisa de la anciana fue muy amplia y hubo cierto brillo en su mirada. Leane por su parte, quería ignorar a esas mujeres y buscaba entre la multitud. —Prima, ¿Qué tanto buscas? No me digas que andas modo cacería y te has fijado en alguno de los meseros que la tía abuela Adelaida contrato. Bueno, supongo que debes de estar desesperada, es decir, ya estás bastante vieja y el tren está por dejarte. —Así es, es una lástima que el dinero no traiga la felicidad —agregó otra mujer —¿Verdad, primita? —Solo las personas que no

