Cuando Arthur entró al agua, Leane se le lanzó encima como si fuera un cocodrilo cazando a un ciervo. Ella lo empujó hasta el borde de piedra que tenía la presa y ahí abrió sus piernas rodeándolo con la cintura. —Leane, ¿Qué crees que haces? —él se asustó cuando sintió que ella bajaba su ropa interior —¡No, aquí no! Alguien puede vernos. —Vamos, te quiero tener aquí —ella miró a Macario —¡Vigila por si alguien viene! Si ves algo sospechoso, solo me avisas. Macario comprendió y terminó por irse. Cuando Leane logró estar a solas con Arthur, ella comenzó a masajear el m*****o de su marido, que pronto estuvo erecto. —Cariño, sabes bien que adoro estar contigo. Pero no tengo nada de protección y aún no tengo un método de planificación definitivo. —Solo me tomó una pastilla para el día sigu

