Cuando Arthur llegó a la bóveda, miró la imponente puerta abierta y al poner un pie dentro de este sitio fue que se encontró a Leane hecha una bolita y ella no dejaba de apretar la pulsera. —Leane… Cuando él la detuvo, ella se lanzó hacia sus brazos. Aquel hombre se cayó, pero la abrazó muy fuerte mientras trataba de calmarla con pequeños masajes en su espalda. —Shhh, ya, no llores. Creo que deberíamos irnos de aquí. —Arthur, necesito recordar todo aquello que perdí. Sé bien que tú eres el hombre que amo y no deseo estar con nadie más que contigo, pero también quiero recuperar la vida que tuvimos antes de mi accidente del cual estoy segura, no me han dicho toda la verdad. —Mejor vámonos de aquí, hay que irnos de vuelta al país del que salimos. Un helicóptero nos está esperando. Leane

