¿Qué tan dura puede ser la caída si no llevas un paracaídas?
Dicen que el golpe de verdad puede doler, seguramente sí, duele demasiado.
Así que, si lo pensaba mucho, quizá sí, no era la misma persona que él conoció, pero… A estas alturas, ¿Quién aún lo era?
CAPÍTULO 5
SABRINA
—Debes de estar jugando, ¿No? —, Me animé a decir velozmente, él negó —, ¡Vamos! Ni siquiera me toleras, ¿No es suficiente sufrimiento tener que verme en la disquera?
—Tranquilízate, no dormirás conmigo —, Dijo con desdén, cómo si lo que me acabará de pedir, no hubiera sido nada. Cómo si no me hubiera dicho absolutamente nada —, Además, funcionará mejor, las historias de nosotros viviendo juntos, hará que parezca más real.
—Yo tengo mi casa, además… Mi gato, lo odias —, Le señalé, el encogió sus hombros —, Tienes un enorme perro, y…
—Necesito que pares de hablar, es una orden, y hasta donde yo recuerdo, soy tu jefe por el tiempo que dure el contrato —, Me frenó. Tenía razón, solté un sonido quejumbroso, para recargar mi cabeza en el asiento —, No seas dramática, cientos de chicas quieren vivir conmigo. Cientos de chicas matarían por estar en tu lugar.
Y lo sabía, sabía que tenía razón que muchas personas querían estar en mi lugar, pero no por el momento. Si eran muchas personas las que querían aún a Erick, pero no suficientes, muchas tenían aquel enojo atorado en la garganta, por el hecho de que habrían visto lo que habría hecho Erick y ella, relamí mis labios.
Durante todo el camino, me quedé callada, quería preguntarle cuando sería el momento en el que tendría que ir a mudarme a su casa, lo habría pensado demasiado y no parecía que eso fuera mucho para él, no parecía ni siquiera importarle, eso me molestaba, ¿Cómo es que las cosas que a mi me afectaban a él le daban igual? ¿Era eso que yo le daba absolutamente igual?
La pantalla de mi celular se encendió un par de veces, demostrándome un par de notificaciones, le miré con atención, estaba por tomarlo, hasta que Erick, sin mirarme logró tomar el celular, colocándolo en su chaqueta.
—¡Hey! Eso es mío —, Le dije con las cejas ligeramente fruncidas —, ¿Por qué tomaste mi celular?
—Por dos razones, la primera es que ya no quiero escucharte llorar —, Pauso por un par de segundos —, Es decir, no me importa si lloras, pero no tolero tener que verlo.
Que lindo.
Pero, eso también lo sabía, siempre que recordaba esas cosas mis cejas se fruncían, desde niños yo siempre habría pensado que él era una persona bastante cruel, recuerdo la primera vez que me encontró llorando y a su modo intento calmarme, después escuche que dijo “Ay dios, no escucho sus lloriqueos, ¿Por qué lo hace todo el tiempo?”, me preguntaba lo mismo, pero no era algo que podría controlarlo, es decir, las personas lloran todo el tiempo, ¿Qué más le daba si yo lloraba?
—Ajá, sí. Eso ya lo sé, siempre has sido tan tierno —, Le dije con desdén recargando mi cabeza en el cristal de la ventana —, ¿Cuál es la segunda?
—Una historia de i********:, que seguramente, amarás de ver, pero quiero que pase un poco más de tiempo, que más personas lo vean —, Se mofó.
Apenas llegamos a su casa, me di cuenta que durante todo este tiempo, él no se habría comportado de un modo completamente cruel, es decir, lo habría sido, pero… No tan hiriente.
Apenas bajamos, lo primero que paso y nos adentramos a su casa, su perro, Frank, corrió hacía mí, amaba a los perros, y Frank era demasiado grande, antes de poder reaccionar, este saltó hacía mí, logrando hacer que me tambaleara y las manos de Erick se colocaran en mi cintura, ayudándome a estabilizarme.
—Quieto, Frank —, Le ordenó, a lo que el obedeció.
Sin embargo, las manos de Erick, no se habrían apartado de mi cintura, mis ojos se encontraban completamente abiertos a par, ligeramente confundidos.
—Eh… Erick, ya puedes soltarme —, Le dije, a lo que el me soltó lentamente —, Gracias por evitar que me cayera…
—Sí —, Dijo fríamente, camino un poco y se detuvo después de un par de segundos, para girarse en mi dirección —, Mira, Sabrina, se que esto no te gusta, solo quiero hacer que esto sea bueno, tanto para ti como para mí, necesito salvar mi carrera, y tu necesitas dinero, puedes hacer las cosas que te pida, ¿No es así?
—Sí —, Asentí, apartando la mirada.
Me sentí patética, ¿Por qué estaba simpatizando con él? ¿Por qué dentro de mi simpatizaba de ese modo?
—Ahora, podemos escribir esa canción, ¿Qué tan difícil puede ser? Ambos escribimos nuestras letras, podemos escribir algo —, Le dije, jugando con mis manos detrás de mi espalda.
Terminamos caminando a donde se encontraba su estudio, miraba con atención el lugar, no solía venir mucho a la casa de Erick, pero si había venido un par de veces, en esas ocasiones, solía evitar mirar, puesto que me hacía sentir cómo si fuera una entrometida, ¿Ahora yo viviría aquí? ¿Eso no era muy apresurado? Es decir, parecía cómo si inclusive para esta relación falsa, todas y cada una de las cosas que pasaran fueran forzadas.
—¿Por qué estás tan callada? —, Me preguntó él, le miré.
—No lo estoy, solo… Si no hablamos ambos, sería raro que hablara sola, ¿No lo crees? —, Le dije después de un par de segundos, soltó una risa seca —, Así que…
—Ya eres bastante rara, por si sola —, Me dijo a lo que yo rodé los ojos —, Lo hiciste de nuevo.
—El que —, Le pregunté, me miró con un poco de frustración —, Erick, te prometo que a veces me confundes.
Soltó una risa seca, para mirarme con una mueca.
—No me gusta que me ruedes los ojos, que seas grosera —, Me señalo a lo que fruncí la nariz —, Así que, por favor, no lo hagas.
—Bien —, Alargue con cansancio.
El abrió la puerta de su estudio, y ambos entramos, el lugar se miraba cómodo y tenía bastantes instrumentos.
—Toma asiento —, Me dijo, miré hacía donde se encontraba Erick.
—¿Te han roto el corazón? —, Pregunté, el me miró con atención —, ¿Te has enamorado de verdad alguna vez?
—Todas las personas se han enamorado alguna vez Sabrina —, Dijo tomando una guitarra, dejándola en mis manos —, ¿Qué no?
—Pues… Sí, pero no lo entiendo, ¿Cómo es que sigues? ¿Cómo es que curas un corazón roto?
—Simplemente sigues adelante, nadie muere de amor Sabrina —, Dijo, tomando otra guitarra —, No se muere de amor.
—Ya, entiendo —, Dije después de un par de segundos, para comenzar a tocar un par de acordes —, ¿Tiene que ser de amor?
Él termino por encoger sus hombros.
Pasamos la mayor parte de la noche intentando que saliera una canción, Ares se quedó dormido en el sofá, yo miraba esa hoja de papel, miraba lo que habría sido aquel papel, Erick no me entregaba mi celular, se habría dormido y no sabía en donde se habría quedado mi celular, entro una de las chicas que ayudaba a Erick y me miro con tranquilidad.
—¿No duermes? —, Pregunto, tomando la basura que tenía Erick cerca de él.
—Tengo en mi cabeza aquella idea de que quiero terminarle —, Dije, a lo que ella asintió.
—Entonces, ¿Quieres un café? —, Preguntó, asentí.
—Te lo agradecería, un café simple, solo con una de azúcar, por favor.
Ella asintió, después de un par de minutos ella volvió con mi café entre sus manos, me quedé pensando demasiado en esas cosas, miré en ocasiones a Erick, hasta que se levantó y dijo que debería irme a dormir, le dije que no tardaría, me indico una habitación y él salió de mi campo de visión.
Así que…
FLASHBACK
—¡Eres un tonto! —, Le dije agachándome, para tomar los libros que Erick y sus amigos me tiraron de mis manos —, ¡Tarado!
—No se porque aun te sigue sorprendiendo, a diario te hace maldades y a diario te sigues enojando, ¿Qué es lo que esperabas?
—¿Por qué tiene que ser de ese modo? Se supone que somos amigos, o bueno… Nos conocemos desde que éramos unos niños, ¿Por qué tiene que ser tan cruel conmigo?
Erick miró de reojo en mi dirección.
—Toma—, Dijo un chico, tomando los libros que me habría tirado Erick, le miré con atención, para levantarnos casi al mismo tiempo.
—Soy Pablo.
—Soy Sabrina.
FIN DEL FLASHBACK
Por alguna razón no podía recordar con claridad cuando fue que deje de sentir cosas por Erick y comencé a sentirlas por Pablo, supongo que mientras tenía que estar mirando por sobre mi hombro, para ver las acciones de Erick y esperar que la siguiente acción de él no me hiriera, podía ser con Pablo yo, una persona completamente tranquila, una que se sintiera en completa paz, sin tener que dudar por si quiera un solo segundo las cosas o la persona que era, supongo, que de cierto modo, era lo que me gustaba de estar con Pablo, pero, siempre me habrían fustado más las personas salvajes.
Durante toda la noche bebí tanto café que estaba esperando solo el segundo en el que me comenzará a temblar el cuerpo, me enderecé y seguí tocando un par de acordes.
La amistad inexistente con Erick siempre estuvo ahí, siempre nos llevábamos mal, siempre podía verle por encima de mi hombro esperando que algo cambiará, per nunca lo hacía, peleábamos constantemente todo el tiempo, haciendo que las cosas que vivíamos no fueran un problema.
Podía recordar cómo es que a Erick comenzaba a agradarle poco menos que nada con el paso del tiempo Pablo, parecían ser enemigos desde que nacieron, siempre se llevaban peor que nada, no podía entenderlo, por más que lo intentará.
Después, con el paso del tiempo, las cosas empeoraron, parecían perros y gatos.
—“Pero siempre llegó aquí, me gustan los chicos salvajes y él es uno de ellos”
Apenas lo escribí pensé, él me había elegido frente a los medios por el modo en el que yo era una chica buena, ¿Lo era? Claro que no, era simplemente que mi modo de vestir era bastante “dulce” pero era, porque siempre pasaba los días con Zoé, quería ser algo bueno que ella pudiera ver, alguien con quien ella pudiera estar.
Estuve escribiendo un par de hojas por toda la noche, hasta que un par de ellas me hacían sentir un poco más convencida de ello, me quedé dormida en el escritorio.
Por alguna razón, estar con Erick me resultaba bastante incómodo, por el hecho de que yo podía recordar cada uno de los momentos que habríamos pasado, podía recordar cada cosa que habría sucedido en mi vida cuando estaba junto a él, nunca se había sentido del todo bien.
Podía recordar cómo me jalaba el cabello, tiraba mis cosas y en algunas ocasiones me avergonzaba frente a los demás, cuando estábamos con nuestras madres el podía ser el ser más dulce y tierno, pero yo sabía quien era él, Erick Parker, era un cabrán hp que no tardaría ni un segundo en tirarme hacía las hienas de ser necesario.
Cuando desperté, estaba en un cuarto de invitados, me quedé mirando hacía todas partes, pero no quería salir así sin más, sentía que podía ser incómodo, pero no lo ´se. No podía ver la hora, porque Erick se habría quedado con mi celular, me levanté y caminé hacía la ventana, abriendo ligeramente la cortina, mirando hacía afuera, los rayos de sol se incrustaron en mi piel, por un par de segundos pensé, podía vivir una vida tranquila.
¿No? Solo tenía que dejarme llevar.
Caminé hacía la puerta y le abrí, me preguntaba cómo es que habría llegado a la habitación, ni siquiera recuerdo haberme dormido por completo, quizá si me recosté en el escritorio, pero… ¿Cerré los ojos?
Mientras bajaba aquellas elegantes escaleras de caracol, miré las paredes, algunas tenían fotografías, ¿Por qué tendría que ser la novia falsa de una persona? De un modo, no quería pensar en ello, si él lo habría decidido seguramente fue por algo.
Apenas llegué abajo, noté a la chica que me habría entregado el café.
—Buenos días, ¿Has visto a Erick? —, Pregunté, recargándome en la pared, ella sonrió.
—¿Buenos días? Pero si son las tres de la tarde—, Se mofó a lo que mis ojos se abrieron a par—, Él señor Parker dijo que Greg te llevará por tus cosas, que puedes tomarte el día libre.
—Pero…
—Ah, y dijo otra cosa, pero eso no lo quiero decir—, Dijo con una mueca, para girarse hacía en donde se encontraba la estufa—, Es muy…
—Anda, dilo.
—Qué roncas… Ah, y que eres una cursi boba—, Dijo con las mejillas enrojecidas, las mías se enrojecieron aún más—, Lo siento.
—Sí, no importa—, Le dije a lo que me sonrió con tranquilidad—, ¿Frank y yo podemos salir al jardín?
—Anda. Necesitas un descanso, yo no te miré dormir ayer—, dijo a lo que asentí, quería saber si era posible.
Frank y yo salimos a donde se encontraba el jardín, me di cuenta que el día de ayer había soltado la lluvia, en el estudio no lo habría podido llegar a escuchar, me senté en el pasto y comencé a jugar con Frank, este se llenó de lodo y yo igual, abrí los ojos a par.
—Erick me va a matar—, Susurré, mientras que pasaba mis manos por la cabellera de Frank—, ¿Qué se supone que haga?
Le pedí a Cristi el jabón de el perro, para bañarlo, ella insistió en que podía ser bañado por alguien del personal, pero me negué, comencé a bañarlo en la bañera de arriba, mientras que el agua caía por encima de mi cuerpo ante las sacudidas que hacía Frank, limpiar un desastre llegaba a ser uno más grande.
—Debí ir primero por mi ropa—, Le dije a Frank quien ladró—, ¿Crees que subirme así en uno de los asientos del coche de Erick le enfadé?
Me causaría gracia que se enfadaría, pero no, seguí bañándole y fue cuando Erick se adentró en la habitación, sus ojos me miraron con demasiada sorpresa, parecía conmocionado.
—Ah… ¿Pasaste a tu casa por tus cosas? —, Preguntó mirando hacía el techo, fruncí la nariz, el carraspeo su garganta—, Ah…
—No, pensaba ir un poco más tarde, pero jugué con Frank y se llenó de lodo, bueno, ambos lo hicimos—, Bromeo, el asintió sin verme—, ¿Estás enojado?
—Sabrina, puedes… ¿Ponerte algo antes de salir de la habitación? —, Su tono… No era incómodo, miré de nuevo hacía él, notando una creciente erección, fruncí las cejas y miré mi ropa.
—Mierda—, Susurré, notando cómo mi ropa se habría pegado por completo, dejando a la vista mi ropa interior.
—Sabrina—, Me reprendió, rodé los ojos, para mirar de nuevo hacía mi ropa.
—No puedo, no traje mi ropa—, Dije girándome hacía con Frank—, Lo arreglaré.
—Yo… Tenía que hablar contigo, pero… ¿Puedes ir abajo cuando termines? Te mandaré algo con Cristi para que te vistas.
—Sí, gracias—, Susurré.
Después de terminar de bañar a Frank, me duche y coloque la camisa que me habría traído Cristi, la camiseta me llegaba por encima de las rodillas, Erick era un poco—mucho más alto que yo—así que era demasiado… Larga.
Terminé por bajar las escaleras un par de minutos después, notando que Erick se encontraba sentado en el comedor tallando su cabeza, relamí mis labios.
—De verdad, lo siento por el desastre, ya lo limpié.
—Lo sé, no me molesta que jugarás con Frank y supongo que siempre con la diversión puede venir el desastre, así que no te preocupes.
—Entiendo—, Dije, sentándome junto a él—, ¿De que es lo que querías hablar conmigo Erick?
—Te desvelaste escribiendo la canción—, Señaló, asentí ligeramente—, La lleve a la disquera, le harán unos retoques, para que sea del estilo de ambos, pero les gusto, al igual que a mí.
Le sonreí ligeramente, esperaba que le gustará, porque de verdad pase la mayor parte del tiempo.
—Esta bien, la hiciste bastante bien, pero… ¿Cómo es que escribiste cosas de amor con el corazón roto?
Me quedé pensando.
—¿Por qué lo preguntas de ese modo?
—Parecía, cómo si alguna vez hubieras estado enamorada de mí, gracioso, ¿No? —, Dijo con un poco de tranquilidad—, Así que, pareciera que nuestro noviazgo…
—Somos perfectos mentirosos, ¿Qué no? —, Le interrumpí con las mejillas enrojecidas.
¿Cómo decirle que alguna vez estuve enamorada de él?